Extra #3 "Jefe, Por Favor Críeme Con Leche"
Extra 3
"El zorro fennec que trabaja a tiempo parcial"
Era una mañana de julio donde la temperatura, que ya sugería un calor abrasador, y una humedad lo suficientemente pegajosa como para drenar las fuerzas de cualquiera, se hacían sentir. Para la mayoría de los oficinistas, un lunes por la mañana con una lluvia torrencial cayendo a cántaros sería un momento de todo menos bienvenido, pero en este mundo siempre existen las excepciones.
—Seo Yeoul-ssi. Ya es hora de levantarse y desayunar.
La expresión del hombre, que disfrutaba de una atmósfera melosa con su zorro fennec recién salido de vacaciones el mes pasado, recordaba a un soleado viernes de primavera. Y lo mismo ocurría con Yeoul, quien soltaba carcajadas atrapado en los brazos del hombre que, mientras le decía que se levantara, lo abrazaba con tanta fuerza que no lo dejaba moverse y lo colmaba de besos.
—¡Ah, hyuuung! ¡Ya estoy despierto! ¡Le digo que ya desperté! —paroteaba el chico mientras agitaba su cola y se quejaba fingidamente—. ¿Y si llegamos tarde por esto?
En lugar de pasar sus primeras vacaciones de la vida holgazaneando y durmiendo hasta tarde, Yeoul había decidido dedicarlas a una actividad productiva como un trabajo a tiempo parcial. Se veía incluso más lleno de vitalidad que cuando corrió a casa recién terminados sus exámenes finales.
Bueno, no es que sus gustos se hubieran vuelto repentinamente extraños como para preferir el sofocante clima de verano por encima del aire fresco del aire acondicionado en el dormitorio.
—Está bien. Si vas a trabajar conmigo, ¿quién se va a atrever a decir algo por llegar tarde? Nadie dirá nada.
—Nooo, bueno, eso es cierto, pero... ¡Usted dijo que hoy tenía mucho trabajo en la oficina! Vayamos rápido para trabajar y así salir temprano, ¿sí?
Simplemente le encantaba el hecho de poder ir a trabajar y regresar a casa juntos, al mismo tiempo.
—¿Quién te dio permiso para ser tan lindo cuando acabas de decir que vayamos a trabajar? —susurró el hombre con los ojos entrecerrados, recorriendo con la mirada las arruguitas que se formaban en la nariz y los ojos de Yeoul al sonreír—. Me dan ganas de pedirme el día libre ahora mismo.
El hombre parecía a punto de abalanzarse sobre su amante en cualquier momento, y Yeoul, que sonreía con picardía debajo de él, tuvo que reír a carcajadas y gritar "¡Dije que no!" varias veces antes de lograr escapar de la cama.
Incluso después de haber logrado zafarse de las manos de Yi-gyeol para entrar al baño, lo primero que hizo Yeoul al salir de ducharse fue correr a la cocina y colgarse de la cintura del hombre. A estas alturas, resultaba confuso si de verdad tenían intención de prepararse para ir al trabajo o no.
—Hyuuung, ¿qué hay de desayunar hoy?
—Tostadas francesas y ensalada. ¿Hay algo más que quieras comer?
—No, con eso es suficiente. Por cierto, ¿de verdad no puedo preparar yo el desayuno mañana? ¡Esto parece fácil!
Aun mostrando sus ganas de cocinar que todavía no había abandonado, Yeoul echó un vistazo a la reacción del hombre cuando este le preguntó con una risa baja: "¿Quieres que nos tomemos el día libre mañana juntos?". Entonces, Yeoul abrió la boca dócilmente pidiendo que lo alimentara, como si de verdad tuviera muchas ganas de ir a trabajar.
"Ay, ¿por qué nuestro Seo Yeoul-ssi tiene que ser tan adorable desde temprano?".
Yi-gyeol, para quien su comentario anterior no había sido del todo una broma, se lamió los labios con pesar antes de poner un trozo de ensalada en la boca del chico.
—¡Guao! Esto está delicioso —exclamó Yeoul con los labios ocupados masticando y admirando la comida, pareciendo no notar las intenciones ocultas del hombre.
De esa manera, comenzaba el lunes de la segunda semana del inmensamente feliz trabajo a tiempo parcial del híbrido de zorro fennec, Seo Yeoul.
****
A estas alturas, no hacía falta ni decirlo: el hecho de que Yeoul terminara trabajando a tiempo parcial fue el resultado exclusivo de su propia e insistente terquedad por querer trabajar.
¿Y cómo no iba a ser así?
A Yi-gyeol ya se le quemaba la sangre solo con ver a Yeoul asistir a la universidad —aquel sueño que el chico llamó su "primer deseo" tras salir del zoológico—, así que la idea de un trabajo a tiempo parcial era lo último que quería escuchar.
Sinceramente, Yi-gyeol tenía dinero suficiente para que ambos vivieran sobrados por el resto de sus vidas. Su sueño secreto era renunciar a su puesto de director general y quedarse encerrado en casa con su adorable amante para entregarse al placer por siempre. Por eso, la propuesta de Yeoul fue para él como un rayo en un cielo despejado.
Sin embargo, aquel invierno, el chico que brillaba con la ilusión de ser su secretario no tenía una determinación cualquiera.
—Hyung, entonces... creo que en el futuro buscaré trabajo en un hospital veterinario cerca de tu empresa. He estado investigando, mira esto. Hay tres hospitales cerca. Con tantos, ¿no crees que en alguno podré trabajar?
Solo habían pasado dos días desde que anunciaron los resultados de admisión a la universidad. Apenas regresaban de una gran fiesta de celebración en la casa principal, y el chico ya trazaba su futuro post-graduación antes siquiera de empezar las clases. En su cabeza, la opción de simplemente "jugar y descansar" no existía.
—Ah, mmm... —Yi-gyeol, momentáneamente sin palabras, echó un vistazo a la pantalla del móvil que Yeoul le acercaba—. Un hospital veterinario... Tendrías que ver animales enfermos todo el tiempo, ¿no sería muy agotador? Así que, por ahora, mejor descansa…
Intentó disuadirlo, pero en ese instante, Yeoul —asintiendo como si estuviera de acuerdo— pasó de inmediato a otra página.
—Entonces, ¿sería mejor una peluquería canina? Hay dos por aquí. Si voy un poco más lejos, ¿hay cuatro? He mirado el plan de estudios de mi carrera y hay clases de "Fundamentos y Prácticas de Estética Canina". No tengo mucha confianza, pero ¿no mejoraré si practico? Al principio no sabía ni preparar café, pero con el tiempo aprendí.
... ¿No crees que preparar café y la estética canina están en niveles muy diferentes?
Yi-gyeol se tragó las palabras que le subían por la garganta. Nunca se alegró tanto de ver un semáforo ponerse en verde.
—Pensemos en eso con calma. Todavía falta mucho para la graduación. Ahora estoy conduciendo, así que hablemos de esto más tarde.
Por suerte, Yeoul no tenía intención de seguir agobiándolo mientras conducía. "Siii", respondió dócilmente mientras retiraba el móvil. Aun así, durante un buen rato siguió moviendo los pies con entusiasmo mientras buscaba algo en el teléfono. Yi-gyeol suspiró aliviado, pensando que había superado la crisis.
No sabía que aquello era solo el principio.
Al día siguiente: —¡Hyung, hyuuuuung! ¡He investigado dónde pueden trabajar los de mi facultad...!
Después de la orientación de la facultad: —¡Yi-gyeol hyuuuung! ¡Mira esto conmigo! En este folleto dice…
Justo al empezar el semestre: —¡Sabes qué, hyung! ¡Hoy un compañero me contó que...!
—...
Realmente, era la primera vez en su vida que Yi-gyeol se enteraba de que existían tantos trabajos relacionados con las mascotas. Y también, de que entre todos ellos, no hubiera ni uno solo que le convenciera.
... Bueno, si le preguntaran si realmente quería que Yeoul trabajara, se sentiría un poco culpable, pero... Estrictamente hablando, había una posibilidad. Si era un trabajo donde el chico —que ya había sufrido por culpa de la gente— no tuviera estrés, no tuviera que esforzarse físicamente en exceso ni correr riesgos de lastimarse, y que además fuera gratificante.
Era extraño. Incluso dejando de lado el salario (que suele ser el factor más importante), no encontraba ningún empleo que pasara su control de calidad. Yi-gyeol quería decirle sinceramente.
¿No podrías simplemente quedarte queriendo a Raon y queriéndome a mí como ahora? Si quieres, traeré más amigos animales a casa.
No era broma; Yi-gyeol estaba dispuesto a arrodillarse si eso hacía que el chico aceptara su deseo. Pero Yeoul, con su rostro radiante, aplastó esa posibilidad desde la raíz con crueldad.
—¡Yo también quiero ganar dinero pronto y ser una persona de provecho!
Yi-gyeol se quedó mudo otra vez. Persona de provecho... No crees que la idea de que hay que ganar dinero para ser "de provecho" es un pensamiento un tanto debatible...?
Estuvo a punto de decir eso con mucho cuidado, pero... ... Espera un momento. ¿Eso significa que si yo dejo de ser director general, dejaré de ser una persona de provecho?
Ese pensamiento cruzó su mente como un escalofrío, obligándolo a tragarse sus palabras. Mientras él se consumía por dentro, el chico en sus brazos, con sus orejas de zorro tiesas, se veía simplemente radiante.
