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Capítulo #38 "Pheromone Obsession"


Capítulo 38


El exterior de la ventana se alcanzaba a ver a través de la cortina opaca entreabierta. Una lluvia que nadie sabía cuándo había comenzado caía y se deslizaba por el vidrio.

En algún momento el exterior parpadeó, y desde muy lejos se escuchó un fuerte estruendo de trueno. El sonido fue tan potente que la ventana vibró, y Woojeong se sobresaltó y tembló.



—¿Por qué te asustas tanto?



La suave voz que lo consolaba duró solo un breve instante, porque la mano de Han Jaegang se deslizó por debajo de su pecho e incorporó la parte superior de su cuerpo.



—Ah…



Han Jaegang sostuvo la barbilla de Woojeong para que no se desplomara mientras permanecía de rodillas, y movió las caderas lentamente. A medida que empujaba el grueso tronco hacia adentro y tiraba de la pelvis de Woojeong, la entrada se apretaba alrededor de su miembro sin la más mínima separación.



En esta postura, la penetración era demasiado profunda. Woojeong, que apenas mantenía la cintura erguida, no pudo soportar más y se apoyó contra Han Jaegang, quien lo sostenía desde atrás. El miembro que dilataba por completo toda su pared interna golpeaba y frotaba su zona sensible. Woojeong sacudía la cabeza mientras jadeaba.



—Lee Woojeong, tienes que respirar.



En algún punto Woojeong, que había olvidado incluso respirar, tomó aire con dificultad y parpadeó con sus ojos borrosos. Su espalda humedecida por el sudor tocaba el pecho caliente de Han Jaegang.



Woojeong apoyó la parte posterior de la cabeza en su hombro y estiró la mano hacia su bajo vientre. El miembro que arremetía una y otra vez con sonidos pesados se sentía como si fuera a golpear la piel de su estómago, y eso lo asustaba.



—¿Sientes que vas a liberar?



Incluso desde atrás, como si conociera el estado de Woojeong con claridad, Han Jaegang sujetó su pene. Mientras embestía una y otra vez el punto que Woojeong sentía de manera especial, frotó rápidamente su sexo.



—Por favor…



El placer se elevó hasta el punto de ser insoportable. Woojeong frotó la parte posterior de la cabeza contra el hombro de Han Jaegang y suplicó. Ni siquiera se daba cuenta de que las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.



—¿Es difícil? ¿Quieres que me detenga?



Su cabeza estaba nublada y no podía pensar en nada. Su resistencia se encontraba al límite, y todo su cuerpo se sentía empapado en las densas feromonas de Han Jaegang.



El «¿Quieres que me detenga?» no era sincero. Con sus embestidas volviéndose aún más rápidas y fuertes, Woojeong ni siquiera pudo responder.



—Mmm, ah…



Woojeong estiró la mano y sujetó el muslo de Han Jaegang. Cada vez que sus músculos se tensaban, la piel de gallina se extendía por su columna. Woojeong partió los labios, exhaló respiraciones entrecortadas y luego dejó caer la cabeza.



Desde la punta de su pene, sostenido por la gran mano, fluyó un líquido claro. Ahora el semen que salía era ralo y escaso en cantidad, y humedecía la mano de Han Jaegang.



No podía precisar cuántas veces había llegado al clímax ya mientras sus cuerpos permanecían unidos. Woojeong estaba tan agotado que, si cerraba los ojos, sentía que se quedaría dormido de inmediato.



Woojeong se frotó los ojos húmedos con el dorso de la mano y, cuando se tambaleó, Han Jaegang sostuvo rápidamente su cintura y tiró de él hacia sí. Sentado sobre el colchón, acomodó a Woojeong sobre su muslo.



Frente a frente, Han Jaegang acariciaba en silencio la espalda de Woojeong. Su mano dócil consolaba el cuerpo de Woojeong mientras se movía despacio de arriba abajo.



—Quédate un momento. Iré por un poco de agua.



