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Capítulo #8 "El Esper Que Me Amó"


Capítulo 8

Esper Oculto



—¡Incidente concluido! —Se comunicó con voz neutra y uniforme. —Atención, el incidente de Gwanghwamun ha concluido.


En la frecuencia sintonizada salió el mensaje de radio anunciando el fin del incidente. Solo después de 1 hora y 40 minutos de haber entrado, el caso del robo al banco concluyó.


—¡Aquellos que estén heridos, por favor diríjanse a la tienda de la izquierda para recibir tratamiento! —Dirigió el instructor. —¡Y aquellos que necesiten guía, muévanse a la derecha!


Afuera del banco había más ajetreo que antes. Mucha gente corría para limpiar el desastre, y el olor a quemado y el humo que salía del edificio también calaban en la nariz.


No había rastro de los rehenes, probablemente ya estaban siendo transportados en ambulancia, y los atracadores armados estaban siendo arrastrados a un vehículo de transporte de prisioneros. 


Las luces intermitentes y las sirenas hacían que aquello pareciera la escena final de una película de acción. “Se acabó.” Cha Eunseok, recién salido del edificio, se estiró y giró su cuello rígido.


—Disculpe, Esper Cha Eunseok. —Lo interrumpió alguien, de inmediato. 


Un oficial se acercó y, pidiendo su comprensión, señaló el reloj de pulsera de Eunseok. 


—¡Necesito comprobar su nivel de longitud de onda!


Eunseok extendió su brazo izquierdo y el hombre, con una tabla transparente bajo el brazo, comprobó meticulosamente el número mostrado. Estaba registrando los niveles de longitud de onda de todos los Espers.


Tras confirmar el número "45" en el reloj de Cha Eunseok, el miembro del personal señaló la tienda de la derecha.


—Se ha instalado una sala de guía temporal a la derecha. —Indicó el oficial.—Debe ir allí ahora mismo.


—Está bien.—Eunseok intentó persuadirlo.—La recibiré más tarde.


—El entrenamiento no termina hasta que confirmemos que sus niveles han disminuido. —Continuó el oficial con un tono firme.—Por favor, reciba la guía e informe de la lectura final.


Con una mirada que sugería que nunca había visto a un Esper rechazar una guía, el oficial señaló la tienda de nuevo. Eunseok suspiró suavemente. 


No le gustaba especialmente la guía, y él mismo podía bajar su longitud de onda. Había muchas razones, pero a veces era más fácil cumplir que ofrecer explicaciones largas. Como ahora.


Eunseok asintió y, se dirigió hacia la tienda donde los Guías esperaban. Suprimió lentamente sus longitudes de onda mientras caminaba.


 “Solo mataré algo de tiempo y saldré”. Al llegar a la sala de guía temporal, Eunseok levantó la solapa de la tienda e inmediatamente se arrepintió.


—¡Oh! —Exclamaron al unísono. —¡¡Hyung!!


Los chicos que habían desaparecido tras salir del banco estaban todos reunidos aquí. “Como si los Espers hicieran otra cosa que buscar guía justo después de terminar”. Eunseok, casi rodó los ojos con solo pensarlo.  “Aunque sean jóvenes, todos son iguales”. 


Uno estaba aferrado a la mano de un Guía, quejándose por atención, mientras que otro se había quitado la camisa y puesto las manos del Guía directamente sobre su pecho desnudo. 


Había pensado que solo eran niños, pero algunos de ellos parecían incluso más corpulentos que Eunseok. Sin embargo, ante la aparición de Cha Eunseok, todos abandonaron sus sesiones de guía y salieron corriendo. Dohyun incluso se colgó de la cintura de Eunseok.


Los jóvenes, pegándose más de lo necesario, emitían un olor agrio a sudor. Eunseok hizo una mueca e intentó apartarse. Pero con sus brazos, cintura y espalda cautivos, incluso quitárselos de encima no era fácil.


—Oigan, suéltenme. —Se quejó Eunseok, con una media sonrisa. —Vaya, de verdad huelen fatal…


—Hyung, ¿estás bien?—Preguntó Minjae, preocupado. 


—¿Viniste a que te guiaran?—Preguntó Woo Geonwoo. 


—¡Aquí hay un sitio! ¡¡Guía!! ¡Aquí!– Gritó Dohyun. —¡Por favor, venga aquí!


Los chicos obligaron a Eunseok a tumbarse en una cama médica mientras seguían sujetando sus extremidades. Era como si estuviera bajo arresto... Incluso le rodearon como para evitar su huida. 


Un Guía, convocado apresuradamente por el clamor de los Espers, se sentó junto a Eunseok, realizó una prueba rápida de compatibilidad y se preparó. El cuidado semiforzado comenzó con sus manos entrelazadas.


—Creo que hoy estuvimos bastante increíbles.—Comentó Sungjoo. 


—Hyung, el líder del Equipo 3 me felicitó.—Reveló Minjae. 


—¡Ojalá pudieramos estar todos en un mismo equipo!—Susurró Dohyun.


Quizás sentían un sentido de camaradería. Los chicos estaban aún más pegajosos que antes.


¿Ah, sí? Sí, eso estaría bien, ¿verdad? Aunque no conmigo.—Respondió Eunseok apropiadamente a su parloteo. 


Eunseok tenía hambre porque no había almorzado y su cuerpo estaba cansado. “Váyanse ya, todos. Por favor, váyanse…” Eunseok agitó su mano libre, intentando espantarlos. “Estos mocosos, actúan como si ni siquiera me vieran en momentos como este”. 


—Creo que ya puede parar, gracias.—Indicó Eunseok, impaciente. 


—¡Oh! Espere…—Dijo el Guía, desconcertado. —¡Esper!


“¡Si no te gusta el templo, que se vaya el monje!” Eunseok interrumpió la guía y se puso de pie. 


El Guía, sobresaltado al sentir su mano liberada, se levantó también, pero el Esper ya estaba fuera de la cama. Era el Guía, no Eunseok, quien parecía insatisfecho con la interrupción. Mientras el Guía apretaba y abría la mano, un compañero que pasaba por allí le preguntó si estaba bien.


—¿Qué pasa?—Le preguntó otro Guía. 


—No, esa persona... su longitud de onda es como una roca.—El Guía negó con la cabeza sin comprender del todo. —Apretada, como si estuviera empaquetada.


—¿No está bien mientras la lectura no sea alta?—Intentó calmarlo su compañero con una media sonrisa. 


—Sí, es cierto, pero…


El Guía lo miró con preocupación, pero Cha Eunseok ya había salido de la tienda. Como el Flautista de Hamelín, se había llevado a todos los Espers novatos con él.


Eunseok se dirigió a la sala de situación para devolver la bodycam  de su hombro. Al ser el lugar más concurrido, la gente entraba y salía constantemente. La tela de la entrada había sido retirada para facilitar el acceso, permitiendo una vista clara del interior. 


Al entrar para buscar al líder Kang Jiho, Eunseok se quedó helado por la sorpresa. Sus ojos parpadearon como los de un conejo al ver a una persona inesperada, y su expresión sorprendida se suavizó rápidamente en una sonrisa gentil.


“Vaya, dijiste que no podías venir, pero aquí estás.” Pensó Eunseok, sintiéndose de pronto más animado.  Al ver que Moon Seungwon estaba esperándolo dentro de la tienda. 


A diferencia de alguien que acababa de terminar de organizar una escena, lucía impecable de pies a cabeza. Con la corbata perfectamente ajustada, un traje impecable sin una sola arruga y zapatos que brillaban con suavidad, se veía pulcro y elegante, sin un solo fallo.


Incongruente con el entorno caótico y sucio, el hombre permanecía de pie con una postura noble, observando fijamente a Cha Eunseok mientras este entraba. Aunque otros no lo notarían, su rostro, antes frío como el hielo y distante, se suavizó apenas.