—Cuando recién salí del zoológico, pensaba que podría vivir de cualquier manera. Pero al vivir aquí, ¡me di cuenta de que sin dinero no se puede hacer nada! Así que he decidido trabajar y ganar dinero para mantenerme hasta que me muera. Ya entré a la universidad, así que casi lo consigo, ¿verdad, hyung?
Yeoul sonreía con orgullo, mordiéndose la lengua ligeramente de pura felicidad. Ante un chico que sentenciaba su opinión de esa forma, ¿qué podía decir él?
¿Hasta que se muera...? Yi-gyeol, congelado por aquella declaración impactante, solo reaccionó cuando escuchó al chico llamarlo: "¿Hyung?".
—... Es cierto. Sí, tienes razón.
Su garganta se sentía áspera como papel de lija mientras intentaba darle la razón. No fue raro que el cerebro de Yi-gyeol empezará a trabajar a una velocidad sin precedentes.
Si el chico insistía tanto en trabajar... Entonces, yo crearé ese puesto de trabajo. ¡Un trabajo sin estrés, sin riesgos de heridas y gratificante!
Saber que tenía la capacidad de hacer eso realidad fue el mayor consuelo para Yi-gyeol en ese momento. Aunque, por supuesto, no sería una noticia agradable para los empleados que tendrían que materializar esa idea improvisada; personas como Jinho o el secretario Lee.
—Pongamos esto en marcha, secretario Lee. —... ¿Perdón? —Revise la demanda interna y presénteme un informe resumido con las reacciones. —¡No, espere, director! ¿A qué viene esto tan de repente...? —Ah, por supuesto, la encuesta debe hacerse en todos los departamentos. Si la reacción es buena, preparen también una nota de prensa de inmediato.
"En mi opinión, la demanda sobra", pensó Yi-gyeol, convencido tras haber escuchado de boca de Yeoul todo sobre el número de hogares con mascotas en Corea y las perspectivas del sector.
—Ah, esto... funcionará... —Hasta Jinho, que se quejaba de por qué creaba más trabajo, terminó aceptándolo tras entender el concepto. El resultado era obvio.
Dos semanas después, los medios publicaron la noticia en portada. Fue un proyecto impulsado gracias al apoyo entusiasta de los secretarios y empleados. Yi-gyeol estaba sumamente satisfecho. Y Yeoul, al enterarse de la noticia en los brazos del hombre tras su llamado cariñoso, también lo estaba.
—¿Voy a trabajar en la empresa de hyung? ¿Está bien hacer eso? —preguntó Yeoul emocionado, moviendo sus orejas. Pero luego, recordando algo, se sonrojó y abrazó su cola esponjosa antes de añadir.
—Pero, hyung... ¿entonces no tengo que preocuparme por "eso"? Lo que dijiste la otra vez... sobre trabajar juntos en la oficina... sobre el escritorio y el sofá…
La expresión del chico, jugueteando con el pelo de su cola y con las mejillas sonrosadas, no dejaba claro si le daba miedo o si lo estaba esperando. Yi-gyeol no respondió; simplemente lo cargó en brazos y lo llevó al dormitorio.
Aquella noche, Yi-gyeol se encargó de demostrarle personalmente que lo que le había contado no eran simples advertencias, sino cosas que estuvo a punto de hacer y que solo se quedaron en "intentos" por pura fuerza de voluntad.
Mmm. Fue un tiempo muy educativo. A pesar de que Yeoul había dicho que no quería ser secretario, terminó tan excitado y gimiendo tanto que Yi-gyeol disfrutó de él hasta el último segundo.
Él pensaba que tenía suficiente autocontrol para no llevar sus impulsos a la práctica en la oficina, pero tal vez... su plan era realmente peligroso.
Con esa vaga comprensión, Yi-gyeol apretó las riendas de su razón y frenó. ¡Iiiiik! El coche se detuvo en el aparcamiento de forma algo brusca. Se dio cuenta un segundo tarde de que ya habían llegado tras conducir lentamente entre la fila de vehículos bajo la lluvia.
Pero él no era el tipo de hombre que mostraría ese error. Ocultando con naturalidad el hecho de que la sangre empezaba a bajar debido a sus pensamientos impuros desde la mañana, Yi-gyeol cuidó de Yeoul como siempre.
—¿Tienes tu tarjeta de identificación? ¿Y el paraguas? Está lloviendo fuera.
A pesar de haber aparcado en el sótano que conectaba directamente con el edificio principal, la actitud del hombre al soltarle el cinturón de seguridad y mencionar el paraguas era tan natural que Yeoul, tras ladear la cabeza confundido, pronto empezó a parlotear alegremente.
—¡Sí! Tengo mi tarjeta y el paraguas bien guardados.
Tras abrir la mochila llena de cosas por la excesiva preocupación del hombre, el chico asomó los labios pidiendo un beso como si fuera lo más lógico del mundo. Era una petición atrevida en un aparcamiento lleno de cámaras de seguridad, pero el hombre, que sabía de sobra que el interior tintado era invisible para las cámaras, se deshizo de amor ante tanta ternura y lo besó una y otra vez.
Como dicen, "cada oveja con su pareja"; a los dos les llevó, como de costumbre, un buen rato salir del coche.
****
Bip. Wiiiing. Bip. Wiiiing.
Cada vez que un empleado con rostro sombrío pasaba por el quiosco de acceso, el sonido electrónico y el zumbido mecánico se alternaban rítmicamente. Eran las tarjetas de identificación marcándose y las puertas abriéndose. Sin embargo, a veces ese ritmo monótono se rompía con una exclamación muy humana.
—Ay, no…
El joven Lee, un empleado novato de veintitantos que apenas había logrado entrar en la última convocatoria pública, hurgó en su mochila vacía y encogió el cuello como una tortuga. ¿No tengo... mi tarjeta? En esa etapa donde todo en el trabajo parece difícil, el novato puso cara de pánico y miró a su alrededor, solo para ser interceptado por un guardia de seguridad de aspecto severo.
—¿No la trajo? Pase por aquí.
—S-sí... —respondió casi en un susurro. Abrazo su mochila (la cual había cambiado a última hora para no mojar su precioso maletín de cuero nuevo con la lluvia) y caminó cabizbajo.
"Qué mala suerte tengo hoy. No debí cambiar de mochila". Mientras se sumía en un autorreproche inútil, le tendieron un registro.
—Anote aquí su número de empleado, nombre y hora de entrada. Al entrar, solicite una tarjeta temporal —instruyó el guardia con una rigidez digna de un manual de seguridad. El novato pensó con asombro: ¡Así que esto es la sociedad laboral!
Pero justo cuando terminaba de firmar y soltaba el bolígrafo…
—¡Buenos días!
Una voz alegre resonó a sus espaldas. Era una voz radiante, capaz de mejorar el humor de cualquiera, contrastando por completo con el cielo gris y la lluvia torrencial del exterior. Sin embargo…
—¡Vaya! ¡Hoy también llegó temprano!
Lo que resultó asombroso, e incluso un poco desconcertante, fue ver cómo el rostro del guardia —que hace un segundo era puro hielo— se iluminaba de repente. Pero la sorpresa no acabó ahí.
—¡Ja, ja! ¡Pase, pase! ¡Le abriré la puerta de inmediato!
—¿...?
El joven novato sintió una punzada de injusticia. ¡A mí me obligó a llenar el registro para abrirme! ¡Retiro lo que dije sobre ser un modelo de la sociedad! Mientras maldecía internamente, sintió curiosidad por saber quién recibía ese trato tan especial y lanzó una mirada de reojo.
—¡!
Su mirada, que empezó como una simple curiosidad, se congeló al instante. El rostro del novato se puso pálido como si hubiera visto a un depredador. La persona que estaba detrás de él le resultaba demasiado familiar.
¡Esa expresión gélida que parecía traer el viento del noroeste de Siberia! ¡Esa frente, ese puente nasal y esa mandíbula afilada bajo el flequillo peinado hacia un lado! No cabía duda: era el Director General Han Yi-gyeol, el hombre que se había convertido en el sinónimo de sus pesadillas desde la entrevista con los directivos.
En su cuarto mes de trabajo, donde incluso estar frente a un jefe de sección le causaba ansiedad, el novato bajó la cabeza profundamente para evitar cualquier contacto visual con el gran jefe. Y en ese momento, al clavar la vista en el suelo, tuvo una revelación.
¡Ah, entonces el dueño de esa voz de hace un momento es "ese" Seo Yeoul-ssi!
Con esa comprensión, se descubrió a sí mismo levantando la cabeza poco a poco. No era por valentía ante el Director General, sino porque su curiosidad por la celebridad más famosa de la empresa venció a su miedo.
Y es que, ¿acaso Seo Yeoul-ssi era una persona común? Para nada. ¡Él mismo había escuchado con sus propios oídos cómo su Jefe de Sección lo invocaba como a un amuleto cada vez que había problemas difíciles!
Recordó vagamente un día de entrega de informes. El Jefe de Sección, con el rostro oscurecido, revisaba los papeles una y otra vez mientras se tiraba de los pelos.
—¡Ah, en un día como hoy debería estar Seo Yeoul-ssi! Oiga, Asistente Jeong, ¿no han dicho nada desde la oficina de secretaría?
—Bueno, hasta el almuerzo no sabía nada —respondió la Asistente Jeong levantándose—. ¿Quiere que llame discretamente a la oficina, Jefe?
Mientras el Jefe se frotaba la frente y buscaba algo en sus bolsillos (probablemente para irse a fumar del estrés), el novato se asomó a su compañera.
