🍊
Novelas BL
NOVELAS ✨

Capítulo #14 "Un Día, Me Encontré Con Un Zorro"



Capítulo 14

No se había escuchado el sonido de la puerta, así que definitivamente debía de estar escondido en algún lugar de la habitación.


Adrian recorrió cada rincón con la mirada hasta que, de repente, bajó la vista. En el momento en que escudriñó el espacio sombrío debajo de la cama, dos pequeñas esferas brillantes destacaron en la oscuridad.


Ahí está.


Caminó hacia la cama. Tal como esperaba, en lo más profundo del hueco, dos llamas azules ardían con intensidad. Era una advertencia clara: "no te acerques". No estaba simplemente resentido; parecía estar verdaderamente furioso.


Aquel corazón que tanto le había costado abrir se había cerrado de golpe por culpa de la medicina. La cautela del zorro era ahora más profunda y sólida que antes, haciendo que todos sus avances previos parecieran inútiles.


—¿Y ahora qué hago con esto? —murmuró Adrian para sí.


Se quedó pensando un momento en cómo podría ablandar ese corazón tan obstinadamente cerrado. De pronto, como si se le hubiera ocurrido algo, dio media vuelta y regresó al despacho. Al verlo alejarse, las pupilas azules escondidas en la oscuridad temblaron imperceptitamente.


Poco después, Adrian regresó con un plato pequeño. Sobre él, solo había trozos de delicioso bistec, esta vez sin rastro de medicina. Dejó el plato a una distancia prudente de la cama.



—Sal de ahí. Si ya se te pasó el enfado, come esto. Te prometí que si tomabas la medicina te daría carne rica como recompensa. Ven a buscarla.


Debido a que probablemente había pasado hambre a menudo en el pasado, el zorro siempre solía rendirse ante la comida. Adrian estaba seguro de que, por muy indignado que estuviera, esta vez también sucumbiría a la tentación.


Sin embargo, se equivocó. La bola de pelos ni siquiera miró el plato; soltó un pequeño resoplido, algo así como un "¡humph!", y se hundió aún más en las sombras sin el menor asomo de arrepentimiento.


Adrian apretó los labios. Nadie en el Imperio se había atrevido jamás a rechazar su favor de esa manera. Y ahora, esta bola de pelos estaba pisoteando su buena voluntad descaradamente. Era inaudito, pero curiosamente, no sentía rabia. Lo que sentía era una total sensación de impotencia.


—Todo era por tu bien. Tienes que tomar la medicina para que la herida sane rápido.


Intentó razonar con él, esperando pacientemente a que el pequeño rebelde saliera por su propio pie. Pero la criatura no se movió. Para Adrian era una necesidad médica, pero para el zorro, aquello había sido una traición monumental.


—Está bien. Me equivoqué.


¿Cuántas veces se había disculpado ya con este zorro? Su voz sonaba tan suave que a él mismo le resultaba extraña.


—Así que, ¿podrías salir ya?


No hubo respuesta bajo la cama. Adrian se agachó aún más, casi arrastrándose, y extendió el brazo hacia el fondo. Al acercar la mano, el zorro giró el cuerpo para evitarlo. No se rindió e intentó una vez más, esta vez con más cuidado, acariciando apenas la punta de la cola que asomaba. El cuerpo del animal se estremeció y ocultó la cola de inmediato bajo su vientre.


Era un rechazo absoluto.


Es una criatura realmente difícil. Muy difícil.


Al ver que no había señales de que el zorro fuera a perdonarlo, Adrian finalmente retiró la mano. Gastar más energía contra este pequeño testarudo era en vano; tenía una montaña de reuniones y asuntos de estado esperándolo. No podía dedicarle todo el día exclusivamente al zorro.


—Espero que el tiempo lo solucione.


Tras lanzar una última mirada al espacio sombrío bajo la cama, Adrian dio media vuelta y se marchó sin decir palabra. El sonido metálico de la puerta al cerrarse resonó en la estancia.