Los Espers que venían detrás, al ver a Moon Seungwon, soltaron un grito ahogado y casi se desplomaron por la impresión. Para un extraño, la reacción podría parecer exagerada, pero para los chicos, él era un ídolo y un modelo a seguir. Era la primera vez que veían en persona al legendario Esper de clase S.


—¿Viniste a buscarme?—Preguntó Eunseok con una media sonrisa de lado, entre la seriedad de su mirada y la picardía de su voz. 


—Pensé que esperarías obedientemente.—Le respondió Moon Seungwon con tono firme. 


Los chicos parecieron aún más impactados al ver a Cha Eunseok conversando de manera casual, incluso afectuosa, con Moon Seungwon. Eunseok reflexionó un momento. 


¿Debería explicar esto? No. Se enterarán tarde o temprano”. Había mucha gente que podría explicarlo en su nombre si alguien preguntaba.


“Adiós, hoy fue divertido.” Se despidió Eunseok para sus adentros sin decirlo en voz alta. “No sé si nos volveremos a ver, pero vivan bien”.


Tras devolver la cámara corporal, Cha Eunseok ofreció unas palabras de sabiduría y despedida a los chicos y salió de la tienda sin mirar atrás, caminando a la par de Moon Seungwon. 


—Líder. —Inquirió con voz suave, llevando sus manos detrás de la espalda. —¿ya almorzó?


—Todavía no.


“Bien. Tengo hambre, así que debería sugerir algo para comer.” Ideó a Eunseok, frotándose el estómago vacío, enumeró mentalmente algunas opciones de menú. “Algo que tiente al líder Moon…”


—¡Oye, hyung...!


Justo entonces, alguien llamó a Eunseok. La voz que lo detuvo pertenecía, sorprendentemente, a Sungjoo.


“¿Hyung?” Siseó Eunseok, desconcertado.


Era un apelativo desconocido. Mientras Eunseok se detenía con una expresión de confusión, Sungjoo corrió hacia él y se inclinó profundamente. Esto también era inesperado.


—Gracias por tu ayuda hoy. —Murmuró con voz débil y apenada. Se llevó la mano a la nuca y la frotó. —Fui un poco... grosero, así que lo siento y también estoy agradecido.


—Oh... sí, está bien. —Le restó importancia Eunseok. —Trabajaste duro hoy.


—Um…


Sungjoo vaciló, incapaz de hablar. “¿Qué le pasa? Oh, ¿tiene algo que decirle al líder Moon?” Eunseok recordó que Sungjoo mencionó su interés en el Equipo Especial 1. 


Probablemente quería causar una buena impresión. Cha Eunseok le dio un codazo al brazo que tenía al lado, captando la atención de Moon Seungwon.


El rostro distante le miró cuestionando con una ceja arqueada: "¿Qué?". Eunseok miró de reojo, indicando a Sungjoo. Moon Seungwon frunció el ceño ante el gesto incomprensible.


—¿Qué estás diciendo?— Pidió Moon Seungwon con voz firme. —Habla con claridad.


—Digo que le reconozcas.


—Hyung, ¿puedo tener tu número de teléfono?—Pidió Sungjoo con mirada esperanzadora. 


Ante la petición de Sungjoo de su número, Moon Seungwon se mofó con incredulidad, y Cha Eunseok preguntó con cara de desconcierto:


—¿Número? — arqueó una ceja. —¿El mío?


—Sí, me gustaría seguir en contacto.—Sungjoo asintió tímidamente e inclinó la cabeza, apenado. —¿Puedo contactarte?


—¿Uh?—Eunseok sonrió tenso. —no tengo teléfono móvil. 


Ante el increíble rechazo, el rostro de Sungjoo se puso carmesí. “La cara de una persona realmente puede ponerse así de roja” pensó Eunseok al ver su rostro pasar de rojo a casi púrpura, Sungjoo volvió a su temperamento habitual.


—¡Si no quieres darme tu número, solo dilo!—Se colocó recto, con los hombros erguidos y una expresión incrédula. —¡¿Quién no tiene teléfono hoy en día?!


—Yo… —Respondió Eunseok. 


—¡Olvídalo! ¡Me voy!— Gruñona Sungjoo, indignado. —¡Adiós!


Incluso en esa situación, no olvidó despedirse. Sinceramente, al principio era un poco molesto... pero tenía modales. Con sus habilidades, seguramente conseguiría un buen puesto en algún lugar. Perdido en sus pensamientos mientras veía a Sungjoo alejarse, Eunseok recordó de repente algo y exclamó:


—¡El teléfono!


—……


—¿Puedo ir a comprar un teléfono hoy?— Preguntó con súplica, girándose para quedar frente a Moon Seungwon. —He perdido el contacto con tanta gente que necesito avisarles de que sigo vivo.


—¿Qué modelo quieres? Se lo diré al Secretario Kim.


Cha Eunseok indicó inmediatamente el modelo que solía tener, y Seungwon envió un mensaje de texto al Secretario Kim con las instrucciones. Parecía estar escribiendo mucho para una simple petición de compra, pero Eunseok no quiso pensar demasiado en ello. El largo día había terminado. Solo quedaba la ceremonia de comisión.


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Algún tiempo después del entrenamiento de campo, Eunseok se reunió con la profesora Han Kiju después de un tiempo. Más concretamente, visitó su oficina en el departamento de cirugía del hospital universitario.


Había decidido someterse a un examen de ondas cerebrales por sugerencia de la profesora. El equipo especializado capaz de producir un gráfico de la longitud de onda de un Esper solo estaba disponible en este hospital universitario.


La oficina de la profesora contenía estanterías repletas de libros especializados, un escritorio con dos monitores y un sofá cubierto de viejas revistas y diarios científicos que hacía imposible tumbarse. La profesora Han no se avergonzaba en absoluto del desorden. Acercó una silla con un espantoso modelo de cerebro frente a su escritorio. Abrazando el modelo, hizo un gesto a Eunseok para que se sentara.


—Está un poco desordenado, ¿verdad?


—Tiene una atmósfera muy académica.


La profesora Han se rió agradablemente. El examen de ondas cerebrales en sí era sencillo, pero los resultados tardaban un poco. Mientras esperaban, se pusieron al día, principalmente sobre los Espers a los que Eunseok había ayudado con el control de longitud de onda.


—¡Casi no hay comentarios sobre efectos secundarios y los resultados son mejores de lo esperado!—Mención la profesora, extasiada.—¡Especialmente ese Esper Lee Jihoon! ¿Lo recuerdas? Era el caso que más me preocupaba, pero es casi un milagro que su nivel bajara a 17. 


La profesora Han, se llevó una mano al mentón y achicando los ojos susurró. —:  De hecho, estoy pensando en escribir un artículo sobre este caso…


Esper Lee Jihoon, lo recordaba. El heredero del conglomerado. El hombre que eligió el confinamiento antes de perder el control. Eunseok se había reunido con él dos veces más desde entonces y ahora estaba completamente estable. 



Había oído que Lee Jihoon planeaba retirarse como Esper y vivir como una persona normal; probablemente se haría cargo del negocio familiar.


 La profesora Han le mostró de nuevo la lista de Espers que necesitaban ayuda. La lista, organizada por urgencia, era más corta que antes. Cha Eunseok aceptó seguir ayudándoles una vez por semana.


—¿Sigue sin recibir guía?—Indagó la profesora Han con una ceja arqueada, llena de interés. —¿Sigue controlándolo usted mismo?


—Sí. La recibo cuando es necesario. —Eunseok ladeó la cabeza y se encogió de hombros. —pero no tengo mucho tiempo últimamente y es  engorroso.


—Hmm... — Exclamó la profesora Han. —Respeto su decisión, Esper Cha Eunseok, así que no diré nada, pero si el Centro se entera, las cosas podrían complicarse.