—Disculpe, Asistente... ¿quién es Seo Yeoul-ssi?
—Ah... es como el amuleto de la suerte del Jefe —le susurró ella—. No sé los detalles, pero dicen que cuando él está cerca, una regañina de una hora se reduce a diez minutos. Yo tampoco lo he visto, pero eso cuentan.
Poco después, escuchó a la Asistente Jeong por teléfono.
—Sí, Secretario Park, soy yo... ¿Alguna buena noticia sobre Seo Yeoul-ssi hoy? Es que nuestro Jefe está... ¿Ah? ¿Llamaron al Secretario Lee a la oficina del Director? ¡¿De verdad?! ¡Muchas gracias!
En cuanto colgó, llamó de inmediato al Jefe.
—¡Jefe! ¡Debería venir rápido! ¡Han llamado al Secretario Lee a la oficina del Director General!
El Jefe de Sección y el Gerente salieron disparados como el viento. El novato se quedó atónito. Y exactamente 27 minutos después, cuando ambos regresaron secándose el sudor con una sonrisa de oreja a oreja, él seguía sin entender nada.
La confirmación llegó en una cena con sus compañeros de promoción.
—Oigan, ¿les cuento algo increíble que pasó en mi departamento? —dijo uno bajando la voz. La palabra clave fue la misma: "Seo Yeoul-ssi".
—¿A ustedes también? ¡A nosotros nos pasó lo mismo!
Los novatos se dieron cuenta de que la "bendición de Seo Yeoul-ssi" no era cosa de un solo departamento. ¡Era real! Poco después, la empresa entera se revolucionó con un comunicado oficial sobre nuevos beneficios: un sistema de costos fijos para veterinarios y servicios de guardería para mascotas durante la jornada laboral.
Para los empleados con mascotas, Seo Yeoul-ssi se convirtió en un ángel o un salvador. Incluso se planeaba crear un jardín en la azotea para paseos seguros. Los rumores decían que él mismo le había hablado al Director General sobre las necesidades de los hogares con mascotas.
—¿Has visto a Seo Yeoul-ssi? —No, los de secretaría lo ven siempre, pero yo no tengo oportunidad.
Para un empleado común que nunca entraba al despacho del Director, Seo Yeoul era una figura mítica. Hasta que ocurrió lo del lunes pasado.
—Buen dí... —¡Oye, oye! ¡Lo vi! ¡Acabo de ver a Seo Yeoul-ssi! —un compañero entró gritando como un loco al pasillo.
—¡¿Qué?! —Todos los que pasaban por allí se detuvieron en seco. —Está en el centro de bienestar animal del primer piso. Fui a dejar a mi gato con el veterinario y vi a un empleado a tiempo parcial que no conocía. ¡Y el doctor lo llamó "Seo Yeoul-ssi"!
Desde ese día, las reservas de servicios veterinarios se convirtieron en una guerra similar a la compra de entradas para un concierto, y la gente empezó a "perderse" sospechosamente por el primer piso.
Por eso, el tímido novato no pudo resistir la tentación cuando vio su oportunidad en la entrada. ¡Yo también quiero ver a Seo Yeoul-ssi!
Tragó saliva, reunió valor y levantó la vista. Las dos celebridades acababan de cruzar el quiosco que el guardia les abrió con una reverencia. En ese breve instante, a menos de un metro de distancia, el novato se quedó con la boca abierta.
—Muchas gracias... —dijo un joven de rostro infantil y expresión algo alicaída: Seo Yeoul. Pero lo que realmente lo dejó en shock fue el hombre que caminaba detrás.
¡¿El Director General se está riendo?!
Si su visión de 1.2 no le fallaba, era cierto. El Director se tapaba la boca ligeramente mientras sus hombros temblaban, y se alcanzó a oír una risa baja. En ese momento, el impacto fue tan grande que el novato solo pudo quedarse mirando sus espaldas mientras se alejaban.
Si les digo a los demás que el Director General se rió así... ¿me creerán? Ni yo mismo lo creo…
—Oiga, ¿ya terminó de anotar? Pase de una vez —le dijo el guardia, recuperando su tono seco.
El novato caminó rígidamente hacia los ascensores. Por suerte, las dos figuras pasaron de largo los elevadores y se dirigieron hacia el centro de bienestar animal.
A salvo de miradas curiosas por un momento, la conversación entre los dos amantes era muy distinta.
—Seo Yeoul-ssi —la voz de Yi-gyeol temblaba de risa, conteniendo el deseo de rodear la cintura del chico. Ah, si estuviéramos en casa, ya te habría girado por esas mejillas suaves para besarte.
Aunque sabía que estaban en la empresa, Yi-gyeol no pudo evitar tocar con la punta de su dedo esa mejilla blanca bajo la excusa de acomodarle el hombro. Se veía demasiado tierno con ese gesto alicaído al pasar por el quiosco.
—¿Sí...? —respondió Yeoul con docilidad, intentando actuar con madurez a pesar de su evidente desánimo.
Yi-gyeol, debatiéndose entre fingir que no notaba nada o molestarlo, sucumbió a la tentación.
—Si quieres, puedes volver a salir un momento. Yo te espero aquí.
Yeoul bajó la vista hacia su tarjeta de identificación, la cual aún no había tenido oportunidad de usar para abrir la puerta. Si sus orejas de zorro estuvieran fuera, estarían caídas sin energía.
—No... —murmuró apretando los labios—. La usaré cuando salga del trabajo.
Yi-gyeol soltó un suave suspiro interno. Le daba pena el chico que el viernes pasado estaba tan emocionado con su nueva tarjeta oficial: "¡Guao! ¡¿Ahora puedo entrar y salir solo?! ¡¿Si marco esto se abre el quiosco?!".
Lo siento, pero... dudo que puedas usarla mucho mientras estés conmigo. Yi-gyeol se tragó la verdad. No quería arruinarle la ilusión.
—Está bien. Espero que puedas usarla sin falta al salir.
No le mencionó que, si de verdad quería usarla, solo tenía que salir de la empresa sin él. Pero como Yeoul no tenía la más mínima intención de poner un pie fuera del edificio sin su pareja, daba igual.
—Al almuerzo iré al piso 35. Sé que hoy estás ocupado, hyung.
—¿Harías eso por mí? Entonces pediré que preparen algo que te guste.
—Sí. Pero, hyung... no mandes demasiado al Asistente Lee a hacer recados.
—¿Por qué? Le pagó mucho precisamente para eso. ¿Acaso Jinho te dijo algo?
—Nooo, no es eso. Es que si lo mandas mucho, el Asistente Lee entra todo el tiempo a tu oficina. Mejor pidamos algo sencillo para comer nosotros dos —dijo Yeoul con las mejillas sonrojadas.
—¿Ah, es por eso? Entendido. Comamos algo rápido y disfrutemos los dos solos hasta que termine el descanso.
Caminando lentamente para alargar su cita secreta en la oficina, los dos eran, sin duda, el uno para el otro.
****
El “Centro de Bienestar Animal”, creado tras remodelar la zona interior del primer piso donde antes se alineaban las salas de reuniones comunes.
Aunque originalmente su apertura estaba prevista para julio, gracias al entusiasmo ferviente de los empleados, abrió sus puertas un mes antes. El lugar se dividía en dos grandes espacios: una clínica improvisada para consultas y cirugías menores, y un área de pet-sitting que funcionaba como sala de estética y patio de juegos.
Ya era sorprendente que una empresa común tuviera instalaciones para mascotas, pero... para el Director Choi y la Gerente Im, asignados al centro, eso no era lo más asombroso.
Primero, ¡las instalaciones! Era obvio que, al ser nuevas, estarían impecables. Pero que contara con equipos médicos de última generación y de altísimo costo, superando a la mayoría de las clínicas veterinarias privadas, era otra historia. ¡Esta era la clase de una gran corporación! El Director Choi, que trabajó siete años en un hospital veterinario universitario y nunca vio tal despliegue de lujo, estaba extasiado por el "olor a dinero" que emanaba de cada rincón.
Segundo, ¡el sistema! ¡Reserva previa obligatoria! ¡Imposible usarlo sin cita! Un sistema de gestión impecable que mantenía el número exacto de casos. Tras años de ser molidos física y mentalmente por oleadas interminables de clientes, Choi e Im exclamaron al unísono: ¡Esto es tener vida después del trabajo!
Tercero, ¡la clientela limitada! Todos los que visitaban el centro eran oficinistas de una gran corporación. No se sabía la razón exacta, pero todos los empleados de esta empresa eran extremadamente educados. ¡Unos modales increíbles! Los dos, que vivían cada día sin lidiar con clientes conflictivos, no podían ser más felices.
Y finalmente el cuarto punto, ¡el dinero! Sinceramente, esto era lo más importante. El Director Choi y la Gerente Im frotaron sus ojos al ver el anuncio de empleo. El trabajo era el mismo de siempre, ¡pero el sueldo indicado era el doble del habitual! Al principio temieron que fuera una estafa, luego temblaron en la entrevista por la multitud de candidatos, y tras ser aceptados, se preguntaron por qué los habrían elegido a ellos entre tantos aspirantes brillantes.
Sin embargo, tras obtener una revelación la semana pasada, se preguntaron en voz baja: —Gerente Im. Por casualidad, en su entrevista... ¿mencionaron algo sobre los híbridos? —¡Ah! ¡Sí, sí! ¿Entonces a usted también, Director Choi...?
