Capítulo #3 "Un Día, Me Encontré Con Un Zorro"
Capítulo 3
El zorro puso sus últimas fuerzas en sus patas traseras. Su cuerpo se catapultó hacia arriba. Sus pequeños colmillos destellaron dentro de su boca abierta hacia la mano de Kael y se clavaron en el dorso de la misma.
—¡Aaagh!
Ante el contraataque inesperado, mientras Kael bajaba la guardia, el zorro no perdió la oportunidad y cambió de dirección. Su objetivo era uno solo: la entrada de la tienda por donde se filtraba una tenue luz. Sin embargo, Necro bloqueó el paso.
—A dónde crees que vas.
El zorro, aterrorizado, intentó girar bruscamente, pero su cuerpo chocó contra la mesa que estaba al lado.
{—¡Wajanchang!}
Las herramientas de Necro, que estaban ordenadas sobre la mesa, se derramaron al suelo con un ruido estrepitoso.
—¡Este estúpido animal de mierda!
De la boca de Necro brotó, por primera vez, una voz mezclada con emociones. El zorro, aún más asustado por aquel grito, entró en pánico y revolvió el interior de la tienda yendo de un lado a otro hasta que encontró una rendija.
Esa rendija era extremadamente estrecha, insuficiente incluso para que entrara un niño, mucho menos un hombre adulto. Sin embargo, era suficiente para que pasara el pequeño cuerpo de un zorro. El zorro exprimió las fuerzas que le quedaban y lanzó su cuerpo a través de ese espacio.
¡Salió!
El zorro, que escapó de la tienda con todas sus fuerzas, no tuvo tiempo ni de dar un suspiro de alivio cuando se detuvo ante la escena que se extendía frente a sus ojos.
El exterior de la tienda estaba repleto de humanos. Los sirvientes estaban ocupados preparando la cena y los nobles descansaban mientras hablaban de los resultados de la caza.
—¡Allí está!
Cuando vacilaba sin saber hacia dónde huir, escuchó el grito urgente de Kael. El zorro, sobresaltado por el sonido de los pasos que lo perseguían, se metió sin rumbo entre la gente.
—¡Atrapen a ese tipo!
Ante el grito de Kael, los sirvientes que estaban cerca se lanzaron apresuradamente a detener al zorro sin siquiera saber el motivo. Adelante, atrás, a los lados. Al no tener lugar hacia donde huir mientras la gente lo perseguía por todas partes, el zorro saltó por lo pronto dentro de la tienda más cercana.
Ese lugar estaba lleno del aroma de cerdo entero bien asado, pan recién horneado y frutas fragantes. Parecía ser la tienda de cocina donde la preparación de la cena estaba en pleno apogeo. El zorro intentó esconder su cuerpo debajo de una enorme mesa, pero perdió el equilibrio debido a su pata herida y terminó cayendo mientras tiraba del mantel.
{—¡Urruru kuang! ¡Jjeng-grang!}
La vajilla de plata y las costosas botellas de vino que estaban sobre la mesa se derramaron al suelo. Junto con un agudo sonido de ruptura, el vino tinto salpicó por todas partes. Eso no fue todo. El grasoso cerdo asado rodó por el suelo de tierra, y las vistosas frutas se dispersaron por doquier siendo pisoteadas por los pies de la gente.
—¡No, el cerdo asado!
—¡Maldición! ¡¿Quién fue?!
Gritos mezclados con desesperación de los cocineros estallaron por doquier.
Cuando unos pocos que descubrieron al zorro tardíamente corrieron empuñando cuchillos afilados, el zorro asustado giró su cuerpo rápidamente y volvió a salir corriendo.
Pero para su mala suerte, el lugar que el zorro eligió esta vez fue la zona de las tiendas donde los nobles descansaban ociosamente.
—¡Kyaak! ¡¿Q-qué es eso?!
