Capítulo #22 "Un Día, Me Encontré Con Un Zorro"
Las criadas murmuraban mientras tendían la ropa y los sirvientes susurraban al pasar por los pasillos. Incluso los nobles habían comenzado a hablar con cautela.
¿Sería posible que ese zorro fuera una criatura malvada... es decir, una bestia mágica?
No podía ser. Solo había que ver su aspecto pequeño y tierno: orejas puntiagudas, ojos redondos y una cola esponjosa. Era un zorro. Aunque el color de su pelo fuera distinto al de los demás, definitivamente era un zorro.
Kael sabía muy bien cómo lucían las bestias mágicas. En su infancia, había seguido al emperador en varias expediciones de caza de bestias. Aunque sus habilidades con la espada eran mediocres y solo servía para cargar equipaje o limpiar cadáveres, gracias a eso tuvo muchas oportunidades de verlas de cerca.
Todas eran espantosas: lobos gigantes con seis ojos rojos, serpientes que llevaban cabezas humanas colgando del cuello, o ciempiés enormes que escupían humo venenoso. Eran seres horribles, asquerosos y repugnantes, capaces de provocar pesadillas con solo mirarlos.
Sin embargo, el pequeño animal frente al emperador era todo lo contrario: menudo, lindo y adorable.
—...No, tacho lo de "adorable" —pensó Kael.
Al recordar cómo el zorro le había mordido la pierna sin piedad, borró esa palabra de su mente. Podía aceptar que era lindo, pero "adorable" no encajaba para nada con él. Al final, asintió con resignación. Sabía que, una vez que el emperador tomaba una decisión, sus súplicas no serían más que un eco vacío.
—...Haré lo que ordena.
Tras mostrar sus respetos al soberano, Kael echó un último vistazo al regazo del emperador antes de darse la vuelta. Esa pequeña bola de pelos dormía sin enterarse de nada. Se había convertido en un ser extraño, más importante que el destino del imperio o la propia seguridad del emperador. Con el corazón confundido, Kael cerró la puerta en silencio y salió.
Al entrar en la sala de audiencias, vio al sacerdote Theodore. Estaba de pie junto a una alta ventana de arco, mirando hacia los jardines del palacio. El hombre de cabello plateado, vestido con una sencilla túnica blanca, emanaba una calma imponente.
Al oír los pasos, Theodore giró la cabeza. Al ver a Kael entrar solo, una chispa de duda cruzó sus ojos grises.
—Sir Kael. ¿Y su majestad el emperador...?
—Sacerdote Theodore, lamento haberlo hecho esperar. Me temo que tendremos que cancelar el tratamiento programado para hoy.
Theodore frunció ligeramente el entrecejo ante esas palabras.
—¿Acaso su majestad se siente muy mal?
—No, de hecho... es todo lo contrario. Su majestad dice que su insomnio ha mejorado desde hace unos días y que ya no necesita el tratamiento.
Theodore se quedó en silencio. Kael se sintió incómodo bajo esa mirada. Era difícil decirle a un sacerdote que había viajado desde tan lejos que la cita se cancelaba de repente, especialmente a alguien que estaba en la mira para ser el próximo Papa.
—Por supuesto, su majestad lamenta profundamente cancelar de esta forma y ha expresado su deseo de realizar una donación adicional al fondo de reconstrucción del templo.
Una sonrisa lenta y considerada apareció en los labios de Theodore.
—Siempre agradezco la generosidad de su majestad.
Kael suspiró aliviado al ver una reacción más calmada de lo esperado. Otros clérigos habrían protestado, pero él no se enojó.
—Sin embargo, es una noticia sorprendente. Que el insomnio que ha atormentado a su majestad por años mejore de forma tan repentina... es casi un milagro.
—Bueno... han pasado pocos días, así que es pronto para decir que está curado del todo. No sabemos cuándo podría volver a empeorar.
—¿Es así? Entonces tendré que rezar con todo mi corazón para que eso no ocurra. —La calidez de Theodore conmovió a Kael. Ningún clérigo anterior, ni siquiera el Papa, había sido tan amable con la familia imperial.
—Pero... —comenzó Theodore lentamente—. Si no es mucha molestia, ¿podría preguntar desde cuándo comenzó su majestad a dormir mejor?
—Ah, no sé el momento exacto, pero creo que fue hace unos tres o cuatro días.