Al final de una entrevista que parecía demasiado normal, les habían lanzado una pregunta extraña: "¿Ha conocido alguna vez a un híbrido?". Ahora lo entendían. Sí, ahora todo cobraba sentido.
Mientras terminaban sus citas del día y se disponían a disfrutar de un café, observaron a alguien sepultado entre dos perros grandes, tres pequeños y dos gatos. No importaba si los animales eran sociables o tímidos; todos se arremolinaban sobre él. Era una escena pacífica, casi íntima, que iba más allá de lo normal.
Yeoul, que sentado no era mucho más alto que los perros grandes, estaba acurrucado mientras los perros pequeños y los gatos maullaban y ladraban reclamando su regazo. Ver a los perros grandes dándole palmaditas con las patas a los pequeños como para calmarlos…
¿No parece que los animales están cuidando a la persona en lugar de al revés? ¿Es esto posible, Director Choi? La mirada de la Gerente Im pedía respuestas, pero Choi solo respondió con una sonrisa borrosa. No me pregunte eso a mí; por experiencia, usted ha visto animales más tiempo que yo.
Al final, ¿qué importaba? Solo debían saber que le debían mucho a Seo Yeoul-ssi. Una sonrisa cálida surgió entre ambos. Sí, solo tenemos que caerle bien a Seo Yeoul-ssi.
Él decía ser un estudiante universitario que trabajaba a tiempo parcial por sus vacaciones, pero nadie con dos dedos de frente se lo creería al pie de la letra. No era solo su aura de "Flautista de Hamelín" que hacía que los animales lo siguieran a todas partes, o cómo recuperaba la vitalidad de las mascotas deprimidas con un solo paseo; era, sobre todo... la presencia del Director General, quien no solo llegaba y se iba con él cada día, sino que bajaba al primer piso en cada momento libre.
Ah, ya veo. Este centro es de Seo Yeoul, por Seo Yeoul y para Seo Yeoul.
Eso explicaba por qué todos los jefes de departamento lo trataban con tanto cariño. Al principio les pareció raro, pero al ver que el Director General o su secretario personal bajaban en persona a recogerlo para el almuerzo, entendieron que cuanto más alto era el cargo del empleado, más afectuosa era la mirada hacia Yeoul. Incluso un Jefe de Sección traía café y bocadillos en abundancia. Gracias a eso, Choi e Im también recibían su parte de las golosinas. Y tras notar que los modales de los visitantes mejoraban un 200% cuando Yeoul estaba presente, decidieron que ellos también lo tratarían como a una deidad.
Era lo más sensato. Quién sabe si, al graduarse, Yeoul pasaría de ser un empleado a tiempo parcial a convertirse en el Director del Centro, por encima de ellos. Sería una estrategia de supervivencia muy inteligente, pero…
—Haa... —La Gerente Im soltó un suspiro de preocupación mientras se apoyaba en su mejilla. Servir a un jefe joven no era problema, menos con ese sueldo y en esas condiciones. Pero…
—Director Choi... ¿Soy la única que siente que está viendo cosas que no existen? —susurró la Gerente Im como si hiciera ventriloquía.
—No, entiendo perfectamente a lo que se refiere —respondió Choi de la misma forma, llevándose también la mano a la mejilla.
Ambos compartían la misma impresión sin necesidad de decir palabras específicas. Se quedaron en silencio mientras la lluvia arreciaba contra el cristal.
Kiiiing.
Cinco perros y una persona miraban con melancolía hacia la ventana empañada.
¿Qué hacemos, Gerente Im? Siento que debería decirle que salgamos a pasear. Chisss. Yo casi saco los arneses, así que no diga cosas tan peligrosas.
Se mordieron la lengua para no mencionar la palabra prohibida: "paseo". Habían aprendido bien lo que significaba un paseo para Yeoul. El lugar de paseo era el jardín de la azotea... en el piso 35. Y el piso 35 era la oficina del Director General. Qué casualidad.
¿Era coincidencia que su futura jefa, la empleada Yeoul, se viera tan emocionada cada vez que iba a pasear? Imposible. Viendo cómo actuaba el Director General, era más fácil que un pájaro ignorara un molino a que él dejara pasar a Yeoul si estaba cerca. Además, Yeoul siempre revisaba su móvil antes de salir, como asegurándose de algo.
Normalmente, Yeoul saldría correteando del centro diciendo: "¡Chicos, vamos a pasear!", una vez por la mañana y otra por la tarde. Pero hoy no paraba de llover.
¿Es porque Yeoul-ssi no puede salir a pasear, verdad? La Gerente Im no se atrevió a preguntar si era porque no podía ver al Director General, así que hizo una seña visual. El Director Choi, con sus siete años de experiencia clínica, captó el mensaje y sonrió.
Eso parece... Pero Gerente Im, aunque no podemos cambiar el clima, sí podemos animar a Yeoul-ssi. No profundicemos más y vamos a prepararle un chocolate caliente…
Ya que Yeoul siempre desaparecía con el Director General en los almuerzos y a la salida, rara vez tenían tiempo para convivir los empleados del centro. Quizás hoy era la oportunidad. Eran las 5:30 p.m., casi la hora de salida.
Soñando con una merienda acogedora con su futuro jefe, el Director Choi y la Gerente Im se concentraron en preparar el mejor chocolate caliente, sin darse cuenta de que quien buscaba excusas para estar cerca del otro no era el Director General... sino el propio Yeoul.
No tenían idea de la conmoción que esa taza de chocolate estaba a punto de desatar.
****
"Mmm. Veo que te lo estás pasando muy bien".
En el piso 35, tras procesar un documento en su despacho, Yi-gyeol entrecerró los ojos mientras revisaba su teléfono una vez más. Habían quedado en que, a falta de verse las caras, intercambiarían mensajes cada vez que tuvieran un hueco, pero…
[¡Voy a tomar el té con la gente del centro!] [Foto]
[Es chocolate y galletas.]
Hace un momento se quejaba de lo mucho que llovía, y ahora enviaba fotos diciendo que iba a comer algo rico.
[Está bien. Come mucho. Pero no te pases, que luego hay que cenar.]
Su mensaje seguía marcado como "no leído". Yeoul envió el suyo a las 5:33 y él respondió a las 5:45. Aunque hubiera una diferencia de tiempo, veinte minutos eran suficientes para echar un vistazo al móvil. Ese silencio absoluto resultaba... inquietante.
A menos que ese té con los empleados sea increíblemente divertido, esto no es normal, pensó Yi-gyeol con una expresión indescifrable. Había seleccionado al personal del centro precisamente por su capacidad para llevarse bien con Yeoul, así que la buena sintonía significaba que su plan funcionaba. Pero una cosa era que se llevaran bien y otra muy distinta que él acabara siendo el "plato de segunda mesa".
Debí haber bajado a verlo de vez en cuando, aunque tuviera que hacer horas extras.
Yi-gyeol chasqueó la lengua, lamentando no haber construido el centro en el piso 34 en lugar del primero. Se arrepentía de haber cedido ante Jinho cuando este lo miró como a un loco y sugirió hacer una encuesta de satisfacción. ¿Qué importaba la comodidad de los demás cuando se trataba de un beneficio social? Borrando de su mente el hecho de que en el piso 34 trabajaban tres departamentos enteros, guardó los documentos restantes en el cajón.
No podía más. Tenía que ir a atrapar a ese astuto zorro fennec que estaba en manos de otros.
Decidido a salir un poco antes de lo habitual, recogió sus llaves y su teléfono.
—Me retiro por hoy. Váyanse temprano a casa ustedes también.
Lanzó un saludo superficial a sus secretarios, que fingían seguir trabajando aunque ya tenían todo listo para irse, y subió al ascensor. Presionó el botón de "cerrar" justo delante de Jinho, que corría para alcanzarlo.
—¡Oye, maldito...! —la voz se filtró por la rendija antes de que el ascensor iniciara el descenso. Yi-gyeol, ignorándolo, marcó el número de Yeoul.
No importaba que el trayecto fuera corto; su impaciencia no le permitía esperar ni un minuto. Por suerte, antes de que su mal humor aumentara, la llamada fue atendida.
—¿Diga? ¿Hyuuung?
Esa voz radiante... después de haberlo tenido en ascuas durante treinta minutos. Solo por el tono, podía imaginarlo con las mejillas encendidas y los ojos brillando. Daban ganas de morderlo en algún lado. Su enfado se evaporó al instante.
—Sí, soy yo. ¿Qué estaba haciendo, Seo Yeoul-ssi? Si siguen con el té, vayan terminando. Ya salgo para allá, llegaré enseguida.
—¡Ji, ji! ¡Baja rápido, hyung! —rio Yeoul. Todo iba según lo previsto, hasta que añadió—: Pero... ahora mismo estoy limpiando un poco de chocolate que se derramó. Tardaré un poquito, espérame, ¿sí?
Yi-gyeol frunció el ceño. —¿Derramaste el chocolate? ¿Dónde? ¿No te quemaste la mano? Espérame ahí, voy volando.
Su voz se volvió tensa por la preocupación. Presionó el botón del primer piso varias veces, como si eso fuera a acelerar el motor.
—¡Estoy bien, no me quemé nada! —aseguró Yeoul desde el otro lado. Y luego susurró tímidamente—: Se manchó un poco la ropa... pero ya me cambié.
Las cejas del hombre se arquearon. ¿Qué es este presentimiento?
Desde aquel primer día en que Yeoul volvió del paseo con flores en el pelo y manchas de hierba en la ropa, Yi-gyeol se había encargado de que siempre tuviera una muda de repuesto. Ya estaba acostumbrado a verlo con ropa distinta por la mañana y por la tarde. ¿Por qué, entonces, se sentía tan tímido ahora?