Las damas nobles que sostenían elegantemente sus tazas de té gritaron y subieron apresuradamente a sus sillas, y los perros de caza ladraron con ferocidad al oler a la bestia extraña. Ante ese ruido estrepitoso, uno de los corceles más grandes que estaba amarrado dócilmente rompió sus riendas y comenzó a encabritarse.
—¡Maldita sea, que alguien atrape a ese hijo de perra!
—¡Tranquilicen a los caballos! ¡Les van a dar una coz! (N/T: Una coz es el golpe o la patada violenta que dan los animales de cuatro patas)
—¡Allí! ¡El zorro huye hacia allá!
La situación se volvió incontrolable en un instante. El caballo que corría desbocado chocó contra las tiendas y atravesó a la gente a una velocidad aterradora, convirtiendo todo el campamento en un caos absoluto.
En ese momento, un joven noble de espíritu impetuoso dio un paso al frente con voz potente.
—¡Atrás todos! ¡Yo lo resolveré!
Él era un noble que estaba ansioso por no haber obtenido ningún resultado destacable en este concurso de caza. Juzgó que si calmaba este disturbio, recibiría toda la atención de la gente.
Cuando los nobles de alrededor le abrieron paso apresuradamente, él avanzó con aire triunfal. Con un movimiento diestro levantó su arco, apuntando la punta de la flecha hacia el zorro.
Kael, que venía persiguiendo al zorro empapado en sudor, se puso pálido en cuanto vio esa escena.
—¡Ese estúpido!
Intentar disparar y matar por cuenta propia a la bestia que el emperador había traído. Dejando de lado el problema de dañar al animal que iba a ser disecado, era inaudito que un simple noble pusiera las manos sobre una presa del emperador.
—¡Detente!
Kael extendió la mano con urgencia para detenerlo, pero ya era tarde.
Con un sonido de {—ping}, la flecha dejó la cuerda. El zorro, que descubrió la flecha tardíamente, intentó esquivarla apresuradamente, pero con su pata herida no pudo superar la velocidad de la flecha que volaba hacia él.
“¿Moriré así?”
En sus ojos azules se reflejó tal cual la flecha que volaba hacia él. Fue en ese preciso momento en que pensó que todo había terminado.
Otra flecha que voló desde alguna parte atravesó con precisión la flecha que volaba hacia el zorro. {—¡Pak!} Con ese sonido, las dos flechas se rompieron en pedazos y cayeron sin fuerzas al suelo.
—¡Quién diablos…!
El joven noble miró con furia hacia la dirección de donde voló la flecha. Sin embargo, en el momento en que confirmó a la persona que estaba allí de pie, la irritación desapareció de su rostro en un instante, perdió el color y las palabras que estaba por soltar quedaron tragadas en lo profundo de su garganta.
—¡Ma… Majestad!
Allí estaba Adrian de pie sosteniendo un arco. Estaba de camino de regreso tras terminar la caza.
Él recorrió lentamente los alrededores con la mirada.
El campamento convertido en un caos, los nobles desconcertados, los caballeros ocupados tratando de calmar a los perros de caza y caballos excitados. En el centro de toda esa confusión estaba el pequeño zorro que él había encargado por un momento. El zorro, sentado en el suelo con un aspecto desastroso y apenas conservando el aliento, se veía sumamente lastimero. Si hubiera llegado un poco más tarde, esta vez realmente podría haber muerto.
Finalmente, su mirada se desplazó lentamente hacia Kael, que estaba parado aturdido a un lado.
—Explícate.
Una voz fría como una placa de hielo resonó en el campamento. La gélida autoridad e ira contenidas en ella fueron suficientes para silenciar todo ruido. La gente guardó silencio como si lo hubieran prometido e incluso los animales excitados se calmaron al notar el humor de su dueño.
Kael, con el rostro cadavérico, inclinó la cintura.
—¡Ma, Majestad! Tal como dijo Vuestra Majestad, intenté di, disecar al zorro y….
—¿Disecar?
Adrian preguntó de vuelta con voz baja.