—¿No estaría bien que simplemente fingiera no saberlo, profesora? —Comentó Eunseok con voz liviana. 


—Jajaja, hablemos de eso otra vez después de ver los resultados de la prueba. —Aceptó ella con una sonrisa. —Ah, deberían estar listos pronto… Solo un momento.


La profesora Han llamó al departamento de neurocirugía desde el teléfono de su escritorio. Como si estuviera planeado, llamaron a la puerta casi tan pronto como colgó. Un médico residente entró y le entregó un informe grueso.


—Veamos ahora.


Se bajó el cuello de la bata, enderezó la postura y se puso las gafas. Se veía seria mientras escaneaba el informe con la punta de su pluma. Mientras leía lenta y cuidadosamente el gráfico, el semblante de la profesora Han se oscureció gradualmente. Tras terminar el informe, se quitó las gafas e inmediatamente volvió a tomar el teléfono.


—Oye, soy yo.—Se identificó. —Busca los resultados de las pruebas y tráelos a mi oficina. Los del Esper Lee Jihoon y el Esper Kim Seokho. Los más recientes.


Luego empezó a leer el informe desde el principio otra vez. Sintiendo que algo andaba mal, Eunseok también se puso ansioso. “¡Es mi informe, después de todo!” Tragó saliva, preocupado. 


“¿Hay algún problema? No noté nada extraño…” Su ansiedad se transformó en preocupación con el paso de los minutos.


Toc, toc. 

Llamaron a la puerta. 


— Profesora.


El mismo médico regresó, esta vez con dos informes. La profesora Han los tomó, los abrió en los gráficos de ondas cerebrales y los colocó junto al de Cha Eunseok. Respiró brevemente y entrelazó sus manos como si estuviera a punto de hacer un anuncio importante.


—Esper Cha Eunseok.


—¿Sí?—Susurró Eunseok, ligeramente nervioso. 


—Voy a hacerte algunas preguntas. —Ella carraspeó. —Pueden ser personales, pero son importantes.


—Sí…


La profesora Han empezó a escribir en su teclado. Clickety-clack, sus dedos se detenían ocasionalmente para preguntar algo.


—¿Cuándo fue la última vez que recibiste guía?


—Hace tres días. —Dijo honesto Eunseok con voz seca. —La recibí durante unos cinco minutos.


—¿Nivel de contacto?


—Contacto con la palma de la mano.


El teclado volvió a sonar. La escritura rápida continuaba. Incapaz de comprender la situación, Eunseok sintió que la parte posterior de su cuello se ponía rígida por la tensión.


—¿Fue similar antes, verdad? ¿Solo guía por contacto manual? —Prosiguió ella con voz seria. 


—Sí.


—¿Cuál es tu nivel actual?—Inquirió, seria.


—25.


—Hmm…


Ella asintió, siguiendo con el teclado, entrecerrando los ojos como si sospechara algo. Sin apartar la vista del monitor, la profesora Han preguntó casualmente:


—¿Cuándo fue la última vez que tuviste relaciones sexuales? — Soltó finalmente la profesora Han con un rostro serio. 


—… ¿Perdón?—Eunseok palideció.


—Coito. — Aclaró ella. —Sexo.


—……


Cha Eunseok parpadeó, tragando saliva. Esto es lo que significa quedarse sin palabras. No podía articular nada, pero la profesora Han le instó a responder rápido.


—El… — Balbuceó Eunseok, nervioso y avergonzado. —El criterio para el acto sexual es…


—Digamos que la penetración es el estándar.


—Ah… entonces…


Tuvo que retroceder mucho tiempo. Eunseok se devanó los sesos, intentando recordar. “¿Cuándo fue que conocí a esa persona…?” Trató de hacer memoria. 


Al verle dudar, la profesora Han exhaló un suspiro de alivio, como si hubiera encontrado la causa. Empujó bruscamente los resultados de Eunseok hacia él.


—¿Ves este gráfico?


Él miró hacia la zona que ella señalaba. El gráfico de ondas cerebrales era mayormente una serie de curvas similares a gusanos, pero la parte que indicaba tenía fluctuaciones de ondas particularmente fuertes. Las curvas densas y dentadas se veían ásperas y salvajes a simple vista.


—¿Pasa algo malo?—Murmuró Eunseok, confundido. 


—Tus longitudes de onda están muy rígidas. Como una roca. A este ritmo, la guía de contacto simple no lo resolverá fácilmente y, eventualmente, ni siquiera tú podrás bajarla con tu propia habilidad.


—¿Qué? — Espetó Eunseok, confundido. –Pero mi cuerpo se siente igual…


—Por supuesto, eso es porque tu nivel es bajo actualmente. —Explicó ella. —¿Recientemente tu nivel ha bajado de 20?


No lo había hecho. Pero no había pensado que fuera un gran problema… El tono acusatorio de la profesora Han le estaba preocupando. 


Eunseok se inclinó más hacia el escritorio y preguntó suplicante:


— ¿Por qué? ¿Por qué es eso?


— Porque no estás teniendo sexo.


Su rostro no tenía expresión mientras escribía, clickety-clack. Su tono era tan natural que Eunseok se preguntó si había oído mal. La profesora Han terminó de escribir rápidamente. 


La ficha en el monitor mostraba "deficiencia de excitación sexual". Tras mirar el cursor parpadeante un momento, apoyó la barbilla en sus manos entrelazadas y miró a Eunseok.


—¿Has oído hablar de la oxitocina y las endorfinas?


—… No.


—Ambas son hormonas segregadas por el cerebro durante la excitación sexual. — Explicó la profesora Han. —Estas dos hormonas juegan un papel fundamental en suavizar las longitudes de onda.


— ¿… Suavizar?— Dudó Eunseok. 


—¿Por qué crees que los Espers mantienen contacto sexual durante la guía? ¿Simplemente por placer? No. —Debatió ella con tono duro, mirándolo con reparo. —Es porque esas dos hormonas son esenciales para calmar las longitudes de onda turbulentas.


—……


—Pero tú no estás recibiendo la guía adecuadamente y no estás teniendo sexo.—Continuó con voz dura. —¿Cómo no se van a endurecer tus longitudes de onda en esta situación?


Nunca se había preguntado la razón del contacto sexual. Solo había oído que cuanto más íntimo fuera el contacto físico, mejor sería el efecto de liberación de las ondas, en comparación con solo tomarse de las manos. Mientras términos técnicos como oxitocina, endorfinas, corteza cerebral e hipotálamo brotaban de la boca de la profesora Han; Eunseok levantó la mano derecha, abrumado.


—¿Qué pasa si esto continúa?


—Las longitudes de onda endurecidas no desaparecerán hasta que sean liberadas. Si sigues así, continuarán acumulándose y entonces… ¡Estallarán! —Extendió los dedos en un gesto de explosión. Luego, la profesora Han le mostró una comparación con los gráficos de otros Espers.


—¿Ves las ondas de Lee Jihoon aquí? Este registro es de su segundo tratamiento. Aunque el nivel es alto, la curva en sí es suave. Dijo que tiene pareja estos días.—Explicó la profesora Han, y bajando la mirada a la otra gráfica, continuó. —Y aquí está el Esper Kim Seokho. ¿Ves lo calmada que está su curva de longitud de onda aunque su nivel supera los 40? Está recién casado.


 —En este estado, incluso con guía de manos, su nivel puede bajar de 10. —Explicó la profesora Han detenidamente. —Esto se debe a que las hormonas ya hicieron su trabajo.


Cha Eunseok miró a la profesora Han con los ojos muy abiertos, y ella le devolvió una mirada de pena. Han Kiju habló primero, dando su prescripción en un tono firme.