—Seo Yeoul-ssi.
—¿Sí...?
—¿Cómo es eso de que te cambiaste de ropa? —La pregunta se le quedó trabada en la garganta al imaginar la expresión de Yeoul: esos ojos claros mirando hacia arriba, las pestañas revoloteando, las orejas de zorro moviéndose apenas y la cola barriendo el suelo. Esto huele a travesura.
Si estuvieran en casa, sería encantador. Pero en la oficina, era complicado.
—... No haga nada y quédese ahí. Llego en un segundo. Lo repito: no haga nada, quédese tal como está.
Tras colgar, Yi-gyeol llegó al centro casi corriendo. Al entrar, se pasó la mano por la cara con incredulidad.
—¡Ah! Ya llegó el Director. Yeoul-ssi, ya puedes irte. —¡Sí, nosotros terminamos de limpiar, vete tranquila!
Los dos empleados empujaron suavemente a Yeoul, quien abrazaba su mochila con fuerza. El atuendo de Yeoul consistía en…
—¿Pantalones cortos?
Unos pantalones que dejaban sus rodillas totalmente al descubierto. Yi-gyeol se recriminó internamente por no haber supervisado personalmente la ropa de repuesto. Sin embargo, rodeó los hombros del chico con su brazo en cuanto este se acercó con el rostro sonrojado. Su prioridad era sacar de la empresa a esa criatura que exhibía sus piernas con tanta ligereza.
—Vamos al coche. Camina rápido antes de que te cargue en hombros y salga corriendo.
Yeoul caminaba abrazando su mochila como si contuviera un tesoro, lo cual despertó la sospecha de Yi-gyeol.
—Seo Yeoul-ssi, ¿no dijiste que querías marcar tu tarjeta? Sácala de la mochila.
La reacción fue transparente. —N-no... prefiero irme así... ¡Vamos rápido al coche, hyung! ¡Rápidooo!
Estaba tan rojo que, si tuviera las orejas fuera, estarían vibrando de nerviosismo. Definitivamente hay algo más aparte de los pantalones cortos, pensó Yi-gyeol. Este zorro me va a volver loco.
—¡Cuidado! ¡Buen viaje! —gritó el guardia mientras les abría el quiosco.
Una vez dentro del coche, en la privacidad del vehículo, Yi-gyeol escuchó la verdad y se quedó petrificado.
—Es que... cuando derramé el chocolate... —empezó Yeoul, evitando su mirada—, un gato saltó a la mesa y se montó un lío. Los perros intentaron lamerlo y se mancharon el pelo, así que tuve que bañarlos y terminé empapado…
—... ¿Y me estás diciendo que, ahora mismo, no llevas ropa interior?
Ante la pregunta, que salió como un gruñido ronco de pura excitación, a Yeoul le brotaron las orejas de golpe. —¡¿Cuándo dije eso?! ¡Dije que mi ropa interior estaba tan empapada que no podía ponérmela...!
Yi-gyeol no podía creerlo. —Es exactamente lo mismo. Ah... me vas a volver loco.
Una parte de él quería regañarlo por ser tan temerario en el trabajo, pero la otra parte —la más instintiva— quería comprobar la veracidad de sus palabras de inmediato.
—... Quita la mochila —dijo Yi-gyeol con una voz cargada de deseo—. Solo quítala y no diré nada más. Solo un momento.
Yeoul encogió los dedos de los pies, abrumado por la tensión que llenaba el coche. —Hyung... aquí no…
Yi-gyeol apretó la mandíbula con tanta fuerza que se oyó el crujir de sus dientes. ¿Cómo puedes decir eso cuando estoy al límite?
—E-en la empresa no se puede... —insistió Yeoul—. Alguien podría vernos. No sabemos cuándo vendrá alguien al aparcamiento, y los otros secretarios saldrán pronto…
Yi-gyeol cerró los ojos y soltó un suspiro entrecortado. Tiene razón. Es la empresa, hay cámaras, es su lugar de trabajo…
—Póngase el cinturón —murmuró con voz sombría, tratando de controlar sus impulsos—. Nos vamos, pero cuando lleguemos a casa, prepárate. Voy a hacer que llores de verdad, así que ni se te ocurra decir que no puedes.
Yi-gyeol puso el coche en marcha, sin darse cuenta de que había malinterpretado por completo el significado de "aquí no se puede". Y el precio de ese error iba a ser muy, muy alto.
****
Un descampado remoto, sin tráfico y mucho menos peatones.
Un lugar donde un par de vehículos, que se habían rendido ante el diluvio que caía como si el cielo se hubiera perforado, esperaban con las luces de emergencia encendidas.
Entre ellos, las ventanillas de un coche negro, de líneas especialmente elegantes, estaban empañadas por la condensación.
—Fuuh.
… ¿Cómo demonios terminó la situación así?
A través de las incesantes cortinas de lluvia que golpeaban el cristal, apenas se divisaban a lo lejos las luces amarillas de emergencia de los coches alineados. Yi-gyeol, con el rostro algo fatigado, miró de reojo la ventanilla manchada por las gotas, se echó hacia atrás el flequillo alborotado y bajó la vista.
Allí estaba el híbrido de zorro fennec, con el cuerpo encajonado entre el salpicadero y el asiento del conductor, que había sido desplazado totalmente hacia atrás.
Cualquiera que los viera podría recriminarle qué clase de acto desvergonzado pretendía cometer en un lugar así, y no en casa, con un amante mucho más joven que él…
Pero, jurándolo por su conciencia, esta situación no había sido en absoluto intención de Yi-gyeol.
Es más, ni siquiera es que no fuera su intención. Yi-gyeol sentía deseos sinceros de detener a Yeoul.
Era verdad. No estaba en casa y, por mucho que fuera dentro del coche, no era un rincón oculto sino un espacio abierto por los cuatro costados; no tenía la más mínima intención de hacer nada más allá de un beso.
Si Yi-gyeol estaba ahora en medio de este descampado, haciendo algo tan propenso a malentendidos, era por culpa de Yeoul, quien hoy, por alguna razón, no dejaba de ponerlo a prueba.
Hace un momento, mientras salía del aparcamiento tras apenas contener sus impulsos, Yeoul se quedó mirando fijamente entre sus piernas y, finalmente, estiró la mano para agarrar con audacia la entrepierna del hombre que conducía.
—Hyung, se te ha puesto dura…
Yi-gyeol, cuyos nudillos se marcaron por la fuerza con la que sujetó el volante para evitar que el coche se desviara ante el estímulo repentino, le había advertido claramente.
—Quita la mano. Vamos a tener un accidente.
Sin embargo, el chico, sin saber —o sin importarle— lo peligroso que había sido, lo miró de reojo y preguntó.
—¿No puedo tocarlo solo un poquito…?
Hablaba en serio; su mano, aunque algo encogida, seguía posada sobre su muslo. Yi-gyeol dijo entre dientes.
—¿Te parece que se puede, mientras conduzco? Te lo advierto. Quita. La. Mano.
Ya de por sí estaba excitado y la conducción era delicada debido a la lluvia, ¿qué pretendía fomentando la excitación? Si hubiera sido en las carreteras principales, habría sido la receta perfecta para un desastre. Yi-gyeol hablaba con total seriedad, pero Yeoul, tras juguetear con sus dedos dubitativo, soltó un "¡Ah!", como si no estuviera de acuerdo en absoluto.
—Entonces, ¿puedo tocarlo cuando no estés conduciendo?
… Qué idea tan innovadora. Al hombre, que había renunciado a entender el proceso de pensamiento del chico (difícil de seguir para una persona normal), no le quedó más remedio que dejar escapar un gruñido.
—¿De verdad no vas a quitar la mano? ¿Cuánto quieres que te castigue cuando lleguemos a casa?
Tanto fue así que la mano del hombre, que nunca había detenido a la fuerza ninguna acción de Yeoul, tembló como si estuviera a punto de atrapar la mano que acariciaba su miembro. Pero de la boca de Yeoul, que parecía medir la reacción de Yi-gyeol, salió algo inesperado.
—Esto… Hyung, ¿de verdad tenemos que ir hasta casa? Podemos parar en algún sitio un momento. De todas formas, está lloviendo mucho.
Solo entonces comprendió la verdadera intención del chico, que hasta ahora no había notado por estar demasiado ocupado lidiando con la situación.
¡Kiiiik!
Justo antes de entrar en la carretera principal, Yi-gyeol detuvo el coche bruscamente y se giró hacia Yeoul con cara de incredulidad. Deseó que fuera un error de percepción suyo. Pero con el rostro de Yeoul encendido de rojo, dejando escapar quejidos, y sus orejas agitándose frenéticamente por la vergüenza, era imposible que fuera un error.
Así que, Yi-gyeol, reuniendo toda la paciencia propia de sus treinta y tantos años, hizo lo siguiente.
Condujo rápidamente hasta un descampado adecuado y estacionó. No hubo más remedio. Su miembro estaba a punto de estallar y la conducción bajo la lluvia era peligrosa; no podía realizar maniobras acrobáticas con un amante tan seductor a su lado que no mostraba signos de retroceder.
Fue, sin duda, la elección correcta, no solo por ellos dos, sino por el resto de los conductores. Aunque eso no significaba que la situación no fuera complicada.
—¿De verdad vas a hacerlo ahí? ¿Por qué no subes de una vez?
