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Capítulo #10 "El Corazón Late Por Amor"

 


Capítulo 10


Ideun lo guio y Muhyeok lo siguió dócilmente. Ya que estaba descansando, Ideun pensó que debía evitar que se convirtiera en el centro de atención entre la multitud mientras comía algo.


Lo condujo hacia una mesa al aire libre situada entre la tienda y el taller.


—Descanse aquí antes de irse. Nadie circula por aquí excepto los empleados, y ahora todos están en el taller, así que no hay razón para que salgan.


Ideun le dio la explicación con un rostro amable.


Muhyeok dejó la bolsa de compras sobre la mesa. Movió sus largas piernas para sentarse en la silla y luego miró a su alrededor.


Para ser un espacio de uso exclusivo para el personal, estaba bastante bien decorado. Habían plantado césped y, aunque tenían forma de barrotes de hierro, también había vallas.


Hacía aproximadamente un mes que habían pintado la mesa de exterior, por lo que se veía impecable. La sombrilla roja que tenían instalada tampoco hacía mucho que la habían comprado.


Ideun sonrió con orgullo. Ya que iba a ofrecer un servicio, quería hacerlo como es debido.


—Un momento, por favor.


Lo dejó allí y entró de nuevo a la tienda. Salió con un vaso de café americano bien frío y Muhyeok levantó la vista.


—No bebo café si no es descafeinado.


Fue un reproche directo para alguien que se había esmerado en atenderlo.


—Solo bébalo.


—No podré dormir.


—¿Le digo que simplemente lo beba? Lo hice suave.


Si lo trato bien, es una mierda. Nunca se ha quejado por no ser atendido, pero en fin.


Ante la insistencia de Ideun, Muhyeok finalmente aceptó el vaso.


Dentro del cristal transparente, el café de un tono marrón claro y con cubitos de hielo chapoteaba cada vez que movía el vaso. La humedad se condensaba en la superficie del vidrio.


Muhyeok dejó el vaso y sacó un trozo de {—baekseolgi} envuelto individualmente.


Comer afuera podía parecer poco elegante, pero su pose de hombre refinado ya se había terminado desde que admitió que el pastel de arroz estaba delicioso al llegar a la tienda de la ciudad de Cheantaek.


Ideun se sentó frente a él y lo observó en silencio mientras comía.


Muhyeok parecía tener un paladar muy exigente, pero allí sentado se terminó varios. Empezó con el {—baekseolgi} y siguió hasta el {—injeolmi}.


—……


Muhyeok levantó la mirada. Era la primera vez que alguien lo miraba con tanta atención mientras comía, por lo que se sintió un poco desconcertado.


—Ajem…


Se aclaró la garganta y, para disimular su sorpresa, bebió un sorbo de café.


—¿No dijo que estaba ocupado?


—No podía dejarlo comiendo solo, da lástima.


—No se puede decir que comer solo dé lástima.


—A mis padres no les gusta. Dicen que les da lástima verme comer solo.


​Muhyeok recordó a los padres de Ideun, los dueños de la Pastelería de Arroz Dorada. Eran una pareja de mediana edad que transmitía una buena impresión.


Tener un negocio propio no debe ser tarea fácil, pero tenían arrugas afables marcadas alrededor de los ojos.


Con su generosa hospitalidad, nunca dejaban que los clientes se fueran con las manos vacías. Cada vez que iba, le entregaban algo adicional.


Había oído que cada festividad preparaban pasteles ellos mismos para enviarlos a un orfanato cercano o hacían donaciones.


Debía ser una familia llena de afecto. Al haber crecido con padres así, para Ideun podía resultar lamentable verlo comer solo bocado tras bocado.


​—……


​Muhyeok endureció su expresión. No quería recordar a su padre ni a su madre, ni siquiera por accidente.


Ideun rompió el silencio.


—¿Están ricos los pasteles de nuestra casa?


—Sí.


—¿Qué tanto?