—Te daré tres meses. —Sentenció. —Vuelve después de haber liberado esas longitudes de onda endurecidas.


—¡¿Qué?!—Chistó Eunseok. —¡Profesora!


—No bromeo. ¡Sal y ten sexo! —Alentó ella, batiendo las manos en el aire, —Si sigue igual después de tres meses, lo informaré al Centro de Guías.


Ella lo miró seriamente y dijo. —Si no quieres que te obliguen a recibir guía, sigue mi consejo.


La mención del Centro hizo que el rostro de Eunseok palideciera. Sus pies se movieron nerviosos en el suelo.


—¡Pero no tengo a nadie con quién… cómo puedo…! —Debatió Eunseok con rostro preocupado y las mejillas coloradas. 


—¿Tengo que explicarlo todo?—Ella se llevó las manos al puente de la nariz y negó con la cabeza. —Eres un hombre joven; ¡deberías resolverlo tú mismo!


— ……


—Sinceramente, eres joven, estás en buena forma. Y con esa cara, estás desperdiciando oportunidades. —Exclamó ella, inclinándose contra el respaldo de su silla. —Sé que te las arreglarás solo.


La profesora Han sacudió la cabeza con incredulidad. Eunseok bajó la cabeza abatido y preguntó tentativamente:


—¿Besarse… o abrazarse, eso no funcionaría? —Susurró, débil. 


—Eso no produce las hormonas necesarias.


—¿Qué hay de la masturbación…?—preguntó Eunseok. 


—Cada pequeña ayuda cuenta. —Analizó ella con un ladeo de cabeza. —pero… tus huesos podrían romperse antes de que tus longitudes de onda se liberen.


—……


Su voz firme continuó:


—Tres meses, he sido clara. Si lo dejas así, en casos graves podría llevar a un episodio de berserker. Digo esto por tu bien, Esper Cha. 


—Sí…


Mientras aceptaba a regañadientes, la expresión de la profesora Han se suavizó. Finalizó la ficha de Eunseok e imprimió una receta que decía: "Contacto sexual requerido". Incluso programó un examen de seguimiento en tres meses.


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—Oh, mamá. — Exclamó, cansado. —No, está bien. 


—Sí, no hay mucho que preparar de todos modos. —Espero la respuesta de su madre y continuó con fingida calma. —No te preocupes. 


—¿Fotos?— Susurró, confuso. —Hmm, lo intentaré si puedo. —Soltó un suspiro. —Sin promesas.


Recién salido de la ducha, Cha Eunseok hablaba por teléfono con su madre. Sus padres, que actualmente vivían en el extranjero, desafortunadamente no podían asistir a su ceremonia de comisión. 


Ayer, su indiferente hijo único había soltado una bomba durante una llamada. —Mamá, cambié de trabajo. Me convertí en un Esper de rango A y me uniré al Equipo Especial 1 — añadiendo casualmente que la ceremonia era mañana. Su madre estaba tan atónita que permaneció aturdida un buen rato tras colgar.


No solo no había billetes de avión disponibles, sino que incluso el vuelo más rápido no les permitiría llegar a tiempo. Había logrado apaciguar a sus decepcionados padres prometiendo enviar tantas fotos como fuera posible.



Lanzó el teléfono sobre la cama tras terminar la llamada y terminó de secar su cabello húmedo con una toalla. Su pelo, cuidadosamente cortado en una peluquería para la ocasión, se sentía mucho más ligero. Con su cabello rebelde domado, su cuello largo y sus orejas eran claramente visibles. 


Su cabello castaño oscuro, ahora con un color más intenso por la humedad, recuperó rápidamente su forma tras unos cuantos movimientos de su mano. Su uniforme estaba pulcramente dispuesto sobre la sábana.


El uniforme de gala de los Esper, que solo se usaba para eventos oficiales importantes, era más elaborado y de un material más fino que su uniforme habitual. El emblema dorado del hibisco sobre la tela azul marino oscuro y las insignias que adornaban su pecho reflejaban la responsabilidad que representaba el traje.


Al mirarlo, Eunseok tomó la camisa blanca y pasó los brazos por las mangas.


—¡Oye, Cha Eunseok! ¿Cuándo te vas?


Kim Yohan entró de golpe mientras llamaba. Actuaba como si estuviera entrando en su propia habitación. Eunseok, luchando con su corbata frente al espejo, frunció el ceño al verlo.


—Si vas a entrar así, ¿para qué te molestas en llamar?


—¡No hay necesidad de formalidades entre amigos!


La desfachatez de Yohan mientras se sentaba en la cama de Eunseok observándolo era irritante. Había estado excesivamente amigable últimamente, apelando constantemente a su amistad, y Eunseok estaba molesto. Por esta vez, lo ignoró y se concentró en su corbata. Hoy simplemente no quería cooperar.


—¿Te cortaste el pelo?


—Sí.


—Te queda bien, te queda bien.


“¿Qué es esto?” Eunseok miró a Yohan sorprendido por el cumplido genuino, y Yohan simplemente se encogió de hombros. Incluso Eunseok tuvo que admitir que se veía bien en el espejo. 


Sonrió con satisfacción y se puso la chaqueta. La chaqueta a medida encajaba perfectamente en los hombros de Eunseok, abrazando su torso de forma justa, con las mangas terminando justo después de sus nudillos. Con los cuatro botones dorados del hibisco abrochados, un Esper vestido formalmente se reflejaba en el espejo.


Comprobó la hora en su reloj. Era hora de irse. Mientras agarraba su teléfono, Yohan de repente le tomó del brazo.

—¿Te vas ya?


—Sí.


—¿Quieres que te lleve?


Eunseok negó con la cabeza. El Secretario Kim ya estaba programado para recogerlo.


—¿Qué vas a hacer allí ahora? —Se negó Eunseok. —Ven más tarde.


—¡Y qué! —Yohan se encogió de hombros. —No me importa, te llevaré en mi coche.


—El Secretario Kim está viniendo.


—Solo llámalo y dile que no venga.


—No, está bien.


Eunseok lo despidió con la mano, con un fastidio evidente en su gesto. —: Nos vemos luego. — Palmoteó ligeramente el hombro de Yohan y salió de la habitación. 

—¡Oye! ¡Siempre rechazas todo lo que sugiero! —La voz quejumbrosa de Yohan lo siguió por el pasillo hasta que se alejó. 



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El centro de convenciones del hotel de lujo donde se celebraba la ceremonia de comisión era imponente. El vasto escenario y las filas de asientos debajo daban fe de la magnitud del evento. Los futuros Espers, todos con sus uniformes de gala, ya estaban sentados. 



La emoción y la anticipación en sus rostros jóvenes los hacían parecer estudiantes en una ceremonia de graduación. Estos cerca de 100 jóvenes Espers se convertirían oficialmente en Espers tras la ceremonia de hoy.  



El lugar bullía con familiares y amigos que se habían reunido para celebrar el primer paso de estos alumnos que habían trabajado duro durante un año.


Eunseok, tras llegar al salón de convenciones, encontró su asiento. Todo era bastante caótico ya que la ceremonia aún no había comenzado. Los Espers estaban ocupados charlando entre ellos; sus risas se sumaban a la atmósfera animada. Cha Eunseok se sentó en su silla cubierta de satén negro y recorrió el salón con la mirada. 


En un lugar donde no conocía a nadie, el rostro que buscaba era obvio. Encontrar a Moon Seungwon no fue difícil. El hombre destacaba incluso de lejos. Estaba al fondo del salón, hablando con alguien que parecía ser un oficial militar de alto rango.


Moon Seungwon también vestía el mismo uniforme de gala. La chaqueta azul marino oscuro resaltaba especialmente contra su tez pálida. Numerosas medallas brillaban en su pecho mientras permanecía de pie con los brazos cruzados con naturalidad, y sus hombros portaban las charreteras de un comandante. Las decoraciones ornamentadas y pesadas parecían enfatizar su alto rango.