—Hace cuatro días... —murmuró Theodore. Era interesante. ¿Cómo era posible que alguien que no dormía ni dos horas al día durante años, de pronto cayera en un sueño profundo?
—¿Ha habido algún cambio especial alrededor de su majestad últimamente? Algún objeto nuevo en el palacio, o alguna visita... cualquier detalle, por pequeño que sea. Como alguien que ha rezado por su paz durante mucho tiempo, me gustaría conocer el origen de este milagro.
En ese momento, la imagen del zorro cruzó la mente de Kael como un relámpago. Todo empezó el día que el emperador recogió a ese extraño zorro en el coto de caza. Pero no se atrevió a decirlo. Si decía que el insomnio crónico del imperio se curó gracias a un animal, lo tratarían de loco.
—...No ha pasado nada especial.
—Ya veo. —Theodore no insistió, pero su mirada tranquila parecía atravesar a Kael. Este comenzó a sudar frío y, sin darse cuenta, empezó a tartamudear.
—Ah, bueno... si nos ponemos estrictos, hubo algo muy insignificante... Su majestad adoptó una mascota recientemente.
—¿Una mascota? —Theodore alzó una ceja con curiosidad. ¿Adrian Albrecht con una mascota? ¿Él, que odiaba incluso a los niños?
—Sí. Parece un zorro negro. Lo encontró por casualidad en el coto de caza.
Kael quiso enfatizar que era "solo un zorro normal", pero sintió que cuanto más hablaba, más sonaba a excusa, así que se calló.
—Un zorro negro... —susurró Theodore. Se quedó pensativo un momento y luego añadió—: Qué historia tan interesante. Que un animal salvaje traiga consuelo al corazón agotado de su majestad... también podría ser una bendición divina.
—Jajaja, bueno... no sé si llamarlo consuelo... más bien parece que su majestad se esfuerza más cuidándolo. No es un animal muy listo que digamos —añadió Kael con una risa nerviosa.
—Cada criatura tiene su propósito. Espero que ese pequeño ser viva sano y por mucho tiempo al lado de su majestad. —Theodore hizo una pausa, como si dudara—. Si le parece bien, ¿podría darle una pequeña bendición a ese animal? Para que, bajo la protección de Dios, viva mucho tiempo sin enfermedades.
—¿Qué? —exclamó Kael sorprendido—. ¿Una bendición? ¿A ese zorro? ¿A un simple animal?
Kael se lo pensó y respondió con cautela:
—Ah, le agradezco mucho el gesto, pero ese pequeño es muy esquivo. No deja que nadie se le acerque excepto el emperador. Si ve a un sacerdote, probablemente se asustará y se esconderá.
"Si solo se escondiera, estaría bien. El problema es que podría morderlo", pensó Kael aterrado. Si el zorro mordía al sacerdote, la relación con el templo se arruinaría. Era mejor que no se vieran.
—Entiendo. Es una lástima. —Theodore no insistió más y asintió con una sonrisa amable—. Está bien, entonces me retiraré. Pero como no sabemos cuándo podría volver el insomnio, me quedaré en la capital unos días. Si necesitan mi ayuda, no duden en enviar a alguien.
Theodore se despidió formalmente y salió de la sala. Kael se quedó allí solo un buen rato. Lo que quedó tras la partida del sacerdote fue una inquietud que no podía explicar. ¿Había sido simple amabilidad o había algo más? Sintió que acababa de decir algo de lo que se arrepentiría.
༺♡༻
Habían pasado varios días desde que el emperador trajo al zorro. La herida del animal ya había sanado lo suficiente como para quitarle las vendas.
El veterinario encargado se maravilló por la velocidad de curación, pero nadie más le dio importancia. Todos pensaban que, con las mejores medicinas y comida del imperio, era normal que sanara rápido.
Sin embargo, algo era extraño. Aunque su cuerpo mejoraba, el zorro parecía perder energía día tras día.
Especialmente por las mañanas. Incluso cuando Adrian despertaba, se lavaba y se vestía, o cuando las criadas traían el desayuno, el zorro no hacía ni el más mínimo movimiento.
✧・゚: 𝓐𝓷𝓽𝓮𝓻𝓲𝓸𝓻 | 𝓢𝓲𝓰𝓾𝓲𝓮𝓷𝓽𝓮 :・゚✧

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