El zorro aguzó el oído, conteniendo incluso la respiración. Solo cuando los pasos de Adrian se alejaron por completo, soltó el aire que había estado reteniendo.


Humano malo. Cómo pudo hacerme algo así.


Se le calentaron los ojos por la sensación de injusticia y dolor. Se frotó la cara con las patas delanteras para secarse las lágrimas. Como su enfado no disminuía, se empujó aún más hacia el rincón más profundo bajo la cama.

¡Ja! No pienso salir nunca. Viviré aquí para siempre.


Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, el fuego de su furia se fue enfriando. Una vez que las llamas de la emoción se apagaron, el vacío fue ocupado por una soledad fría como la ceniza.


Con mucha cautela, el zorro asomó la cabeza. En la habitación vacía, sobre el suelo, descansaba el plato de carne. Aunque ya no soltaba vapor, su desarrollado olfato podía detectar el delicioso aroma incluso desde lejos.


...Igual no voy a comer.


El recuerdo seguía vivo. Recordaba perfectamente aquel sabor horrendo y amargo escondido tras el buen olor. Seguramente eso también tendría medicina.


Intentó mostrarse indiferente y giró la cabeza. Pero el aroma, una vez detectado, revoloteaba con insistencia alrededor de su nariz. Su instinto salvaje le susurró con fuerza: "Debes comer cuando puedes. Si pierdes esta oportunidad, no sabrás cuándo vendrá la próxima comida".


El orgullo y el instinto de supervivencia chocaron violentamente, pero finalmente ganó este último.


Salió arrastrándose con cuidado y rodeó el plato olfateando. No olía a medicina en absoluto. Tomó un trozo con la boca con cautela. En lugar de amargor, sintió el sabor intenso y el jugo de la carne. Aliviado, regresó rápidamente a su escondite bajo la cama con el botín. En la oscuridad, se escuchó el sonido de alguien masticando con ganas.


Tras devorar el primer trozo en un abrir y cerrar de ojos, se lamió los labios con pesar. La carne había desaparecido en un suspiro.


Quiero más…


Aún quedaban trozos en el plato. El olor se filtraba hasta la oscuridad, haciéndole cosquillas en la nariz.


Dicen que es un pecado desperdiciar la comida.


El traidor le caía mal, pero la comida no tenía la culpa. Así que esto era inevitable. Tras terminar de autojustificarse, el zorro volvió a asomar la cara. Tras vigilar los alrededores, se acercó al plato, atrapó otro trozo y regresó como un rayo a su sitio.


Después de repetir esta operación furtiva varias veces, su cautela se disipó. Al final, salió de debajo de la cama sin esconderse para disfrutar de la carne con calma. Finalmente, hasta el último trozo desapareció en su vientre y el plato quedó impecable.


En ese momento, una satisfactoria sensación de saciedad lo embargó. Se tumbó lánguidamente en el suelo con su barriguita abultada. Por supuesto, su enfado con el Emperador no se había evaporado del todo, pero con el estómago lleno, la tristeza ya no parecía el fin del mundo.


Se lamió la cara meticulosamente con las patas, como si se lavara. Una vez que se limpió los restos de grasa, un sueño pesado lo invadió.


Tras dar un par de cabezadas, empezó a buscar un lugar cómodo. El suelo estaba demasiado frío y el sofá quedaba lejos. Trepó torpemente a la cama y, sin darse cuenta, se acurrucó en el lugar donde el aroma de Adrian era más intenso.


Olvidando su resentimiento hacia el hombre, cayó en un dulce sueño.


༺♡༻



Mientras tanto, en la sala de reuniones del Palacio Imperial, se libraba una guerra de otra naturaleza.


Los altos nobles que dirigían el Imperio estaban sentados alrededor de una enorme mesa circular, en medio de un debate encendido.


—La aparición de bestias mágicas en toda la región oriental está aumentando drásticamente. Por si fuera poco, las sucesivas malas cosechas han hecho que el sentimiento público sea extremadamente volátil. Las quejas brotan de todas partes. Si la Familia Imperial otorgara un apoyo financiero de emergencia, sería de gran ayuda para controlar esta crisis.