Yi-gyeol sentía que iba a volverse loco. Tal vez, como decía el chico, con una visibilidad de menos de un metro por el clima, valía la pena correr el riesgo; además, con los cristales tan tintados, era relativamente seguro, pero…
—Yo ya estoy bien, así que sube. Te dije que yo te la chuparía a ti.
Si fuera él quien calmara el deseo del chico, sería otra historia, pero si era el chico quien arremetía para hacer lo que quería, la cosa cambiaba. Sin gel ni preservativos en el coche, entregarse al chico sería probablemente una sesión tan placentera como tortuosa.
"Si me corro aquí, la limpieza será un lío… ¿Podré aguantar?". Yi-gyeol sentía que iba a empezar a sudar frío.
—Hyung. Sube esta pierna aquí, en el reposapiés. ¡No, esta vez lo haré yo! —Al ver a Yeoul arder en deseos, se dio cuenta de que no le escucharía, especialmente después de haber movido el asiento hacia atrás él mismo.
—Haah.
Temiendo que las tiernas rodillas del chico se rasparan con la áspera alfombrilla del coche, Yi-gyeol extendió la chaqueta de su traje que guardaba de repuesto y se sometió a las peticiones de Yeoul como si estuviera practicando ascetismo. Con el pie izquierdo aún calzado apoyado en el reposapiés y un espacio más holgado, el chico asomó la cabeza y empezó a desabrochar el cinturón con un clic-clac, con las orejas erguidas, pareciendo disfrutar de la situación.
—… Escúchame un momento. ¿Qué mosca te ha picado para ponerte así de repente?
Fuu, fuu.
Intentó controlar mediante respiraciones profundas el placer físico y visual de ver su miembro, congestionado y oscuro, siendo extraído por las blancas manos del chico. Intentó distraerse para que el estímulo fuera menor, pero no debería haberlo intentado.
Yeoul, que parecía medir el tamaño con la mirada preguntándose cómo metérselo en la boca, se detuvo antes de abrirla y, con rostro tímido, soltó.
—¿"Amo"?
Kof. Ante el apelativo extraño que surgió de repente, el hombre inhaló aire bruscamente y su miembro palpitó con fuerza. Fue una reacción involuntaria.
"¿De dónde has sacado esa palabra absurda? ¿Has estado viendo vídeos eróticos sin que yo lo sepa?". El alarmado Yi-gyeol intentó detenerlo con un "espera un momento", pero ya era tarde.
—¿Se ha hecho más grande ahora…? No puede ser, así no me va a caber… —Con los ojos enrojecidos por la excitación y respirando agitadamente, el chico atrapó el glande con la boca de golpe.
Yi-gyeol apretó los dientes para no arquear la cadera contra el asiento. La boca del chico no era tan espaciosa como su cuerpo, y sus mejillas se abultaron solo con contener el glande. La lengua blanda, la mucosa lisa y el paladar rugoso rozaron cada milímetro de la sensible punta.
Solo con eso, el estímulo era tan fuerte que el hombre apretó el asidero con fuerza, pero Yeoul, tras inclinar la cabeza de un lado a otro para acomodar el miembro en su boca, levantó la vista para encontrar los ojos de Yi-gyeol y balbuceó.
—Hyung, lo tuyo es demasiado grande… Pero, hyung, ¿te gusta que te llame 'Amo'? Se te ha puesto así de grande porque te he llamado así, ¿verdad?
Con el enorme miembro dificultándole la respiración y sus ojos brillando, era obvio lo que pasaría si decía que sí. Cada vez que el chico se proponía hacerle una felación, ¿cómo terminaba siempre? Por mucho que le rogara que no llegara hasta el final, el chico se empeñaba en que se corriera en su boca, y luego, incapaz de tragarlo o escupirlo, se quedaba jadeando un buen rato; Yi-gyeol siempre acababa abriéndole la boca con los dedos para limpiar el contenido porque el cuerpo del chico no podía seguir el ritmo de su voluntad de tragar.
Aun así, eso estaba bien. No tenía intención de obligarlo a comer algo que no le gustaba. El problema era que, tras limpiar su boca, por alguna razón el chico se lanzaba a besarlo con excitación. Los besos con él eran maravillosos, pero incluso Yi-gyeol prefería evitar un beso con sabor a su propio semen.
Y hoy no estaban en casa, sino en el coche. Por lo que estaba haciendo el chico, no parecía que fuera a terminar solo con juegos de manos, y parecía que terminarían teniendo sexo sin condón… La dificultad de la limpieza era un problema, pero por orgullo no podía correrse rápido; tendría que aguantar hasta que el chico se agotara, pero pedirle que aguantara la eyaculación mientras su miembro era estrujado por las estrechas paredes internas era una tortura.
… Y aunque fingiera que no, el riesgo de hacer esto al aire libre era un factor que no podía ignorar, y ya era peligroso, ¡y ahora encima lo de "Amo"!
Para Yi-gyeol, que tenía un montón de razones para no correrse, esta era una situación peligrosa que deseaba evitar a toda costa. Así que intentó cambiar de tema fingiendo calma.
—Te dije… fuh… que no hablaras con eso en la boca.
Cada vez que el chico movía la boca sin cuidado, sentía el roce de sus dientes, lo que le provocaba escalofríos y le tensaba el bajo vientre, así que no era una mentira total. El problema era que el chico, ocho años menor que él, ya no era tan ingenuo.
—¿…? ¿No te gusta? Qué raro. A tu polla parece que sí le gusta.
Con esa expresión parpadeó Yeoul, y al darse cuenta de que Yi-gyeol había evadido el tema, movió las mejillas ligeramente. Luego, moviendo los ojos de un lado a otro…
—¿Amo?
—Khh…
Maldita sea. Antes de que pudiera reaccionar, el sonido le golpeó y su miembro dio un respingo dentro de la boca del chico. Yi-gyeol se mordió la lengua. Pensó que podría manejarlo, ¡pero si las cosas seguían así…! Y antes de que pudiera pensar más, comenzó: la letanía de "Amo" del chico.
—Amo, ¿le gusta esto? —Amo, ¿succiono más fuerte? —Amo, diga algo.
Slurp, slurp.
Yeoul ladeaba la cabeza y movía las orejas mientras succionaba con fruición, pareciendo divertirse con el juego del "Amo".
—No lo hagas. Te he dicho que no me llames Amo, Seo Yeoul-ssi.
Incluso ante la prohibición firme y autoritaria, el chico parpadeó con timidez y preguntó.
"¿Me vas a castigar, Amo?".
Yi-gyeol estaba desesperado. "¿Acaso sabe algo?". No, no puede ser. Siempre lo he ocultado. Cuando el chico aún no sabía nada y lo llamaba "Amo" con cara inocente, el hombre había deseado secretamente profanarlo, y por eso esta situación lo ponía tan nervioso.
Dicho así suena a excusa, pero sinceramente, si tu joven amante te llama así con cara tímida, ¿qué hombre no imaginaría cosas? Así que haber fantaseado un poco era… bueno, no era algo de lo que estar orgulloso, pero tampoco era un nivel de depravación absoluta. Pero pensar que esa fantasía pasajera se estaba haciendo realidad ahora…
Por muy descarado que fuera Yi-gyeol, era imposible mantener la calma ante un ataque que ponía a prueba tanto sus sentidos físicos como su moral y su conciencia. No era extraño que empezara a oírse el rechinar de sus dientes mientras intentaba reprimir las ganas de eyacular, que subían más rápido que nunca.
Y era obvio cómo reaccionaría un híbrido de zorro fennec con un oído tan sensible.
—¿Parece que se va a correr, Amo? ¡Entonces puede hacerlo…!
Aunque era el hombre quien recibía el estímulo, el chico parecía estar igual de excitado, moviendo las rodillas y agitando frenéticamente la mano que sujetaba la base del miembro.
—¡Khh, ah…!
Yi-gyeol sintió que el mundo se volvía amarillo. De verdad, sentía que se iba a correr en cualquier momento. "¡Yeoul, ¿de verdad vas a seguir?!", intentó amenazar entre dientes, pero solo recibió un ronroneo de placer absoluto y una succión aún más fuerte.
En medio de la crisis inminente, entre la opción de un beso con sabor a semen o un juego de rol depravado —ninguna de las cuales le entusiasmaba—, Yi-gyeol eligió…
—Suelta. Si soy tu Amo… ah… ¿cómo puedes ser tan desobediente?
La segunda. Sinceramente, la vergüenza de pronunciar la palabra "Amo" él mismo le hizo olvidar por un instante el dolor de contener la eyaculación, y por suerte, el chico reaccionó de inmediato.
—¿Ah…?
Olvidando por un momento su acoso al miembro del hombre, el chico parpadeó y lo miró con unos ojos que brillaban con una expectativa nunca antes vista.
"¿Hyung va a hacer de Amo?".
Ante esa pregunta que parecía flotar en el aire, a Yi-gyeol no le quedó más remedio que aceptar a regañadientes.
—Deja de chupar y sube aquí. Tienes que… obedecer a tu Amo.
Mientras él suspiraba por la vergüenza ajena de la situación, el chico, que soltó un "¡Sí!" y empezó a incorporarse desde debajo del salpicadero, parecía encantado. Aunque se quejó un poco porque se le habían dormido las piernas de estar arrodillado, la mullida cola del zorro que se agitaba mientras se subía sobre los muslos de Yi-gyeol lo decía todo.
Incluso rodeó su cuello con los brazos sin que se lo pidiera y dijo.