Al ver a Woojeong pasar saliva con dificultad, se levantó. Han Jaegang inclinó la cintura e intentó acomodarlo en el colchón, pero Woojeong se apresuró a rodearle el cuello con los brazos. En solo una noche, Woojeong experimentó por primera vez el consuelo y la seguridad de los cálidos brazos de otra persona, y le dio miedo separarse de su lado.



—¿Vamos juntos?



Cuando Woojeong asintió, Han Jaegang lo cargó sin decir más y salió del dormitorio. Sin muestras de fatiga, se dirigió a la sala y tomó agua embotellada del refrigerador. 



Como la postura de Woojeong era incómoda para beber, lo sentó sobre la mesa, luego abrió la tapa de la botella y se la entregó.



—Bebe. Tienes la boca completamente seca.



Woojeong tomó la botella de agua y se la llevó a los labios. Cuando tragó el primer sorbo de agua, sintió la sed que había estado teniendo.



Han Jaegang, que permaneció a su lado, tomó el agua que Woojeong dejó y se la bebió. Colocó la botella vacía sobre la mesa y miró tranquilamente a Woojeong, cuyos ojos ahora estaban a la misma altura que los suyos.


Su cabello humedecido por el sudor se le adhería a la frente y tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar. Sus labios, hinchados de tanto ser mordidos y succionados, lucían aún más provocativos.



Han Jaegang tocó la frente de Woojeong con la palma de la mano. La fiebre había bajado en cierta medida y su consciencia también parecía despejada. ¿Se calmaría el ciclo de celo de esta manera?



—Abrázame… 



Susurró Woojeong en voz baja y, con cuidado, colocó la mano sobre el hombro de Han Jaegang. ¿No era injusto decir eso en ese estado? Las inesperadas palabras de Woojeong lo complacieron.



Cuando Han Jaegang solo sostuvo sus manos a los costados de Woojeong y lo miró en silencio, las lágrimas pronto brotaron en los ansiosos ojos del chico.



¿Debería hacerlo llorar un poco más? Se sintió un poco cruel, y Han Jaegang sonrió con picardía. Tras observar un momento más, cuando se inclinó más cerca, Woojeong dejó escapar un aliento húmedo y le rodeó el cuello con los brazos.



Han Jaegang lo estrechó contra sí y caminó pausadamente de regreso al dormitorio. Dentro de la habitación a oscuras, sus feromonas y el aroma de su intimidad se esparcían en una mezcla caótica.



Recostó a Woojeong en la cama donde las sábanas estaban revueltas y besó sus labios hinchados. Deslizó su lengua húmeda a través de los labios entreabiertos y le robó su dulce saliva. Sentía sed a pesar de que acababa de beber agua.



****



Han Jaegang logró cerrar los ojos al amanecer, pero se despertó a su hora habitual. Se colocó el dorso de la mano sobre el párpado, luego giró la cabeza ante el pesado peso en su hombro.



Woojeong dormía a su lado. Con su brazo como almohada y una mano apoyada en su pecho mientras se acurrucaba, lucía cómodo.



—……



Para él, abrir los ojos al lado de alguien en la misma cama era algo desconocido, pero no se sentía mal. Han Jaegang permaneció inmóvil y miró tranquilamente a Woojeong. Aunque se veía un poco exhausto, sus suaves respiraciones sonaban pacíficas. Quizás los efectos secundarios del ciclo de celo aún persistían, pero al menos no era hasta el punto de preocuparse por un choque de feromonas como la noche anterior.



Han Jaegang estiró la mano y tomó el teléfono de la mesa de noche. Le envió un mensaje a Joo Yeongmo avisando que retrasaría un poco su hora de entrada a la oficina, y luego volvió a dejar el teléfono.



Se giró hacia su costado y abrazó con cuidado el hombro de Woojeong. Tratar con alguien que dormía también era algo incómodo para él.



—Mmm…



Tal vez se sintió incómodo con el tacto que percibió en sueños, porque Woojeong encogió el cuerpo y se enterró en su pecho. Su respiración cosquilleante rozó su pecho desnudo.



