Capítulo #61 "Pheromone Obsession"
Han Jaegang permaneció solo en un lugar que no lograba identificar. No había nada a su alrededor; únicamente el cielo azul diáfano y los campos verdes se extendían infinitamente ante él.
La intensa luz del sol deslumbró sus ojos, por lo que Han Jaegang levantó una mano para protegerlos. Una brisa que portaba el fragante aroma de la hierba sopló cerca, meciendo suavemente el dobladillo de sus ropas. Escuchando en silencio el crujido de las briznas de pasto con el viento, Han Jaegang elevó ambas manos y las abrió despacio. Al contemplar sus palmas vacías, una sensación de profunda vacuidad brotó en su interior, como si hubiera perdido algo.
—Ha…
Justo en el momento en que soltaba ese suspiro, sin saber qué hacer, el sonido de unos pasos que pisaban la hierba llegó a sus oídos desde atrás. Antes de que Han Jaegang pudiera girarse, alguien se aproximó con rapidez y le rodeó con firmeza la cintura con los brazos.
—¡Director!
Se dio la vuelta solo para encontrarse a Woojeong de pie en el lugar. Su rostro sonriente, bañado por la brillante luz del sol, resplandecía con blancura.
Inundado de alegría, se giró hacia él. Woojeong le extendió lo que traía consigo.
—Mire esto.
Se trataba de un durazno grande y suculento. Gotas de rocío brillaban sobre su piel, desprendiendo una dulce fragancia que le hizo cosquillas en la nariz. Han Jaegang estrechó con gentileza a Woojeong, quien sostenía la fruta con sumo cuidado.
—Este durazno es hermoso.
En el instante en que aquellas palabras abandonaron sus labios, los ojos del durmiente Han Jaegang se abrieron. El prado que había inundado su visión y Woojeong se desvanecieron por completo. Solo después de desviar la mirada para inspeccionar los alrededores se percató de que todo había sido un sueño.
Han Jaegang rara vez soñaba. E incluso cuando lo hacía, por lo general era incapaz de recordar el contenido al despertar. Sin embargo, hoy, por extraño que resultara, los detalles del sueño eran vívidos y claros. El cielo, el prado, la brillante sonrisa de Woojeong y el durazno que sostenía entre sus manos……
Frotándose los ojos con las palmas, lanzó una mirada hacia el espacio a su lado en la cama. ¿Dónde estaba Woojeong? Debería continuar dormido a esta hora. ¿A dónde podría haber ido tan temprano por la mañana?
—Woojeong.
Apartando las cobijas, se incorporó y pronunció su nombre en voz baja. No obstante, la habitación permaneció en silencio, sin el menor rastro de vida.
Han Jaegang se colocó la playera que había dejado al costado del lecho y salió de la recámara. Woojeong tampoco se vislumbraba por ninguna parte en la sala de estar.
Tomó la manta ligera que estaba tendida sobre el sofá y se encaminó hacia la puerta principal; tenía el presentimiento de dónde podría encontrarse. El aire matutino en la Residencia Snow Reflection, ahora completamente inmersa en el otoño, se percibía claramente distinto al de antes. Mientras que a Han Jaegang le resultaba agradablemente fresco, la brisa portaba un gélido toque que podría ser perjudicial para alguien embarazado.
Han Jaegang caminó a paso veloz hacia la esquina del edificio y echó un vistazo primero. Tal como lo había previsto, Woojeong estaba allí.
Instalado en su sitio predilecto, desde donde se podía contemplar la vista del jardín de un solo vistazo, Woojeong se hallaba sumido en sus pensamientos, ajeno a que alguien se aproximaba. Temiendo que pudiera sobresaltarse por su aparición repentina, Han Jaegang aclaró su garganta deliberadamente conforme se acercaba.
—¿Qué haces aquí afuera tú solo?
Han Jaegang le colocó la manta que traía sobre los hombros a Woojeong mientras le preguntaba. Arrebujado cómodamente en la cobija, Woojeong apoyó la cabeza contra el hombro de Han Jaegang y respondió en un susurro.
—Acabo de despertar y salí a tomar un poco de aire fresco.