Eunseok no había visto a Moon Seungwon desde la mañana, ya que el hombre estaba más ocupado que los propios participantes de la ceremonia. Finalmente lo localizó, pero no pudo cruzar miradas con él. Al ver lo ocupado que estaba, Eunseok desistió de intentar llamar su atención. Se sintió un poco decepcionado.


Su esperanza de pasar desapercibido en un lugar donde no conocía a nadie se desvaneció cuando se topó con los chicos del entrenamiento de campo. Al ver a Eunseok sentado tranquilamente, se reunieron a su alrededor uno por uno. 


Aunque solo habían pasado unos días desde el incidente del banco, actuaban como si se reencontraran con camaradas tras años de separación.Afortunadamente, todos habían sido asignados a la Unidad Especial.


Eunseok se había preocupado por el joven Dohyun, pero su invisibilidad era una habilidad tan única que varias unidades se habían estado disputando su ingreso. Eunseok los felicitó sinceramente. No pudo rechazar sus peticiones de fotos y terminó dándoles su número de teléfono.


Sungjoo, en particular, pareció creerle que no tenía un teléfono antes solo después de ver el suyo completamente nuevo. Tras lograr sus objetivos, los chicos se marcharon. Quizás fue por la intensidad de su breve pero exigente presencia, pero Eunseok sintió la necesidad de tomar aire fresco.


“¿Debería salir cinco minutos?” Pensó  Eunseok, un poco abrumado. 


Parecía que el inicio estaba cerca, ya que el salón se estaba llenando rápidamente. Eun-seok salió del centro de convenciones abriéndose paso entre la multitud que entraba. Había gente por todas partes.


No solo los baños, sino también los pasillos y el vestíbulo estaban atestados. Esquivando a las personas para no chocar, Eun-seok se apoyó un momento en la pared junto a los baños.


No debería haber salido, mejor regreso”. Se arrepintió E


—¡……!


Justo cuando se impulsó desde la pared para regresar, alguien lo agarró del brazo izquierdo. Reconoció el aroma familiar antes de ser arrastrado hacia el interior. El tocador, escondido como un espacio secreto entre los baños, era estrecho y largo, con el espacio justo para dos hombres adultos. 



El cuerpo que lo presionaba soltó su brazo y dio un paso atrás. «Click» escuchó el cierre de la cerradura en la puerta detrás de él. Eunseok todavía estaba atónito por la repentina aparición de Moon Seungwon. 


El hombre, con las manos en los bolsillos, se sentó en el mostrador de falso mármol del tocador y se quedó mirando a un desconcertado Cha Eunseok. Sus ojos oscuros lo recorrieron lentamente de pies a cabeza, como si apreciara una obra de arte.


—El uniforme te queda mejor de lo que esperaba.


Su voz grave soltó la observación. Sus facciones afiladas y deslumbrantes, usualmente frías, estaban relajadas y tranquilas.


—……


Cha Eunseok no sabía cómo reaccionar ante esa expresión amable.  Y ante el sutil sentimiento de decepción que había estado experimentando todo el día. Eunseok se sentía con el estómago revuelto por el manojo de emociones combinadas. 


Moon Seungwon se puso de pie y dio un paso más cerca. Su mano se dirigió a la corbata frente a él. Eunseok se sobresaltó y retrocedió ligeramente, pero Seungwon lo ignoró y deslizó sus dedos entre el cuello de la camisa y el nudo de la corbata. 


Aunque solo era el interior de su corbata, el toque a través de la fina camisa se sentía íntimo. Unos dedos largos se engancharon alrededor de la corbata de rayas verde oscuro y tiraron de ella hacia abajo. La seda suave no ofreció resistencia.


Moon Seungwon alisó las arrugas de su camisa y volvió a colocar la corbata alrededor del cuello de Eunseok. A pesar de estar frente a él y anudar la corbata de otra persona, sus movimientos eran rápidos y expertos, como si lo hubiera hecho innumerables veces.


—Sigues siendo un caso perdido con esto.—Juzgó con un tono serio, pero una ligera sonrisa se dibujaba en su rostro, mientras lo miraba con atención. 


—La corbata del uniforme de gala es ancha, es difícil que quede bien.—Se excusó Eunseok, encogiéndose de hombros. 


—Se nota que no lo habías hecho antes.


Moon Seungwon sonrió mientras pasaba el extremo ancho de la corbata por el lazo y ajustaba el nudo. Recordaba claramente a Eunseok preguntándole cómo anudarse una corbata recientemente. En la escuela, Eunseok usaba corbatas de clip. Incluso de adulto, rara vez usaba trajes, por lo que siempre tenía problemas con la corbata al vestir el uniforme.


Tras aprender el sencillo nudo four-in-hand de Seungwon, se había vuelto razonablemente competente. El problema era que ese nudo era demasiado simple para un uniforme de gala. Resignado a aceptar ayuda, Eunseok se quedó quieto y esperó. 


Sin ningún otro lugar a donde mirar, Eunseok se mordió el labio inferior, mirando fijamente la corbata de Seungwon, idéntica a la suya. Sintió que su cuello se tensaba. Cuando la mano de Moon Seungwon se retiró, se reveló una corbata verde perfectamente anudada, un impecable nudo Windsor con un hoyuelo en el centro.


—No creo que tengamos tiempo para hablar después, así que te diré esto ahora. —Anunció Moon Seungwon con voz calmada. Y luego, retrocedió un poco, poniendo algo de distancia entre ellos. 


Moon Seungwon miró el rostro de Cha Eunseok. Sus ojos albergaban una mezcla de emociones complejas que eran difíciles de descifrar. 


—Ha sido un mes difícil. —Concedió Moon Seungwon con tono serio, pero su mirada se suavizó un poco cuando sus ojos se encontraron. —Gracias por aguantar el ritmo.


—……


—Espero con ansias trabajar contigo.—Murmuró al final.


Una manga azul marino con adornos dorados apareció ante los ojos de Eunseok. Una mano larga y pálida se extendió desde debajo de ella al dársela, y en los ojos de Moon Seungwon había algo parecido al orgullo. 


—Felicidades por tu comisión, Esper Cha Eunseok.


Eunseok miró la mano ofrecida durante un largo momento. Moon Seungwon esperó pacientemente, sin presionarlo. Lentamente, Eunseok levantó la suya y estrechó la mano firme que se le ofrecía, mientras un nudo se formaba en su garganta.


El pasado pasó ante sus ojos como un relámpago; el día de hoy era la prueba de sus esfuerzos sinceros. Para colmo, las felicitaciones inesperadas hicieron que sus emociones se desbordaran e inconscientemente, apretó con más fuerza la mano de Seungwon. Una risa baja sonó desde arriba.


—No estarás llorando, ¿verdad?—preguntó Moon Seungwon con una ceja arqueada. 


—No, no estoy llorando.—Susurró Eunseok con las mejillas sonrojadas. 


—¿Tus padres no pudieron venir?


—No soy un niño... —Murmuró Eunseok. —Solo me pidieron que les enviara muchas fotos después.


“Fotos…” Moon Seungwon repitió la palabra y asintió con comprensión. “¿Quiénes de los reporteros presentes serían los más hábiles? Tendría que hacer un arreglo aparte para que alguien tomara fotos exclusivamente de Cha Eunseok”. 


Una vez trazados sus planes, Moon Seungwon consultó su reloj. La ceremonia de comisión estaba a punto de comenzar.


—¿Salimos? —Preguntó con una ceja arqueada.


—Sí.


Mientras Eunseok se frotaba la nariz, que le escocía un poco, la cerradura hizo clic y la puerta se abrió apenas una rendija. El ruido de la multitud bulliciosa del exterior se filtró de nuevo. Se sintió como despertar de un sueño. Una mano firme y grande tocó su espalda. Apoyado por ese toque seguro, Eunseok salió al salón con facilidad.


