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Capítulo #21 "Un Día, Me Encontré Con Un Zorro"

 


Capítulo 21


Adrian apoyó por un momento al zorro sobre el sofá. Tan pronto como perdió su contacto, el pequeño intentó aferrarse a su brazo de nuevo, luciendo ansioso.



—Quédate quieto. Tengo que secar tu pelo para que no te resfríes.



Ante esas palabras, el zorro dejó de gemir y se sentó dócilmente. Adrian comenzó a limpiar el pelaje húmedo y frío con una toalla tibia. Sus movimientos eran algo torpes, pero sumamente delicados; incluso contenía la respiración para no asustar al pequeño cuerpo.



A medida que el pelo se secaba, la tensión del zorro desapareció y su cuerpo se relajó por completo. Empezó a cabecear, agotado tras haber corrido y jugado tanto. Adrian lo tomó de nuevo y lo recostó sobre su regazo.



—Kuuu...



Con un sonido de satisfacción que escapó de sus sueños, el zorro frotó su mejilla contra el muslo de él y se hundió en un sueño profundo.



Mientras Adrian le daba palmaditas en la espalda para que durmiera tranquilo, su mirada cayó en la pequeña pata delantera encogida sobre su rodilla. El vendaje improvisado estaba sucio y desordenado tras haberse mojado y secado. Era evidente que dejarlo así sería malo para la herida.



Abrió el botiquín que había traído la sirvienta y sacó vendas, desinfectante y tijeras médicas. Tras confirmar que el zorro dormía profundamente, comenzó a cortar con cuidado la venda vieja. Al caer los trozos de tela húmeda, la pequeña pata herida quedó finalmente al descubierto.



—¿...?



Las cejas de Adrian se alzaron con extrañeza. Lo que vio era totalmente distinto a lo que esperaba. En lugar de una herida profunda, el lugar estaba casi completamente cerrado. El estado de recuperación parecía el de alguien que hubiera pasado semanas sanando, no solo cuatro días.



La herida había sido grave; incluso el médico dijo que tardaría al menos dos semanas en cerrar. ¿Cómo podía estar así en tan poco tiempo? Incrédulo, Adrian acarició ligeramente la pata con la punta de sus dedos. El zorro solo encogió los dedos en sueños, como si sintiera cosquillas.



Era extraño. ¿Podía sanar tan rápido? Volvió a observar la pata con detenimiento. Casi no parecía la misma herida severa de hace unos días. Luego, miró la banda adhesiva en su propia mano; aunque su capacidad de recuperación era superior a la de la gente común, la mordida del zorro aún no sanaba del todo.



Sin embargo, la pata del zorro estaba casi intacta. Incluso para alguien con gran vitalidad, esto superaba cualquier lógica. Observó de nuevo su apariencia: un cuerpo pequeño, pelaje negro azabache y la punta de la cola blanca que, al mirar de cerca, emitía un brillo tenue y místico.



—No es un zorro negro común…



Había algo extraordinario en él. Adrian hundió su mirada dorada en el pequeño ser. Pensó por un momento en llamar al mago más importante del imperio, pero descartó la idea de inmediato. No quería que trataran al zorro como un espécimen de laboratorio. No podía traicionar esa confianza pura.



Decidió que, si sanaba rápido, era algo bueno. Aplicó una fina capa de ungüento y puso una venda nueva. El pequeño seguía respirando rítmicamente, ajeno a todo.



La paz no duró mucho. Con un par de golpes en la puerta, Kael entró en la habitación.



—Soberano, el sacerdote ha llega... ¡Santo cielo! ¡Señor, ¿qué le pasó a su ropa?!



Kael se quedó sin palabras al ver la camisa arruinada con lodo. Adrian frunció el ceño cuando, debido al escándalo, el zorro se removió un poco. Instintivamente, él le dio palmaditas en la espalda.



—Cállate. Lo vas a despertar.



Ante la gélida advertencia, Kael cerró la boca de inmediato.



—El sacerdote Theodore está esperando en la sala de audiencias —susurró Kael, bajando la voz.



Al escuchar "sacerdote", Adrian frunció el entrecejo. Lo había olvidado. Hoy era el día de su tratamiento regular para el insomnio crónico. Como los fármacos no funcionaban, recurría al poder sagrado para obtener algo de estabilidad.



Adrian miró hacia abajo. Para ir a ver al sacerdote, tendría que apartar al zorro. Deslizó sus manos bajo el cuerpo del animal con extrema cautela.



—Mmm... —el zorro soltó un pequeño quejido y Adrian se congeló, conteniendo el aliento.



Lo intentó de nuevo, pero justo cuando estaba por dejarlo en el sofá, él soltó un débil lamento que le apretó el corazón. Finalmente, desistió y lo devolvió a su regazo. Al sentir el calor familiar, el zorro exhaló satisfecho.



—Cancela la cita de hoy —ordenó Adrian.



—¿Qué? Pero señor, su cuerpo no aguantará. Además, el sacerdote tardó tres días en llegar...



—¿Acaso estás sordo? Dije que la canceles. Dile al sacerdote que he estado durmiendo bien y no necesito el tratamiento. Como disculpa, diles que aumentaré el apoyo financiero para el templo.



Kael lo miró horrorizado. La salud del emperador era el destino del imperio. No entendía cómo el soberano, que siempre decía que criar a alguien era demasiado "molesto", ahora rechazaba una bendición sagrada solo para no despertar a un animal.



Al mirar al zorro ocupando el regazo imperial, Kael recordó el rumor que empezaba a circular por el palacio: "El emperador ha sido hechizado por una criatura mística".



—Rrrrrrrr



Los ojos de Eunseok se abrieron de golpe al oír la alarma. Levantó la cabeza con un jadeo y vio que el reloj marcaba las 7 de la mañana.


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