Su voz se escuchaba lánguida y relajada. Han Jaegang, con los brazos alrededor de sus hombros, desvió la mirada hacia el paisaje que él debía de haber estado contemplando. Desde que regresaron a la Residencia Snow Reflection, Woojeong se la había pasado ocupado durmiendo día y noche durante varias jornadas; apenas si permanecía despierto por breves momentos.
Preocupado de que algo pudiera marchar mal, Han Jaegang siguió el consejo de la señora Kwak y se aseguró de que Woojeong pudiera descansar con total comodidad. Mientras Woojeong dormía profundamente para recuperar sus fuerzas, Han Jaegang se tomó una semana libre en el trabajo para permanecer de forma ininterrumpida a su lado.
Durante esos días, ambos permanecieron inseparables. Comían y dormían juntos, de vez en cuando daban caminatas y jamás se apartaban del lado del otro, incluso cuando alguno necesitaba atender algún asunto. Confinados dentro de la Residencia Snow Reflection, enfocándose únicamente en ellos dos, sus agotados cuerpos y mentes comenzaron a sanar gradualmente.
Woojeong, que había estado acurrucado en el abrazo de Han Jaegang, preguntó de repente.
—Oiga, ¿quiere ir a una tienda de conveniencia?
—¿A una tienda de conveniencia?
Woojeong levantó la vista hacia Han Jaegang y asintió.
—Cuando trabajaba en aquella tienda de conveniencia, Junho a veces pasaba a verme y comíamos ramen juntos. Se me vino a la mente de la nada. ¿Podemos ir a comer ramen juntos?
Woojeong, quien en el pasado solía ser cauteloso en cada una de sus acciones, ahora expresaba con total libertad deseos como querer comer algo o hacer alguna actividad.
Encontrando esto adorable, Han Jaegang se limitó a observarlo. Sin embargo, Woojeong le jaloneó la manga, sacudiéndola como si le estuviera suplicando. No había motivo alguno para negarse.
—Seguro.
Al responder, Han Jaegang dio un paso más hacia Woojeong, colocando las manos a ambos lados del sitio donde este se encontraba sentado. Mirándolo directo a sus amplios ojos, rozó sus labios contra la punta de su nariz antes de hablar de nuevo.
—Súbete. Vamos adentro, nos cambiamos de ropa y salimos, ¿de acuerdo?
Woojeong, visiblemente entusiasmado, le rodeó el cuello con los brazos. Han Jaegang lo levantó en vilo, sosteniéndolo por las caderas. Cargando con el peso de Woojeong, los pasos de Han Jaegang se sintieron ligeros mientras se encaminaban al interior de la casa.
Woojeong permanecía sentado con la barbilla apoyada en la mano, observando con detenimiento a Han Jaegang. Vestido con ropa deportiva ligera y una gorra de béisbol, él se encontraba virtiendo agua caliente en el contenedor de un ramen instantáneo que acababa de destapar. ¿Han Jaegang preparando fideos instantáneos en una tienda de conveniencia? Era una escena que jamás se habría imaginado en el pasado.
Él vertió el agua hirviendo en los fideos que Woojeong había seleccionado, los llevó hasta la mesa y regresó cargando con la comida que había calentado en el horno de microondas. Sentados uno al lado del otro en una barra pegada al ventanal de cristal, ambos contemplaron en silencio hacia el exterior mientras el ramen terminaba de cocinarse. La avenida estaba abarrotada de automóviles debido a la hora pico y la gente caminaba de prisa por la acera. Han Jaegang, quien normalmente sería uno de los que correrían de un lado a otro en ese trajín, hoy solo experimentaba una absoluta tranquilidad.
—¿Es la primera vez que come ramen en un lugar como este?
¿Acaso alguien como Han Jaegang habría tenido motivos para pisar un sitio así con anterioridad? Con seguridad habría entrado a comprar artículos de primera necesidad, pero se preguntaba si alguna vez se había detenido a tomar una comida de esa forma. Ante la inesperada interrogante, Han Jaegang asintió de manera ausente.
—Sí.
Han Jaegang tomó el triángulo de arroz ligeramente tibio que había traído. Sus manos retiraron la envoltura de plástico con una destreza bastante practicada.