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—¡Lo juro! ¡Como Esper de la República de Corea, juro solemnemente ser leal a la nación y a su pueblo, y llevar a cabo fielmente los deberes y misiones que me sean encomendados!



Sungjoo, de pie en el podio, prestó el juramento de comisión como representante de los alumnos. Frente al Ministro de Defensa Nacional, leyó la declaración con resolución. 



Sus padres, ansiosos por capturar cada momento de su orgulloso hijo, sostenían cámaras con largos lentes blancos desde la primera fila. Su entusiasmo y equipo profesional, que superaba incluso al de los reporteros, provocó risas entre el público.


Los Espers se alinearon y se turnaron para subir al podio. Recibieron sus certificados de comisión enmarcados con un fénix y les colocaron las charreteras oficiales en los hombros. Cuando llegó el turno de Cha Eunseok, subió al estrado. 


Recibió los honores junto a otros diez Espers. Aunque Moon Seungwon estaba lejos, Eunseok no miró en su dirección. Simplemente permaneció en su lugar, aceptando las felicitaciones y el aliento.


—Felicidades, Esper Cha Eunseok.


El líder del Equipo 4, Kang Jiho, con su característica sonrisa cálida, palmeó el hombro de Eunseok. Este se inclinó profundamente en respuesta.


—Si no te gusta estar allí, siempre puedes pedir el traslado al Equipo 4. —Le dio una media sonrisa. —Siempre serás bienvenido.


Eunseok sonrió levemente ante el comentario juguetón y se dio la vuelta. Al bajar del podio, vio a Kim Yohan, Park Jaemin y Seo Jiwoo saludando con entusiasmo desde el público. No pudo evitar soltar una carcajada. Mientras se giraba hacia los invitados con una sonrisa brillante, las cámaras de los reporteros en la primera fila destellaron ruidosamente.


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Mientras Moon Seungwon se acercaba a la sección VIP, un hombre alemán de ojos azules lo llamó por su nombre. El hombre, de casi dos metros de altura y cabello castaño rizado, sonrió ampliamente mientras lo saludaba. Su mera presencia atraía todas las miradas.


—Julián.


Al reconocerlo, el alemán se acercó rápidamente y lo saludó con efusividad. Sacó una silla de la mesa VIP y se sentó a lado de Moon Seungwon de inmediato. Aunque este parecía molesto, cedió.


—¿Cuándo llegaste?


—Hace dos horas. El aeropuerto de Seúl sigue siendo tan conveniente como siempre.


El CEO de P&I, había volado en un jet privado desde Frankfurt, estaba recibiendo trato de alto mandatario. Había sido una sorpresa cuando lo contactó expresando su deseo de asistir a la ceremonia. El Ministerio de Defensa incluso había habilitado el Aeropuerto de Seúl, reservado para jefes de Estado, para Julian J. Schmidt.


—Entonces, ¿dónde está tu salvador?—Preguntó con curiosidad, guiñandole un ojo. 


«¡He venido a verle!» decía casi con la mirada Julian, a pesar de su gran envergadura, daba saltitos como un niño emocionado. Parecía que distinguir rostros asiáticos le resultaba difícil, y los uniformes idénticos lo complicaba más.


En lugar de responder, Moon Seungwon giró la vista hacia donde estaba Cha Eunseok. La ceremonia oficial había terminado y el evento concluía con fotos conmemorativas. Eunseok, rodeado de sus compañeros, sostenía un ramo de flores y sonreía con ganas.


—¡Oh, ahí está!


Siguiendo la mirada de Seungwon, los ojos de Julian se iluminaron. 


—…….


—Ya que no piensas presentarme, ¿está bien si voy yo a hablar con él? —Preguntó Julián con un tono juguetón y al instante retrocedió bajo la intensa mirada de advertencia de Moon Seungwon. —¡Es broma, deja de mirarme así! Das miedo cuando te pones así.


Para relajar el ambiente, Julian tomó dos copas de vino de la mesa. Sirvió el vino tinto de color granada generosamente. Una fragancia floral y ácida se extendió por el aire. Seungwon ni siquiera miró la copa, pero Julian bebió solo.


—Siempre hay una salida, ¿verdad? —Inquirió Julián con una media sonrisa. —Sinceramente... pensé que con suerte durarías seis meses.



 —Estaba a punto de presentarte a un abogado para notarizar tu testamento, pensando que explotarías y morirías pronto.—Rió bajo la nota de un humor agrio, echando la cabeza ligeramente hacia atrás. 


“Pero está bien. Incluso ha encontrado una solución em Cha Eunseok”. Pensó Julian, estando feliz por su amigo, pero como CEO de una farmacéutica que desarrollaba drogas para Guías, también sentía una curiosidad científica inmensa por Eunseok.


—No olvides que yo tuve algo que ver en esto.—Le recordó con una media sonrisa mientras bebía de su copa.


—Ah, esa nueva droga que hiciste… —Moon Seungwon hizo una breve pausa y soltó el aire pesado. —No es muy buena.


—¡No digas tonterías! ¡¿Sabes cuánta gente hay en lista de espera para eso?! —Julián casi se atraganta con su vino tinto, lo escupió jun poco y una hilera delgada resbaló desde las comisuras de sus labios hacia su barbilla. 


—¡¿Tienes idea de los problemas en los que me metí… —Jadeó ofendido. —para limpiar tu desastre después de que te lo quedaras todo para ti?!>


Tras maldecir en alemán, Julian se calmó y se arregló la ropa. Luego, preguntó preocupado: —¿De verdad era tan mala la droga?  


Seungwon soltó una carcajada y lo tranquilizó, diciendo que hablarían luego. Julian volvió a mirar hacia donde estaba Eunseok.


— Incluso el Creador no es un desconsiderado total. —Opinó entre el juego y algo más. —De algún modo se las arregla para crear parejas compatibles.


—¿Tú crees?— Murmuró Eunseok con una ceja arqueada. 


"Cada oveja con su pareja", qué dicho tan curioso. Moon Seungwon soltó una risa hueca y Julian entrecerró los ojos con picardía.


—¿Dijiste que tiene 23 años?— preguntó Julián con tono curioso. 


—Sí.


—¿Hay alguna posibilidad de que vuestra relación se convierta en algo más?— Continuó Julián con una sonrisa medio coqueta. 


—No somos así, Julian. —Cortó Moon Seungwon con tono seco. —Y ahora es mi subordinado.


“¿Subordinado? No me hagas reír. ” Pensó Julián, riendo brevemente con aquella risa ronca y ahogada por el vino tinto. “¿Quién es el que lo está mirando con ojos llenos de posesividad desde hace rato?


“Moon, si es lo suficientemente bueno como para captar tu exigente atención, ¿crees que los demás lo verán de otra forma?— Sugirió Julian con una ceja arqueada, dándole un breve trago a su copa. —Debes estar envejeciendo, pero 23 años... es una edad en la que uno se deja llevar fácilmente por la tentación y el juego.


—…


—Entonces algún otro idiota te lo quitará. —Se burló Julián, casi bufando. —Oh, eso sería realmente interesante. Asegúrate de llamarme entonces; vendré a Corea de inmediato.


El alemán estalló en una carcajada estrepitosa. Esta vez, incluso Eunseok miró hacia allí. Moon Seungwon suprimió su molestia y habló con voz profunda:


—Corta el rollo. —Gruñó Moon Seungwon. —¿Lo trajiste?


—¡Por supuesto!


Julian sacó un sobre de un maletín negro. Su expresión se volvió seria y solemne al entregárselo a Seungwon.


—Preferiría mirar esto en un lugar privado.—Julián sacudió sus cejas de arriba para abajo de forma juguetona. 