—¿Por qué pregunta tanto?


La irritación se asomó en la voz de Muhyeok. Se había vuelto sensible tras recordar a sus padres.


Ante ese desahogo innecesario, Ideun abrió mucho los ojos por la sorpresa, pero pronto suavizó la mirada.


—Solo por curiosidad. Es bueno saber si los disfruta. Además, para mí es algo asombroso que colaboremos solo porque se ajustan al paladar del director.


—Somos una empresa de alimentos. ¿Qué tiene de malo generar beneficios a través de comida deliciosa?


Ideun sacudió la cabeza mientras sonreía y charló sobre algo que ni siquiera le habían preguntado.


​—En realidad, no comí mucho pastel de arroz después de tercero de primaria. No me gustaba que se pegara en la boca, y me molestaba el polvo de soja, ya fuera mucho o poco.


​—……


​—Ahora me gustan, pero cuando era niño también odiaba los frutos secos. Incluso muchas veces deseé que mis padres tuvieran una panadería en su lugar.


Muhyeok, en vez de responder, sostuvo la mirada de Ideun. Sus ojos eran claros y de un color profundo.


—Bueno, esto es algo infantil pero…… la persona que me gustaba en la adolescencia dijo que los pasteles de nuestra casa estaban deliciosos.


—……


—Desde entonces empecé a comerlos de nuevo poco a poco. Pensé: {—Si esa persona dice que están ricos, ¿por qué no pruebo yo también? ¿Qué clase de sabor tienen para ser tan buenos?}, algo así.


No eran cercanos en lo personal, pero Ideun exponía su propia vida sin reservas. El rostro del hombre que sonreía alegremente le resultaba fascinante a Muhyeok.
Por alguna razón, no podía apartar la vista.


—……Me alegra que digan que están ricos. Que alguien disfrute el pastel y diga que le gusta es algo realmente gratificante para el vendedor. Si se vende mucho, se gana dinero, pero creo que hay un orgullo que va más allá de lo económico.


Al principio Ideun se irritaba y se mostraba esquivo, pero ahora lo trataba con total naturalidad.


Probablemente esta era su verdadera personalidad: alguien que no levanta muros y trata a cualquiera con comodidad.


Una sonrisa se extendió en los labios de Ideun mientras seguía hablando.


—Han salido muchos postres modernos, pero el pastel de arroz…… no es pesado y es delicioso. Aunque claro, engorda un poco, así que usted también tenga cuidado, director.


Ah……


De repente, Ideun estiró la mano y Muhyeok se quedó petrificado en su lugar.


​La mano del hombre tocó la comisura de los labios de Muhyeok. Parece que tenía algo pegado; en la punta del dedo de Ideun quedó un poco de polvo de soja amarillento.


{—¿Qué acaba de…… hacer?}


Ante la repentina acción, Muhyeok echó la cabeza hacia atrás. Miró fijamente a Ideun con asombro.


Los ojos de Ideun también se agrandaron gradualmente mientras su mano, que había quedado suspendida en el aire, descendía lentamente.


—¿Qué cree que está haciendo?


Ante esas palabras que lo presionaban con frialdad, Ideun recién entonces tomó conciencia de su comportamiento.


{—¿Q-qué acabo de hacer? ¿Acaso bajé la guardia solo por haber charlado un poco?}


Se levantó con torpeza, se alejó apresuradamente de la silla y retrocedió hacia el taller.



—E-entonces, continúe con lo suyo. Nos vemos el viernes.


Se despidió con una reverencia de 90 grados y huyó hacia el interior.



Muhyeok, que se quedó solo, miró en silencio el lugar por donde él había desaparecido.


—Tsk……


Soltó un chasquido de irritación y se limpió la boca. Realizó gestos nerviosos uno tras otro.

****


​En las noches de insomnio, los pensamientos innecesarios suelen multiplicarse.