Utilizó el mismo plástico desechado para envolver la base y hacer que el bloque de arroz fuera más fácil de sostener, y luego se lo extendió a Woojeong.
—Es una broma.
Soltó una risa suave, separó un par de palillos de madera a la mitad y comenzó a revolver los fideos de Woojeong por él.
—Venía incontables veces cuando era un niño. Comí tanto ramen que terminé harto de él.
—¿Con el Director Yoon?
—Por lo general. A menudo nos trasladábamos juntos.
Frunciendo el ceño con sorpresa ante la respuesta, Woojeong le dio un mordisco al triángulo de arroz. Han Jaegang colocó reflexivamente su palma ahuecada debajo de la barbilla de Woojeong.
—¿No puedes pasarlo? ¿Te están dando náuseas?
En una ocasión, cuando Woojeong no logró llegar a tiempo al cuarto de baño y vomitó, él lo había recibido directamente entre sus manos. Incluso cuando le dijeron que era algo sucio, no le prestó la menor importancia y continuó atendiendo a Woojeong.
Woojeong sacudió la cabeza, tomó el triángulo de arroz restante, se lo ofreció a él y sonrió.
—Mmm. Está delicioso. Pruebe un poco usted también.
Al escuchar aquello, Han Jaegang giró la cabeza para inspeccionar los alimentos exhibidos en el refrigerador.
—Si es comestible, ¿debería comprar unos cuantos más?
—Está bien. También comeré ramen y banderillas, así que con esto es suficiente.
—Woojeong detuvo a Han Jaegang, quien parecía dispuesto a saquear el refrigerador entero, y tomó sus palillos.
Tal como el Jefe Choi había mencionado en alguna ocasión, las náuseas matutinas eran un asunto verdaderamente misterioso. Había días en que el estómago se le revolvía de tal manera que era incapaz de tragar siquiera un sorbo de agua. Sin embargo, en jornadas como la de hoy, cuando le daba un antojo repentino, podía comer hasta saciarse sin la menor incomodidad, como si jamás hubiera tenido problema alguno.
—Come despacio.
Mientras comía su ramen, Woojeong observó en silencio a Han Jaegang. Había algo que deseaba preguntarle desde hacía mucho tiempo. No había sido capaz de plantearlo con facilidad antes pero, de alguna manera, ahora se sentía como el momento adecuado.
—Director.
Han Jaegang se giró para mirar a Woojeong, con los palillos en la mano. Woojeong formuló su pregunta, como si no fuera nada importante.
—Cuando se enteró… de lo del bebé… ¿cómo se sintió?
Preguntó con calma, pero en el instante en que las palabras abandonaron su boca, su corazón empezó a latir con fuerza. Esta era la primera vez que preguntaba formalmente sobre el bebé, y temblaba, inseguro de cómo respondería él.
Al escuchar esto, Han Jaegang se limpió la boca con una servilleta. Se quitó la gorra de béisbol, se pasó los dedos por el cabello un par de veces y clavó la mirada al frente, perdido en sus pensamientos.
Mientras contemplaba más allá del ventanal de cristal, comenzaron a caer gotas de lluvia. La lluvia, cada vez más intensa, esculpía marcas moteadas sobre el suelo, que antes había estado seco y blanco.
—…Se sintió extraño. No podía creerlo.
Su mirada se profundizó al evocar el momento en que se enteró de la verdad. Woojeong bajó la vista, incapaz de expresar su propia inquietud.
Woojeong se sentía de la misma manera. Cuando escuchó por primera vez sobre el embarazo, su mente se quedó en blanco. Por encima de todo, el miedo lo abrumó; no sabía cómo tomaría la noticia Han Jaegang. Se vio atormentado por pensamientos que oscilaban infinitamente entre la esperanza de que él pudiera dar la bienvenida al bebé y la desesperación de que no fuera así.
—Incluso en ese breve instante, muchísimos pensamientos cruzaron por mi mente. Primero, lo sentí por ti, y al mismo tiempo estaba preocupado, pero……
Han Jaegang se giró despacio para mirar a Woojeong. Contrario a sus preocupaciones, su semblante era brillante. Elevó las comisuras de sus labios en una grata sonrisa y continuó.