Han Jaegang, de forma natural, envolvió con su brazo la espalda de Woojeong. Déjandose llevar por una inesperada comodidad, acarició lentamente la suave piel y dejó escapar un suspiro lánguido. Aunque no solía ser afecto a quedarse dormido por la mañana, ahora no le resultaba fácil desprenderse de esa calidez y levantarse.



Jugó con el cabello de Woojeong y luego cerró los ojos. Su intención había sido solo recuperar el aliento, pero se quedó dormido otra vez.



****



Ya con la camisa puesta, Han Jaegang se sentó en el tocador por un momento para recuperar el aliento. Debido a que se había quedado dormido más de la cuenta de forma inesperada, solo tras recibir la llamada de Joo Yeongmo pudo despabilarse.



Abrochó los botones de su camisa con una mano mientras llamaba a Joo Yeongmo. Tan pronto como entró la señal, habló.



[—Sí, Director Ejecutivo.]



—Ya voy saliendo, así que ten el auto listo.



[—Está esperando. Señor, ¿qué debo hacer con respecto a Lee Woojeong?]



Eligió una corbata, la sostuvo en la mano y, de pie en la entrada del vestidor, miró hacia el dormitorio. En la sombría cama, atenuada por la cortina corrida a la mitad, la figura recostada allí todavía se encontraba en un sueño profundo, sin moverse.



—… No lo despiertes hasta que se levante por su cuenta. Cuando despierte, prepárate para que pueda tener comida o lo que sea que necesite de inmediato.



[—Sí, entendido.]



—Si la condición de Lee Woojeong empeora, arréglalo para que me contacten de inmediato, y busca a una persona adecuada. Exclusivamente para Lee Woojeong.



Tras dar por terminada la llamada, Han Jaegang se anudó la corbata y se puso el saco. Se aproximó a Woojeong y se sentó tranquilamente en la cama.



Woojeong dormía profundamente, ajeno a todo, en la cama donde habían rodado juntos toda la noche. La camiseta que le había puesto después de limpiarlo con una toalla tibia le quedaba demasiado grande, por lo que su pálida nuca quedaba expuesta. Como no había sentido ninguna necesidad de contenerse, la tierna piel aún portaba las marcas rojizas de su intimidad.



—… Se va a sorprender.



Acarició suavemente el hematoma rojo en el hombro de Woojeong, luego abrió la mesa de noche y sacó una pequeña caja. Era el brazalete que una vez había comprado en la galería de Yoon Hyunjun y que conservaba guardado.


Desabrochó el cierre del brazalete y lo colocó en el brazo de Woojeong, luego acarició suavemente su blanca muñeca. Tal como había pensado, el color y la forma le asentaban muy bien a Woojeong. El brazalete que siempre lo hacía pensar en él finalmente había encontrado su lugar, y eso le dio satisfacción.



​Han Jaegang levantó la manta y cubrió el hombro de Woojeong. Pegó una nota a su teléfono, lo colocó al lado del Woojeong que dormía y, con renuencia, se levantó. Querías quedarse al lado de Woojeong hasta que despertara, pero tenía una cita que no podía posponerse.



​Salió del dormitorio y, justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta, se dio la vuelta para mirar a Woojeong. A veces, en lugar de un sinfín de suposiciones y preocupaciones, era más efectivo enfrentar las cosas directamente. Ahora era uno de esos momentos. Tenía que mantener a Lee Woojeong en la Residencia Snow Reflection. La respuesta era simple.



​****


Woojeong parecía haber caído en un sueño del que no podía despertar. Como si estuviera compensando todo el sueño que había perdido, abría los ojos por cortos instantes y luego volvía a dormirse de inmediato.



​Cuando a duras penas logró incorporarse y sentarse, ya eran casi las cuatro de la tarde. En el espacio vacío a su lado, en lugar de Han Jaegang, se encontraba el teléfono con una nota adherida.



​«Fui a trabajar. Llámame cuando despiertes».



​Woojeong miró hacia abajo a la caligrafía de la nota y, antes de llamar, tomó primero la botella de agua que estaba en la mesa de noche.