—Vamos arriba. — Ordenó. —He reservado una habitación.


La expresión de Seungwon al recibir el sobre era sombría. Los dos hombres se levantaron y abandonaron el salón de convenciones de inmediato.


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No se había sentido bien desde la mañana. Aunque no tenía fiebre, se sentía letárgico. Quizás era porque no había recibido una guía adecuada en tres días. La efectividad de su guía había empezado a declinar hacía una semana. 



Seungwon abrió los ojos y se llevó una mano a la frente, incapaz de levantarse durante un rato. Finalmente logró sentarse y bebió agua. Mientras vaciaba la botella, revisó su teléfono. Eran las 2 de la madrugada cuando terminó de manejar una situación urgente.



El Secretario Kim, consciente de los recientes problemas de salud de Seungwon, se acercó. A pesar de la hora, había contactado con una Guía de alta compatibilidad. Seungwon asintió en silencio.


—¿Estás... —Se oyó la duda en su voz. —... haciéndolo ahora mismo?


Su voz era áspera por la fatiga. Había estado sosteniendo la mano de la Guía durante más de diez minutos, pero no sentía energía de guía. La Guía, igualmente perpleja, se sobresaltó.


—¿Perdón?—Chilló ella, nerviosa.  —Ah, sí... Pero como probablemente pueda sentir, líder…


—Algo extraño está pasando. —Murmuró extrañada y el desconcierto iluminó su rostro, —Siento como si me estuvieran empujando. Incluso cuando intento canalizar energía hacia usted, parece que es repelida…


Moon Seungwon soltó la mano de la Guía y se levantó. Ocultando su fatiga, asintió brevemente.


—Debe ser porque no me he sentido bien últimamente. Gracias por su trabajo, Guía Kang Yoojoo.


Salió de allí y, una vez en su coche, lejos de miradas curiosas, consultó su reloj. La lectura no había disminuido en absoluto aunque La Guía Kang Yoojoo era de rango A y tenía la mayor compatibilidad con él. 



Usualmente, bajaría sus niveles solo con tomarse de las manos. El líder Moon apoyó la cabeza en el respaldo y se mordió el labio. El problema era serio. Tras un momento, envió un mensaje y llamó de inmediato.


—Hijo de puta, son las 3 de la mañana.—Gritó, en cuanto atendió a su llamado. 


—Jang Hanna, ven a la dirección que te acabo de enviar.


—¿Estás loco, Moon Seungwon?—Gritó con irritación. 


—Vamos a Alemania.


—Cómprate un billete y vete tú solo, pedazo de zorro .—Continuó con tono molesto. 


—Te daré mi tarjeta. Gasta lo que quieras allí.


—¡Oh! — Su voz se recuperó de pronto, con una suavidad tal seda y casi se podía ver su sonrisa. —¿Ya enviaste la dirección?


Jang Hanna llegó en menos de cinco minutos. Se detuvo con aire desafiante y golpeó el cristal de la ventana del coche con una actitud bastante grosera. Ante su llegada, Moon Seungwon abrió la puerta y bajó del vehículo. Jang Hanna, que se movía con la soltura de un matón, propuso el trato.


—Me das la tarjeta. —Condicionó con tono serio. —Y, la próxima vez, me debes un favor sin condiciones.


—Hecho.


—Y bien. — Preguntó Jang Hanna. —¿a qué parte de Alemania tenemos que ir?


Moon Seungwon le tendió el bloc de notas de su teléfono con una dirección escrita. Jang Hanna miró la pantalla, soltó un bufido y le ofreció la mano izquierda. En lugar de la mano, él la sujetó por la muñeca.


—Siempre con tus tonterías —refunfuñó ella antes de activar su habilidad.


En un parpadeo, ambos desaparecieron. En el lugar donde estaban, solo quedó el coche de Seungwon, solitario en la oscuridad.


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¡Crash!


Frankfurt, Alemania. 19:00 horas.


Julián, que estaba cenando tranquilamente en su casa, parpadeó estupefacto al ver a un hombre y una mujer caer del cielo como si fueran rayos.


Los platos que adornaban la mesa, perfectamente servidos, estallaron en mil pedazos. Lo que hace un momento era una cena exquisita, ahora no era más que desperdicios esparcidos por el suelo.


Julian se quedó con la boca abierta y la mano suspendida en el aire. Lo único que se movía en aquel silencio sepulcral era una gota de salsa que caía lentamente del trozo de pavo pinchado en su tenedor.


—¡Oh, mala mía! —exclamó Jang Hanna en una disculpa a medias mientras bajaba de la mesa, ignorando la cara de shock de Julian. Seungwon se limpió las manos con una servilleta limpia.


—¡Qué Espers tan... — Riñó. —tan bárbaros!


—Julián, puedes comer más tarde.


Moon Seungwon se acercó a su amigo y apartó la silla donde Julián estaba sentado. Con un par de gestos, obligó al hombre de casi dos metros a levantarse. Julián lo miraba con cara de no entender nada, pero no recibió ninguna explicación.


Seungwon sacó la cartera de su bolsillo interior y la lanzó hacia atrás sin mirar. Como si fueran un equipo de béisbol perfectamente coordinado, Jang Hanna la atrapó en el aire con destreza.


—Oye, zorro astuto. —Chilló ella con una sonrisa. —De verdad voy a dejar la tarjeta al límite.


—Haz lo que quieras.


—¿Cuánto tiempo nos quedamos aquí?—Preguntó ella con una sonrisa dibujada en su rostro mientras veía la tarjeta en sus manos. 


—Al menos tres horas. Ve a divertirte.


Tarareando alegremente, Jang Hanna desapareció. El silencio descendió sobre la mesa una vez más. Ahora solo, Moon Seungwon suspiró, frotándose los ojos. Julian, notando la angustia de su amigo, soltó el tenedor y preguntó con preocupación:


—¿Qué está pasando? ¿Por qué estás aquí tan de repente? —Preguntó con la mirada atenta en él. —¿Pasa algo malo? 


—¿Puedes realizar una prueba de compatibilidad de Guía en tu casa? 


—Puedo, pero... ¿de qué se trata esto?—Inquirió Julián, con tono desconcertado. —¿Es algo confidencial? 


Julian, un hombre de negocios con un profundo interés en la investigación y el desarrollo, había equipado su casa con tecnología comparable a la de un laboratorio. Sabiendo esto, Moon Seungwon había elegido la residencia de Julian en Alemania en lugar de un centro de investigación coreano. 


Nadie podía enterarse de esto todavía. Seungwon asintió, confirmando tácitamente la sospecha de Julian. El rostro de este se oscureció.


—  Sígueme.— Comprendió Julián al instante y su rostro se tornó serio. —. Sea lo que sea, no tenemos mucho tiempo. 


Se dio la vuelta y se dirigió hacia las escaleras que bajaban al sótano.


Los resultados fueron devastadores. Probaron con cada Guía en su base de datos, pero, asombrosamente, la tasa de compatibilidad era del 0% en todos los casos. No un número bajo como 10% o 30%, sino un 0% absoluto.


Julian parpadeó con sus ojos azul como dos lagos, mirando el monitor con incredulidad. Repitieron la prueba una y otra vez con cientos de Guías diferentes, pero el resultado seguía siendo el mismo.


—¿Qué... por qué está pasando esto? —Murmuró incrédulo. 


—……. 


Como si lo hubiera anticipado hasta cierto punto, Moon Seungwon no pareció sorprendido, ni agitado. Simplemente suspiró brevemente y comenzó a quitarse los sensores adheridos a su cuerpo.


—¿Desde cuándo sucede esto? —preguntó Julián, preocupado. 


—¿Aproximadamente una semana. —Reveló Moon Seungwon con una expresión sombría. —La guía dejó de funcionar por completo hoy. 