—Amo, quiero un beso. Tengo la mandíbula cansada de chupar lo de mi Amo. Y la boca me sabe amarga. Así que haz algo, Amo.
—…
"¿Pero qué es esto? ¿Seguro que yo soy el Amo? No lo parece en absoluto". Yi-gyeol estaba estupefacto, pero para entonces Yeoul ya estaba mordisqueando su labio inferior. No hubo más remedio.
Esta boca es la que hace un momento estaba chupando mi… Cargando con una incomodidad insalvable, tuvo que besarlo como se le ordenaba. "A este paso, parece que el Amo es Yeoul", pensó, pero borró el pensamiento rápido. Si le daba un título real al chico que ya estaba actuando como su dueño, perdería el control por completo.
"Eso también sería excitante a su manera, pero en esta situación sería una auténtica locura".
Slurp, mmuá.
Mientras Yi-gyeol calmaba la boca del chico con besos húmedos y suaves, su mirada se desvió un momento hacia la ventanilla. El sonido de la lluvia seguía siendo estruendoso, pero no podían quedarse aquí para siempre.
Soltando un suspiro caliente, Yi-gyeol mordisqueó la punta de la lengua del chico, que estaba sumido en el beso ronroneando.
—Levanta un poco la cadera. Yo también te tocaré ahí abajo.
Sabiendo perfectamente que el camino que tenía por delante era un campo de espinas, el rostro del hombre, que no tuvo más remedio que dar el paso, parecía un poco demacrado, y probablemente no era una ilusión.
****
“¡Ah, Amo! ¡H-haaa! ¡Si hace eso…!”
Yi-gyeol soltó un suspiro entrecortado ante el gemido que resonó en el interior del coche.
¿Lo hace a propósito? ¿Sabe lo que está haciendo?
Aceptando con resignación la increíble realidad de estar participando en este juego de rol desvergonzado, Yi-gyeol tuvo que apretar los dientes, sintiendo que su miembro estaba a punto de estallar por culpa de este zorro fennec que parecía decidido a matarlo de placer.
Sabía que esto sería un calvario desde el principio, pero… esto era una tortura peor de lo imaginado.
—Entiendo. Ya lo entiendo, así que… fuh… relájate un poco.
Yi-gyeol forzó sus manos a aflojar el agarre sobre las nalgas del chico, que apretaba con tal fuerza bajo el borde del pantalón que parecía que iban a explotar. Apenas lograba sostener los restos de su cordura.
La crisis había estado presente desde el primer momento. Desde que él dijo que también lo tocaría "ahí abajo" y vio a Yeoul gemir suavemente mientras preguntaba con las pestañas temblando: "¿Me va a quitar los pantalones…?".
Fue el propio Yeoul quien provocó la situación, pero se mostraba tan tímido, como si Yi-gyeol lo estuviera obligando a algo indecente, que el hombre se quedó sin palabras.
—No puede quitármelos… ¿Y si alguien mira? Amo, ¿no puede tocarme sin quitármelos? —había dicho el chico mientras se levantaba ligeramente y se subía él mismo la pernera del pantalón. En ese momento, las palabras salieron solas de la boca de Yi-gyeol.
—Date la vuelta.
No tenían lubricante y pensó que sería mejor usar la boca. Su plan original para minimizar el riesgo era usar los dedos rápido y terminar, pero sinceramente, no pudo evitarlo. Bajo el pantalón corto azul claro, la piel blanca quedaba expuesta sin la interrupción de la ropa interior; la tentación de verlo mejor era irresistible para cualquier hombre.
—¿Que me dé la vuelta…? ¿Aquí?
Con el rostro más encendido que nunca, el chico se mordió los labios con picardía, como si no pudiera soportar la vergüenza, y mientras giraba el cuerpo lentamente, murmuró.
—Amo, parece un pervertido… De verdad no me los quite, de verdad…
¿Es eso lo que dice alguien que ofrece el trasero para que se lo laman rápido? Yi-gyeol estaba estupefacto, pero prefirió no decir nada. No podía negar su propia excitación mientras veía la figura del chico postrado sobre el salpicadero con la lluvia golpeando los cristales de fondo.
—Sí, no se los quitaré —respondió Yi-gyeol, y subió la tela del pantalón.
Como no eran ajustados, al tirar de ellos hacia arriba, no solo quedaron expuestos sus muslos delgados, sino también la mitad de sus nalgas suaves y redondeadas.
—¡Ah, hyun… Amo! Esto aprieta… ¡adelante, me aprieta adelante…!
Yeoul, que por costumbre casi lo llama "hyung" antes de corregirse rápidamente a "Amo", movía las orejas y miraba hacia atrás inquieto, quejándose de que el único pantalón que le quedaba se iba a mojar. Pero, ¿qué margen tenía el hombre para aceptar quejas, cuando estaba descubriendo por primera vez que estar medio vestido podía ser mucho más erótico que estar totalmente desnudo?
—Está bien. Si no te corres, no se notará si se moja un poco. Así que mira hacia adelante. Nunca se sabe si alguien pasará cerca. Yo no puedo ver, así que tú tienes que vigilar bien, Seo Yeoul-ssi.
Mientras decía esto, Yi-gyeol separó las nalgas que asomaban por el hueco del pantalón. El chico protestó entre dientes, preguntando por qué decía esas cosas, pero en cuanto la lengua del hombre se hundió en la hendidura y presionó el centro, soltó un "¡Ahhh!" y miró hacia adelante con urgencia, con las orejas tiesas.
A pesar de todo, parecía que el hecho de estar en un coche en un descampado lo ponía nervioso, y Yi-gyeol no pudo evitar burlarse de esa reacción. Entre los jadeos del chico, Yi-gyeol exploró los pliegues con la punta de la lengua y dijo.
—Estar así realmente hace que parezca que lo estamos haciendo fuera. Vigila bien. No sea que alguna ventanilla esté abierta.
—¡Hiiik! —Yeoul inhaló aire bruscamente y enderezó la espalda. Su interior se contrajo con fuerza por la tensión. Por supuesto, todas las ventanillas estaban bien cerradas; nadie sería tan idiota de abrirlas con semejante lluvia.
—¡Ah, Amo! ¡¿Por qué miente?! —protestó el chico al darse cuenta, pero Yi-gyeol solo rió.
—Shhh. ¿Qué pasará si alguien te oye gritar así? Eso no está bien.
Su actitud era de total calma, como si hubiera previsto esa reacción, mientras sus dedos rozaban y rascaban la entrada con malicia, desafiándolo a que se quejara más. Yeoul cerró la boca de golpe.
—¡Ah…! ¿Ya… ya va a meter los dedos? ¿Por qué? Dijo que lo haría con la boca…
—Un poco más… Por favor, lama un poco más. Los dedos ahora no, espere un po… un poquito más.
Hablaba con urgencia, intentando retirar la cadera de forma sospechosa. Yi-gyeol, que había agudizado su instinto durante su relación con Yeoul, cambió su plan de lamerlo hasta que se ablandara.
—¿Por qué? Con la lengua no llegaré a donde se siente bien. No te preocupes. Si tanto insistes, usaré ambas cosas.
Dicho esto, Yi-gyeol sujetó la cintura del chico, ignorando sus negativas, y bajo la lengua que hundía en la entrada, deslizó un dedo. Solo fueron dos falanges.
—¡Ah, fuh…!
Sin haber tocado siquiera su punto sensible, Yeoul reaccionó de forma inusual, contrayendo el orificio y encogiendo el cuerpo.
—¡Dije que no… h-había dicho que no…! ¡¿Cómo puede meter dos cosas a la vez?! —Su voz, aunque era una queja, temblaba como si estuviera a punto de llorar. El miembro de Yi-gyeol volvió a latir con fuerza ante esa reacción.
—… ¿Yeoul?
Yi-gyeol observó la nuca enrojecida del chico, que temblaba levemente con la cabeza gacha, y como poseído, aplicó más fuerza. Fue una progresión natural que sus dedos, que aún estaban en la superficie, se deslizaran más profundo, hacia esa zona especialmente carnosa y prominente en su interior.
Yeoul, que intentaba aguantar el estímulo encogiendo los dedos de los pies dentro de sus zapatillas ante la intrusión de esos dedos gruesos, saltó literalmente con los ojos desorbitados.
—¡No, quítelos…! ¡No puede presionar ahí ahora, siento que me voy a… me voy a correr! —Yeoul pataleaba, sollozando; parecía estar realmente al límite.
La presión interna era tal que Yi-gyeol tuvo que retirar la lengua como si fuera expulsada por la fuerza de la contracción. El calor que subió por su vientre le hizo tragar saliva con dificultad.
—… Esto… parece que es un problema.
No era broma. No tenían lubricante, así que el interior estaba seco, y si él apretaba así… Yi-gyeol, conteniendo el aliento por la sensación de crisis, intentó separar ligeramente los dedos que estaban atrapados por la mucosa.
—¡Ah! ¡Aaaah! ¡He dicho que no, fuh…! ¡No se mueva…!
Ante ese toque aleatorio que ni siquiera buscaba el punto de placer, el cuerpo del chico se tiñó de rojo y sus paredes internas volvieron a contraerse violentamente. La boca de Yi-gyeol se secó al instante.
Si entro ahora mismo, voy a morir.
Humedeció sus labios secos con la lengua y trató de calmarlo: —Entiendo, así que relájate un poco. Así no podemos hacer nada.
Su mente trabajaba a mil por hora buscando cómo calmar a Yeoul.