​Tras saciar su sed, tomó el teléfono otra vez, pero no tenía el valor para presionar el botón de llamada. Atormentado por los recuerdos de la noche anterior que afloraron de repente, Woojeong solo se mordía las uñas. ¿Qué debería hacer ahora? ¿Cómo se suponía que explicaría que no había vuelto a casa y que había estado incomunicado?



​—¿Qué debería hacer…?



​Woojeong, que no dejaba de morderse las uñas, giró los ojos hacia el teléfono que se iluminó.



[Llámame si ya despertaste.] 04:19 PM



​Era como un mensaje de alguien que lo estuviera observando desde algún lugar. 



Como no podía seguir evitándolo, Woojeong presionó el botón de llamada.



​Cuando la llamada se conectó, al principio escuchó voces de personas que no conocía. Mientras esperaba por un momento, una voz familiar pronto le habló.



[—¿Despertaste?]



​—… Sí.



​[—Cómo está tu cuerpo.]



​—Creo que estoy bien.



​[—Enviaré a alguien, así que báñate y come. Dime si necesitas algo.]



​Woojeong se sentó abrazando sus rodillas y respondió sumisamente a sus palabras. No necesitaba que nadie lo ayudara y ni siquiera tenía hambre, pero sentía que debía responder.



​Justo ahora, Han Jaegang sonaba ocupado. Durante la llamada, le dijo a Woojeong que esperara un momento y respondió a las preguntas de alguien. Woojeong no pudo comprender el contenido, pero parecía una conversación seria.



​[—Entonces ve a descansar.]



​—Esto…



​[—Si tienes algo que decir, dilo.]



​Woojeong, que había vacilado y abierto los labios varias veces, a duras penas logró hablar.



​—Ayer no pude ir a casa sin avisarles. Hoy tampoco pude ir a la galería… No sé qué hacer.



​No sabía si estaba bien preguntarle algo como eso, pero no había nadie más a quien pudiera recurrir.



​La calma de ahora no era normal. Si Woojeong tuviera un teléfono del cual su familia supiera el número, ya estaría sonando sin parar. Sentía que podía escuchar las voces de Kang Eonju y Lee Doyoung desde algún lugar.



​[—Ya se lo dije al Director Yoon esta mañana. Respecto a tu casa, puedes decírselo más tarde, así que no te preocupes.]



​—Se preocuparán en casa.



​[—Lee Woojeong.]



​—Sí.



​[—Tú también lo sabes. En esa casa, no hay nadie que se preocupe por ti.]



​Woojeong se mordió los labios. Era tal como él decía. Su familia no se preocuparía por él; seguramente se enojarían porque no llegó a casa y estuvo sin comunicarse.



​Al final el asunto no pasaría en silencio, pero justo ahora Woojeong quería fingir que no lo sabía, tal como él decía. Solo por hoy. Como si nada hubiera pasado…



​[—¿Algo más que quieras decir?]



​Parecía que la llamada tenía que terminar ahora. Woojeong, sosteniendo el teléfono cerca de su oído mientras jugueteaba con la manta, dejó salir las palabras que había querido preguntar desde más temprano.



—¿Cuándo vendrá…, Director Ejecutivo?



No sabía qué se suponía que debía hacer en la Residencia Snow Reflection sin él. Tampoco le agradaba la idea de que viniera otra persona. En realidad, en este momento, incluso si alguien más estuviera a su lado, no creía que pudiera sentirse tranquilo.



[—En unas dos horas.]



—¿Dos horas?



[—No, creo que en una hora y media.]



—… Sí.



Tras finalizar la llamada, Woojeong se quedó recostado y encogido en la cama, sosteniendo el teléfono en la mano.



¿Acaso era una ilusión que su voz, al decir que vendría pronto, hubiera sonado más suave que antes? Woojeong miró el reloj en la pared y solo esperó a que el tiempo pasara rápido.



El dormitorio estaba impregnado de su aroma. Y eso parecía calmar un poco el ansioso corazón de Woojeong.




 

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