—Para ser perfectamente honesto, me alegré. Fue como recibir un inesperado y maravilloso regalo.
Sus palabras sinceras apaciguaron el angustiado corazón de Woojeong. La simple confesión pareció disolver la tensión que se había endurecido en su interior.
Han Jaegang, que lo había estado observando con ojos afectuosos, de repente se tensó como si algo se le hubiera ocurrido.
—Ah… ¿acaso habré tenido un sueño de concepción?
—¿Qué?
Han Jaegang, que se acariciaba la barbilla, recordó el sueño que había tenido justo antes de despertar y habló con rostro desconcertado.
—Sostenías un durazno que era extrañamente grande, y era muy hermoso. El aroma también era muy agradable.
La expresión de Woojeong se iluminó al escuchar su relato. Cuando Han Jaegang mencionó que el sueño permanecía en su memoria con una nitidez anormal, Woojeong colocó la mano con gentileza sobre su vientre bajo y parpadeó.
—La señora Kwak me preguntó cuál había sido mi sueño de concepción. Cuando le dije que yo no había tenido ninguno, me explicó que otra persona podía haberlo soñado por mí. Entonces, parece ser que el Director Ejecutivo tuvo el sueño de concepción de nuestro bebé.
—¿Así es?
—…El sueño de concepción de nuestro bebé es el sueño de un durazno
Musitó Woojeong en voz baja, como si le hablara al bebé, y se regocijó con sinceridad. Han Jaegang contempló el aspecto de Woojeong.
No podía estar seguro de si el sueño que tuvo era realmente un sueño de concepción, pero al ver que Woojeong se alegraba tras escuchar esa historia, una parte de su corazón comenzó a sentirse cálida también.
Woojeong, que tomó sus palillos de nuevo, habló conforme tomaba una resolución.
—Voy a comer, y también comeré helado.
—Hazlo.
—Compre mucho. Me los llevaré a casa y los comeré allí.
—De acuerdo.
Tras disfrutar de un satisfactorio desayuno en la tienda de conveniencia, Woojeong regresó a casa con un helado con sabor a durazno en la boca.
—¿A dónde fueron los dos juntos por la mañana? Me pegué un susto tremendo porque ambos se habían marchado sin decir una palabra.
Woojeong le mostró la bolsa de plástico que cargaba Han Jaegang a la señora Kwak, quien acudió a la entrada para recibirlos.
—Comimos ramen en la tienda de conveniencia. Por favor, tome un helado.
—¡Cielo santo!, ¿así que el bebé quería comer ramen hoy?}
—Nuestro bebé tiene un sueño de concepción.
—¡Cielo santo!, ¿de verdad? ¿Y qué clase de sueño fue?
Han Jaegang, quien observó por un momento a los dos conversar afectuosamente como una madre y un hijo, se dirigió al cuarto de baño.
Abrió la llave del lavabo, se lavó las manos a conciencia y se miró en el espejo.
Cuando se enteró de que Woojeong llevaba a un hijo suyo en el vientre, se sintió verdaderamente feliz, pero, por otra parte, la preocupación se había antepuesto a todo. A veces escuchaba los casos de conocidos y parientes que se casaban, por lo que sabía hasta cierto punto el momento tan difícil que tenía que soportar un omega que gestaba a un alfa dominante.
Es más, el pensamiento de que el bebé en el vientre pudiera nacer con el mismo problema que él no se le presentaba como una simple preocupación, sino como un auténtico temor. Por lo tanto, hasta que Woojeong regresó a la Residencia Snow Reflection y halló la estabilidad como ahora, a menudo sufría de pesadillas. Cuando soñaba que perdía a Woojeong, una ansiedad que jamás había experimentado en su vida lo sacudía por completo.
Apretó los molares, levantó la mano derecha y se sujetó el lado izquierdo del pecho. El hombre que alguna vez pensó que no importaría incluso si moría debido a que su corazón fallaba, ya no existía.
Ahora que existían dos personas que eran como su propia vida, Han Jaegang tenía que ser más fuerte que nadie. Se lavó el rostro con agua fría y encaminó sus pasos de vuelta al lado de Woojeong.

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