—Tú... 


Mientras las manos de Julian temblaban ante la impactante noticia, Seungwon permanecía notablemente calmado. Para un Esper, ser incapaz de recibir guía era prácticamente una sentencia de muerte.


“Cálmate, piensa.” Se forzó Julián a pensar. “¡Usa el cerebro, Schmidt!” Julian se agarró el cabello y casi se devanó los sesos. “¿Por qué estaba pasando esto? ¡Tiene que haber una razón!”


—¿Alguna idea? —preguntó Julián, intentando saber la causa del problema. 


—La Guía de hoy dijo que sentía como si la energía fuera repelida cuando intentaba guiarme. 


—Repelida, dices. —Susurró Julián, con una mano debajo de la barbilla. 


Al repetir la palabra, los ojos de Julian se abrieron de par en par como si se le hubiera ocurrido algo.


—He oído a Guías decir que sienten esa sensación cuando guían a un Esper vinculado. —Murmuró Julián con una expresión seria, 


—Nunca me he vinculado. 


—Pero no hay otra explicación. —dijo Julián con una mirada sombría, sus labios apretándose bajo la preocupación. —¡No hay forma de que tu tasa de compatibilidad sea del 0% a menos que estés vinculado! 


Julián, que había estado caminando ansiosamente de un lado a otro, se detuvo abruptamente. Se levantó y abrió un armario, sacando un dispositivo del tamaño de una máquina de escribir. Con destreza, conectó la polvorienta máquina a su computadora y colocó un parche desechable en el sensor, murmurando para sí mismo.


—No puede ser esto. —Empezó a balbucear, mientras conectaba los cables del aparato y los sensores en Moon Seungwon. —Es imposible, pero... por si acaso... 


—¿Qué estás haciendo? 


Mirando a Moon Seungwon con el parche en la mano, Julian dijo con gravedad:


—Una prueba de Guía. —respondió con tono serio. 


La prueba fue rápida, tomó menos de 20 minutos. Una luz verde iluminó el sencillo dispositivo, indicando la presencia de habilidades de Guía.


—…


—…


Ninguno de los dos habló. Tras un largo silencio, Julian finalmente murmuró en voz baja.


—Es real... esto está... pasando de verdad. 


Seungwon miró fijamente el dispositivo iluminado; una risa hueca escapó de sus labios. Esto era una locura. “¿Un Guía?” Imposible. Al ver a Julian paralizado, pidió una explicación.


—Explícame esto. — exigió Moon Seungwon con una expresión seria.


—Bueno... la teoría más plausible ahora mismo es que has desarrollado energía... de Guía dentro de tu propio cuerpo. —Comenzó Julián a hablar conectando las ideas unas tras otras. —Debido a que tienes energía de Guía, dentro del cuerpo, el sistema lo reconoce como si estuvieras vinculado contigo mismo... 


—¿He desarrollado habilidades de Guía y eso bloquea cualquier otra guía externa?


—Eso es... lo que parece... —Julián se encogió de hombros.


—¿Pero ni siquiera yo mismo puedo usar esta habilidad? 


A juzgar por su condición durante la última semana, ese parecía ser el caso. La energía de Guía en su interior podría funcionar en otros, pero claramente no podía controlar sus propias longitudes de onda de Esper. 


La respuesta era obvia, pero Julian no se atrevía a confirmarla. Le costaba hablar mientras Moon Seungwon se reía sin humor. 


—Joder, esto es una mierda.


Aunque Julian no entendía el coreano, podía notar por el tono de Seungwon que estaba maldiciendo. Su risa cesó y bajó la cabeza, pensativo. Fue una pausa corta, pero para Julian, que esperaba a que su amigo se compusiera, se sintió como una eternidad. Finalmente, Seungwon levantó la cabeza con expresión resuelta.


—Haz la prueba otra vez correctamente.—Pidió. —Sácame sangre, haz lo que necesites. ¿Y puedes tenerlo en dos horas? 


—¿Eh?— Murmuró Julián, desconcertado. —Uh... ¡sí! 


—Y quiero el medicamento para Guías más fuerte que tengas. Incluso si todavía está en fase de desarrollo. 


—¿Qué planeas hacer? —Julián lo miró con expectación. 


Moon Seungwon giró la cabeza y miró con calma a Julian, sin que su rostro traicionara ni un ápice del diagnóstico de Guía que acababa de recibir.


—¿Qué más puedo hacer? Aguantar con medicación. 


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Y ahora. De vuelta en Seúl.


Los dos hombres estaban juntos de nuevo en la sala de estar de una suite ejecutiva. Moon Seungwon sostenía un sobre herméticamente cerrado. Lo abrió con un reluciente abrecartas y extrajo el contenido: un informe rígido de dos páginas.


Leyó lo más importante e ignoró el resto del documento. Los ojos de Seungwon estaban fijos en las palabras impresas en la parte superior de la primera página.


Forma y naturaleza: Guía. 


Grado: Incapaz de medir.


Bajó el informe y se encontró con la mirada ansiosa de Julian. Este forzó una sonrisa incómoda e intentó consolarlo.


—Es algo bueno, al menos, que la energía de Guía no se manifieste a menos que intentes usarla activamente. 


—Es un alivio. —Siseó Moon Seungwon. —De lo contrario, todo el mundo lo sabría. 


—Y encontraste a un Esper para reemplazar a un Guía. Todo salió bien al final. 


Suspiró con cansancio. Julian tenía razón. Gracias a conocer a Cha Eunseok, podría enterrar este secreto inconfesable para siempre. Reunió el informe y el sobre, y les prendió fuego con un encendedor. El papel se ennegreció y se convirtió en ceniza en un instante. Abrió la ventana para ventilar el humo acre.


Julian, que había estado observando, sintió curiosidad de repente.


—¿Se lo... dijiste al Esper? —preguntó curioso. 


—¿Decirle qué? 


—Sobre tu condición. —soltó Julián con sus manos libres sobre su regazo. 


Moon Seungwon se sacudió la ceniza de las manos y se dio la vuelta. Miró a Julian, que estaba sentado en el sofá con expresión de alivio, y habló con naturalidad.


—Él solo sabe que no puedo recibir guía. 


—¿No vas a decírselo? —Insistió el alemán. 


—Julian. 


Julian cerró la boca ante el tono firme y la línea clara que Seungwon acababa de trazar. Seungwon se acercó y se inclinó, colocando sus manos en los brazos del sofá monoplaza, atrapando a Julian. Este, con su gran cuerpo hundiéndose en los cojines, intentó evitar la mirada de Seungwon.


—Me voy a asegurar de que nadie descubra jamás que soy un Guía. —Aclaró Moon Seungwon con su mirada oscureciéndose más. 


—……. 


—Recuerda, ahora mismo, solo tú y yo lo sabemos. 


Un aura afilada emanaba del hombre que estaba cerca de él. Julian no entendía por qué el idioma nativo de su amigo, hablado con tanta claridad y deliberación, se sentía tan opresivo. Tragó saliva, con los músculos de la mandíbula tensos por la ansiedad.


—No vas a... —tragó saliva. —a matarme, ¿verdad? 


—Guarda este secreto. — Dijo Moon Seungwon con tono severo. —Si esto sale a la luz, serás la primera persona de la que sospeche. 


Seungwon se enderezó y palmeó el hombro de Julian. Su hermoso rostro estaba ahora suavizado por una sonrisa gentil, como si la amenaza anterior nunca hubiera ocurrido.


—“Descansa, te invitaré a cenar más tarde”.


En lugar de cumplidos vacíos, Moon Seungwon prometió una comida. Caminó hacia la puerta de la habitación del hotel. Con el asunto concluido, no había razón para quedarse.


Click, whir. 


La puerta se cerró y se bloqueó automáticamente.






 

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