Tan pronto como terminó la ferviente súplica del Duque Eisen, el Marqués Valerius, de cabello canoso, sacudió la cabeza con expresión de desagrado.


—He oído que solo son unas pocas bestias y que la Familia Imperial ya liberó granos de socorro exclusivamente para el Este el año pasado. ¿Realmente es necesario el apoyo imperial? Creo que un problema de esa magnitud podría resolverse con la fuerza militar y las finanzas propias del Este.


—El Marqués solo permanece en la capital, por lo que no conoce bien la situación oriental. La realidad no es tan simple. Es un momento en el que el apoyo imperial es desesperadamente necesario. ¡Si eso no es posible, al menos permítanos recaudar más impuestos de los plebeyos!


Ante su voz desesperada, la sala de reuniones se sumió en un breve silencio hasta que un Vizconde intervino.


—Tengo entendido que los impuestos en el Este ya son mucho más altos que en otras regiones. Con los daños de las bestias y las malas cosechas, si encima suben los impuestos... ¿creen que la gente del Este se quedará de brazos cruzados?


—¡Eso es...!


El Duque guardó silencio sin poder terminar la frase. El señalamiento del Vizconde había dado en el clavo. Él también sabía lo peligroso que era exigirle más a un pueblo que ya había llegado a su límite.


En ese momento, el Conde Lucadel, que había permanecido en silencio hasta entonces, habló con calma.


—En ese caso, ¿qué tal si discutimos una nueva reforma fiscal?


La propuesta causó un murmullo en la sala.


—Actualmente, no solo el Este, sino también los habitantes del Norte pasan hambre debido al clima. Incluso en el Norte abundan las bestias mágicas, mucho más numerosas y fuertes que en cualquier otro lugar. En esta situación, no podemos recaudar más impuestos de los plebeyos comunes. En su lugar, debemos ampliar los impuestos a los nobles que poseen grandes extensiones de tierra.


—¿Cobrar impuestos a los nobles? ¡Eso es sacudir los cimientos mismos del Imperio! ¡Incluso el difunto Emperador dijo que las propiedades de la nobleza son sacrosantas e inviolables!


Ante esa afirmación, el Marqués, que hasta hace un momento discrepaba con el Duque, le gritó al Conde. Lucadel refutó con serenidad:

—El Imperio está a punto de colapsar por aferrarse solo a la tradición. ¿Acaso recobrarán el sentido cuando las bestias ataquen las puertas del palacio y todo el pueblo sufra la hambruna?


—¡Si la tradición cae, el Imperio también caerá!


—Entonces, ¿está diciendo que no le importa que el pueblo muera así como así?


—Si es algo que se solucionaría con el apoyo de la Familia Imperial, ¿por qué deberíamos cargar nosotros con el peso solo por tener tierras? ¡Si es así, ampliemos los impuestos también a los nuevos nobles! ¿No son ellos los que están ganando grandes sumas de dinero con sus recientes negocios?


Al oír eso, los nuevos nobles, que estaban observando la pelea como quien mira un incendio desde la otra orilla del río, se levantaron indignados.


—¿Qué dice? ¡¿Por qué nos mete a nosotros de repente?!


La sala de reuniones se dividió instantáneamente entre la vieja nobleza, la nueva nobleza y la facción neutral. Voces exaltadas iban y venían, e incluso volaban fajos de documentos, pero el Emperador, en el asiento de honor, no se inmutaba.


Todos pensaban que el Emperador observaba el feroz debate, sumido en sus pensamientos para tomar la decisión más sabia.


Sin embargo, en ese preciso instante, la mente de Adrian estaba llena de un pensamiento completamente distinto.


... ¿Seguirá todavía debajo de la cama?




 

Comentarios

✨ Sweet Sparkles ✨

🍊 Traducciones sin fines de lucro ✨
📚 Traducciones BL Y Isekai
🌙 Actualizaciones constantes


✨ Historias que brillan con magia ✨

🌸 ✨ 🍊 💫 💖