—… No es plan de quitarse los pantalones aquí. ¿Qué tal si hacemos el resto en casa? No querrás que se te manche el único pantalón que tienes.
Esa fue la excusa que logró articular su mente colapsada, pero fue destruida de inmediato.
—Fuh, haa… no. Hoy yo… ah… voy a hacer que el Amo se sienta bien. Así que hoy, Amo, solo reciba.
Yeoul jadeaba intentando contener la eyaculación, pero no olvidaba llamarlo "Amo". Yi-gyeol estaba a punto de volverse loco. Al ver cómo Yeoul lo miraba con el rostro encendido y luego bajaba la vista tímidamente, Yi-gyeol se mordió la lengua para no soltar un improperio de pura excitación.
—… No, como dije antes, no es necesario. Yo… disfruto más haciéndote sentir bien a ti. Mucho más.
Agradezco el gesto, pero guarda ese entusiasmo. Lo que quieres hacer ahora no es un favor, es una tortura. Una tortura infernal.
Esos pensamientos sinceros bailaban en la punta de su lengua, pero no pudo decirlos por orgullo. No quería parecer débil ante su amante más joven. Al final, no tuvo más remedio que entregarse a Yeoul, quien insistía en que a él también le gustaba hacer sentir bien a su hyung.
—Uuung… ¿cómo meto esto…?
Fue una agonía ver a Yeoul sujetando su miembro —que estaba a punto de estallar— mientras movía las orejas y hurgaba en su pantalón, diciéndole: "¡Usted quédese quieto, Amo!". Luego, tras encontrar el ángulo y ajustar el glande a su entrada, Yeoul deslizó el miembro varias veces por su hendidura, haciendo que Yi-gyeol apretara el asidero del coche hasta casi romperlo para aguantar el roce entre la carne suave y la tela del pantalón.
—Fuh… fuuuuh…
En el momento en que el glande entró finalmente, el chico empezó a jadear, superado por el placer de la penetración. Cuando apenas había engullido la mitad, miró a Yi-gyeol con los ojos llorosos.
—Amo… ¿qué hago…? Ya llegó, ahí, ha llegado ahí… Siento que si baja más, me voy a correr…
—Fuu, uu…
Yi-gyeol soltó un jadeo ronco entre dientes. Estaba siendo estrujado por esa carne caliente y estrecha. Ver ese rostro mientras el chico se detenía a mitad de camino era suficiente para que cualquier rastro de razón desapareciera.
—Siéntate. No pasa nada si te corres, fuuu, siéntate despacio.
El hecho de que solo le sujetara las nalgas con fuerza en lugar de obligarlo a bajar bruscamente fue un milagro de paciencia. El problema era que el chico no estaba en condiciones de notar esa paciencia.
—¡N-no, h-he dicho que ahora no…! ¡¿Por qué se mueve cuando le digo que no lo haga?!
Ante el apretón en sus nalgas, el orificio de Yeoul se contrajo instintivamente, y aunque gemía por el estímulo, seguía protestando. Yi-gyeol estaba desesperado. Si me aprietas así y no me dejas ni tocarte, ¿quieres que me muera? Justo cuando iba a gruñir de frustración…
¡Drrrrrrrrr!
—¡…! —
Parecía que los obstáculos de hoy no habían terminado. Ambos contuvieron el aliento y miraron hacia la consola central, donde vibraba el teléfono "de trabajo" de Yi-gyeol. Al ver un nombre familiar, se miraron con pánico.
—¿Q-qué hacemos…? Si es de trabajo, ¿no debería responder?
—Eso creo, pero ¿cómo respondo en esta situación? A menos que te levantes… Intenta levantarte si puedes.
—No puedo, n-no puedo levantarme…
—… Entonces esperemos. Si no es nada importante, colgará.
Pero las cosas nunca salen como uno quiere. El ruido cesó un momento solo para volver a empezar. Esta vez era el móvil personal de Yi-gyeol.
… Maldita sea.
—¡¿Q-qué hacemos?! ¡Debe ser algo urgente! —Yeoul estaba inquieto, apretando su interior rítmicamente. El hombre, con una voz sombríamente baja, dijo.
—… Fuh. Quédate así un momento.
Yeoul se mordió el labio y asintió. Pero el hombre, inquieto, añadió.
—Voy a responder y colgar enseguida, así que no te muevas. Ni subas ni bajes, quédate exactamente así.
Yeoul asintió y se apoyó en el pecho del hombre. Sin embargo, Yi-gyeol pronto se dio cuenta de su error. Los muslos delgados del chico empezaron a temblar por la postura incómoda.
—A-amo, esta postura es muy difícil… No puedo aguantar más, ¿qué hago…? —susurró el chico con voz húmeda colgado de su cuello, mientras su trasero empezaba a bajar lentamente.
—¡…!
Los músculos de la mandíbula del hombre se tensaron violentamente mientras intentaba aguantar el estímulo de ser estrujado mientras hablaba por teléfono.
—Ah, Director. Siento llamarle fuera de horario. Me dijo que le avisara en cuanto confirmáramos esta parte…
La voz del secretario fue expulsada de su mente al instante. Mientras tanto, la cabeza de Yi-gyeol se hundía en el reposacabezas mientras luchaba contra el placer.
No. No puedes, Seo Yeoul-ssi. ¡Aguanta un poco más! Sus manos sujetaron instintivamente las nalgas del chico para sostenerlo, pero Yeoul ya estaba temblando porque todos sus puntos sensibles estaban siendo presionados por el miembro.
—No puedo, siento que me voy a correr ahora mismo, Amo… —sollozó en su oído.
En ese momento, Yi-gyeol lo supo. Había sobreestimado la resistencia del chico. Pero, ¿qué podía hacer? La llamada también tenía que ver con Yeoul.
—Tch. —Yi-gyeol reaccionó rápido.
—… Por ahora, compártame el currículum y la carta de presentación por correo, fuh… coordinaremos la entrevista final mañana, así que revise el horario del centro.
Mientras soltaba las palabras con la única idea de contratar a un compañero para Yeoul cuanto antes, con la mano libre presionó la nuca del chico contra su hombro. Era una señal desesperada: muerde mi hombro si quieres, pero no hagas ruido. El zorro, aunque falto de resistencia, fue lo bastante astuto para entender la señal en medio de la emergencia, pero…
—¿Viene… viene mañana un compañero…?
El chico, que tenía una curiosidad inmensa por saber con quién trabajaría, mordisqueó el hombro del hombre mientras lo miraba con ojos brillantes y sorprendidos.
—Bien, le enviaré los documentos en cuanto estén listos.
Por un lado, la voz formal y profesional de un empleado; por el otro, los gemidos eróticos de su amante temblando de placer mientras lo miraba fijamente. Yi-gyeol estaba a punto de perder el juicio. Por eso, cuando respondió.
—Sí, hágalo así.
Su miembro, ignorando la estrechez del orificio, aumentó de volumen por puro instinto. Realmente va a explotar. Yi-gyeol tuvo que contener el aliento incluso para presionar el botón de colgar. Sin saber el esfuerzo que él hacía, el chico, excitado hasta la médula, sollozó.
—E-espere… Amo, esto es demasiado grande, haaa… Se ha ensanchado todo por dentro… Siento que voy a explotar…
¿Cómo podía dejarlo así cuando el chico apenas se sostenía de puntillas? Yi-gyeol lanzó el teléfono al asiento del copiloto, agarró la pelvis del chico y lo hizo sentarse de golpe sobre él.
—¡Ah! ¡Aaaah! ¡Es p-profundo, demasiado p-profundo, ah…!
Yeoul, atravesado sin previo aviso, alcanzó el clímax soltando un aliento entrecortado, pero Yi-gyeol, lejos de detenerse, empezó a embestir hacia arriba.
—¿Quién te mandó… provocarme de esa manera? Ya que te has corrido, no tengo por qué contenerme. Prepárate.
Con cada palabra, el estímulo penetraba profundamente. Era imposible resistirse.
—¡Ahhh! ¡Amo, hoy yo… haaa, ah!
Gemidos desgarradores brotaron de la boca del chico, pero Yi-gyeol, cegado por el deseo, gruñó.
—Súbete la camiseta. También quiero mimar tus pechos.
Era una petición excesiva mientras era sacudido salvajemente, pero Yeoul no era de los que se negaban.
—¡Amo, aquí, aquí…! —Yeoul subió la tela con dificultad e incluso ofreció su pecho al hombre.
Así que, entre el sonido de la lluvia, el aire acondicionado y el chapoteo erótico, el coche, con las ventanillas totalmente empañadas, se sacudió durante mucho, mucho tiempo.
… Por supuesto, al día siguiente.
—¡Oye, Yeoul! ¡Nuestro Amo dice que…! —¡No, escúchame! ¡Ayer nuestro Amo me dijo…!
Yi-gyeol, que no podía entender los ladridos de los perros que rodeaban a Yeoul en el centro de bienestar animal al que él mismo lo había llevado, tuvo que responder a sus secretarios.
—Buenos días.
Hizo un esfuerzo supremo por ocultar sus orejas, que amenazaban con enrojecer, mientras les devolvía el saludo. Pero bueno, fuera como fuera, era el resultado de sus propios actos, así que no tenía a quién culpar.
Probablemente.
✧・゚: 𝓐𝓷𝓽𝓮𝓻𝓲𝓸𝓻 | 𝓢𝓲𝓰𝓾𝓲𝓮𝓷𝓽𝓮 :・゚✧
Comentarios
Publicar un comentario