—¿Quién te dio a ti el derecho de disponer de lo mío a tu antojo?
Una ira gélida se reflejó en los ojos dorados de Adrian. Kael tartamudeó como si estuviera desconcertado por las palabras del emperador.
—Pe, pero Vuestra Majestad claramente di, dijo que lo disecara….
—Cuándo lo hice.
—¿Perdón?
—Te pregunto cuándo te dije que disecaras a ese zorro.
—E-eso es….
Kael dejó la frase en el aire.
Pensándolo bien, el emperador dijo que le encargaba ese zorro, pero nunca dio la instrucción directa de disecarlo. Fue un acto llevado a cabo totalmente por suposiciones.
—Kael. No sabía que podías ser tan incompetente.
En su expresión se mezclaba la decepción por el hecho de que su jefe de asesores en quien confiaba hubiera cometido un error tan estúpido, y la ira de que su caprichosa piedad fuera pisoteada por un malentendido insignificante.
Kael, intimidado por esa ira, no se atrevió ni siquiera a dar una excusa.
Sinceramente, se sentía injusto. Fue el emperador quien le encargó una bestia herida sin ninguna explicación y se marchó. Si se lo hubiera dicho correctamente desde el principio, no habría ocurrido este disturbio. Pero como era evidente que sufriría una ira mayor si abría la boca en vano, eligió el silencio.
Adrian miró a Kael una vez y se puso en marcha. Pasó de largo al joven noble que se había quedado petrificado como una estatua y se dirigió hacia el ser vivo que estaba en el centro del alboroto. Y frente a él, hincó una rodilla.
Se escuchó el sonido de alguien conteniendo el aliento.
—Vua, Vuestra Majestad está….
Ante la escena sin precedentes del emperador arrodillándose ante una criatura insignificante, todos a su alrededor se agitaron. Adrian, sin importarle esas miradas, se quitó el guante y extendió su mano desnuda hacia el zorro que jadeaba con dificultad.
—{—Grrr….}
El zorro gruñó bajo con todo su pelaje erizado. Era una clara advertencia de que no se acercara más.
Para Adrian esa acción no se sintió tan amenazante, pero sin tocarlo precipitadamente, detuvo su mano frente a la pequeña nariz del zorro.
El zorro observó el rostro de Adrian con sus pupilas contraídas. La excitación y el temor que recorrían todo su cuerpo nublaban su visión y no podía ver bien su rostro.
Tras dudar un momento mientras jadeaba con rudeza, el zorro asomó con cuidado su nariz negra.
{—Kkung-kkung}.
La nariz se movió ferozmente.
¡Es esa persona! El zorro, al darse cuenta de que era la persona que lo había rescatado de la trampa, puso sus ojos redondos y comenzó a gemir. Era un gesto lastimero que parecía un reproche por haber tardado tanto, o una señal de alegría.
—Lo siento.
Adrian se disculpó y tomó al zorro en sus brazos. El pequeño ser vivo se entregó a sus brazos sin resistencia.
Cuando él se levantó sosteniendo al zorro y se dio la vuelta, los nobles lo miraban con ojos donde se mezclaba la curiosidad y el asombro. Detrás de ellos, el campamento convertido en un desastre entraba en su campo de visión de un solo vistazo.
Tiendas derrumbadas, utensilios de cocina y comida desparramados por el suelo…. En este estado, parecía difícil continuar con el concurso de caza.
La mirada de Adrian se dirigió a Kael.
—Llama a un veterinario ahora mismo. Y, con esto, damos por finalizado el concurso de caza de este año.
El emperador declaró unilateralmente el fin del concurso y abandonó el lugar. El concurso terminó sin previo aviso ni consulta, pero nadie podía presentar una objeción ante el poder absoluto del imperio.
Simplemente lo observaban aturdidos. La figura del emperador que comandaba todo el continente, caminando tranquilamente mientras abrazaba con cuidado a una pequeña y diminuta bestia.

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