Capítulo #56 "Pheromone Obsession"
Han Jaehee le había pedido a Woojeong que le informara su hora estimada de llegada, por lo que ya se encontraba afuera esperándolo frente a la casa. Woojeong bajó de prisa del taxi y se dirigió hacia ella.
—Bienvenido, Woojeong-ssi.
Sentada en su silla de ruedas, le tendió la mano a Woojeong. Su semblante lucía un poco más relajado en comparación a cuando lo visitó en la Residencia Snow Reflection.
—Hola.
Woojeong le tomó la mano y la saludó.
El lugar al que habían llegado era un pueblo rural, pacífico y de una calma absoluta. La casa donde habitaba Han Jaehee era una vivienda unifamiliar que armonizaba a la perfección con el paisaje. En el patio delantero había un pequeño arriate de flores y un huerto, y la estructura misma de la propiedad permitía que una silla de ruedas se desplazara con total comodidad por doquier.
—¿Fue muy difícil el viaje para llegar hasta acá?
—No.
Han Jaehee reaccionó con total naturalidad en lugar de mostrarse sorprendida por la inesperada visita de Woojeong.
—Vaya, qué cabeza la mía, mírame nada más. Entra rápido, por favor. Primero te mostraré la casa.
Han Jaehee guió a Woojeong al interior. La vivienda, donde la sala de estar y el taller estaban meticulosamente dispuestos, se podía recorrer con la mirada tras dar apenas unos cuantos pasos. Debido al pacífico escenario que se contemplaba más allá de la ventana, el sitio se sentía sumamente acogedor.
—Ya que venías en camino, estaba preparando la cena, pero antes de eso, ¿qué tal una taza de té? Por favor, tráiganos un poco de té tibio.
Al percatarse de que Woojeong lucía bastante más desanimado que de costumbre, Han Jaehee elevó su tono de voz para sonar más animada. En la sala de estar, en lugar de un sofá, había una mesa larga y robusta. Cuando la empleada trajo el té desde la cocina, Han Jaehee lo recibió y colocó la taza de manera directa frente a Woojeong.
—De todos modos quería invitarte alguna vez, así que te agradezco que hayas venido de esta manera primero. Hoy descansemos y mañana vayamos los dos a tomar un poco de aire fresco al valle.
Han Jaehee, quien se esforzaba por aligerar el ambiente, habló con una sonrisa deliberadamente brillante; sin embargo, Woojeong carecía de las fuerzas necesarias para corresponder a su empeño.
—Si me permite quedarme solo una noche, me marcharé mañana.
—Cielo santo, ¿por qué?
—Creo que no es correcto causarle molestias, noona.
Woojeong ya se arrepentía de haber viajado hasta allí. Sentía el pecho oprimido porque le parecía que había arrastrado a Han Jaehee, quien no tenía nada que ver en el asunto, al centro de sus propios problemas sin una buena razón.
—Esas palabras no significan que pienses regresar a la Residencia Snow Reflection, ¿verdad?
Ante la interrogante de Han Jaehee, Woojeong bajó la mirada en silencio. Como si esa reacción bastara para sustituir cualquier respuesta, la voz de Han Jaehee adquirió un tinte de urgencia.
—Woojeong-ssi. De verdad no le he dicho nada a Jaegang. Tampoco tengo la menor intención de hacerlo. Así que solo haz de cuenta que viniste a visitar a una hermana mayor que conoces y descansa aunque sea unos días antes de irte.
—Le agradezco que lo diga, pero estoy bien.
—No puedo dejar ir así como así a un invitado que ha venido a mi casa.
Han Jaehee sujetó con firmeza la mano de Woojeong y le dirigió una mirada suplicante.
Woojeong se había demacrado tanto como alguien que hubiera padecido una larga enfermedad; había perdido aquel semblante con el que solía sonreír y lucir cómodo cuando coincidían en la Residencia Snow Reflection.