{—Dijo que hizo el café suave, pero parece que estaba bien cargado.}


Muhyeok daba vueltas en la cama. Para él, era inusual no poder conciliar el sueño.


​Él se despertaba a las 5:00 a.m. para correr o nadar durante una hora; luego desayunaba algo ligero y se iba a trabajar.


Como también hacía entrenamiento de fuerza al terminar la jornada, solía llegar a casa rendido y quedarse dormido de inmediato.


Por lo tanto, solo había una causa posible: el café que bebió durante el día.


Ese café que el representante de la Pastelería de Arroz Dorada le entregó, e incluso ante el cual insistió de forma desconsiderada a pesar de haberlo rechazado una vez, obligándolo finalmente a beberlo.


No podía dormir por culpa de ese café.


—……


Muhyeok se quedó acostado mirando el techo e intentó recordar al hombre llamado {—Jung Ideun}. Era un tipo temperamental y con un sentido de la justicia exagerado.


Aun así, le resultaba ridículo cómo había bajado la guardia y charlado de su vida privada solo por haber cruzado unas palabras.


Parecía alguien que jamás se había topado con una persona hostil.


Esa forma de ser tan sociable le recordaba a un perro mestizo criado en un patio de campo.


Realmente era absurdo. Un calificativo tierno como {—cachorro} no era una palabra adecuada para un hombre cualquiera. Además, era un apelativo que se usaba solo con seres queridos, como una pareja o la familia.


Muhyeok no lo entendía bien porque no había tenido una relación amorosa en sus treinta y cuatro años de vida.


En su adolescencia tuvo que cuidarse por culpa de un padre estúpido y necio, y en sus veinte, su propia supervivencia ya era una lucha feroz. No tenía energía para dejar entrar a otra persona, y eso seguía igual hasta el día de hoy.


Lo único que poseía eran bienes materiales. Por eso, se sintió más esquivo ante el gesto de Jung Ideun, quien le limpió la comisura de los labios.


​Quizás para Ideun, que creció recibiendo afecto, fuera algo natural, pero para Muhyeok era un contacto que nunca había experimentado.


Cuando era un niño torpe para comer, hubo veces en las que se manchó la boca, pero en aquel entonces solo recibió desprecios y burlas mientras lo limpiaban.


—Es un hombre extraño.


Muhyeok apoyó el brazo sobre su frente. Murmuró para sí mismo en la soledad de su habitación.


​—Me alegra que digan que están ricos. Que alguien disfrute el pastel y diga que le gusta es algo realmente gratificante para el vendedor. Si se vende mucho, se gana dinero, pero creo que hay un orgullo que va más allá de lo económico.


​Las palabras de aquel hombre volvieron a su mente. Muhyeok no podía identificarse con ellas. Él también era, a fin de cuentas, un hombre de negocios, pero le resultaba difícil empatizar con ese sentimiento.


—……


Sentía el pecho oprimido por una pesadez de origen desconocido. ¿Acaso le dio indigestión por comer demasiado pastel de arroz? Se incorporó lentamente y apoyó la espalda en el cabecero de la cama.


La luz de la luna bañaba sus pectorales firmes, sus abdominales bien definidos y la manta de seda que cubría apenas su parte inferior.


Muhyeok tomó su teléfono y, bajo la luz lunar, entró en KakaoTalk. Entre los contactos de su agenda digital, apareció la de la Pastelería de Arroz Dorada.


Técnicamente era el perfil de Jeong Ideun, pero él lo había saturado todo con información de la tienda.


—No le queda nada bien.


¿Qué clase de ambición tendría un hombre que apenas ronda los veinte años para llenar su foto de perfil, su fondo e incluso su estado con publicidad de la pastelería?


Al parecer, su inquietud se debía simplemente a que el proyecto no estaba avanzando con rapidez.


​Muhyeok dejó un mensaje en el dispositivo del Jefe Kim: que fijara cuanto antes la agenda para visitar las sucursales junto al representante de la Pastelería de Arroz Dorada.






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