Tras persuadirlo durante un buen rato y conseguir la promesa de que se quedaría por unos días, Han Jaehee sugirió que cenaran primero.
—Nuestra empleada tiene unas manos excelentes para la cocina. Vamos adentro.
Han Jaehee le sirvió a Woojeong un poco del estofado de pollo que siempre preparaba cada vez que Han Jaegang iba a visitarla. Ella misma desmenuzó la carne suavemente cocida y le sirvió un tazón del sustancioso caldo, pero Woojeong no fue capaz de comer adecuadamente. Solo probó un poco de la espesa avena de arroz y dejó de lado la cuchara.
—¿Quieres ir a descansar temprano hoy?
—… Sí.
Ella sentía una enorme curiosidad por saber qué había sucedido, pero por el momento consideró que lo primordial era dejar que Woojeong descansara. Pensó que, si había problemas de por medio, ya habría tiempo de escucharlos con calma más adelante.
Woojeong, instalado en la habitación de huéspedes, apagó las luces temprano. Apoyó la espalda contra la cabecera de la cama y encendió la pantalla de su teléfono, el cual tenía el timbre desactivado. Había varias llamadas perdidas y notificaciones de mensajes pero, en lugar de revisarlos, Woojeong se quedó contemplando una única fotografía guardada.
El cielo teñido de múltiples colores lucía hermoso, pero el enfoque de la foto estaba en otra parte. Woojeong no podía apartar los ojos de la figura que permanecía de pie, con los brazos cruzados, a un costado del jardín. A pesar de que habían compartido una gran cantidad de tiempo juntos, esa era la única fotografía de Han Jaegang que Woojeong poseía.
Woojeong deslizó en silencio sus dedos sobre la silueta de la imagen, pero de pronto dejó caer el teléfono.
—……
Cuando el dolor comenzó a extenderse de nuevo en su vientre, Woojeong abrió su mochila a toda prisa. Extrajo el cárdigan de Han Jaegang, lo abrazó con fuerza contra su pecho y hundió el rostro en el tejido. El aroma familiar hizo que le dieran intensas ganas de llorar.
****
Incluso después de que Woojeong abandonó la casa, Han Jaegang permaneció inmóvil en el mismo sitio. La puerta cerrada no se movió en lo absoluto, como si se burlara de él por albergar la esperanza de que pudiera regresar.
«… De ahora en adelante, no vuelva a llamar mi nombre con tanta ternura».
La voz temblorosa que pronunció aquellas palabras con los ojos inundados de lágrimas no se apartaba de su mente. Han Jaegang, de pie mientras rumiaba ese recuerdo, levantó la cabeza.
Incluso si Woojeong así lo deseaba, no podía permitir que se marchara solo en ese estado físico. Han Jaegang se disponía a salir con la firme idea de traerlo de vuelta como fuera.
—Ugh…
Han Jaegang dejó escapar un breve gemido y se presionó con fuerza el lado izquierdo del pecho. Sintió como si algo se desgarrara en el interior de su caja torácica. Con cada latido de su corazón, la agonía se propagaba por todo su cuerpo, cortándole la respiración.
Se tambaleó y a duras penas logró sujetarse del respaldo del sofá, mientras extraía el teléfono con mano temblorosa. Tan pronto como la señal de llamada conectó, la voz de Joo Yeongmo se escuchó del otro lado.
[—Sí, Director Ejecutivo.]
—… Lee Woojeong acaba de irse de la casa. Pon a alguien a seguirlo de inmediato.
[—¿Sí?]
—Diles que lo sigan discretamente. Asegúrate de que Lee Woojeong no se dé cuenta.
[—Entiendo por ahora. ¿Pero por qué se escucha así su voz? ¿Sucedió algo?]
Al percibir el extraño estado de Han Jaegang a través del receptor, Joo Yeongmo se limitó a decir que iría de inmediato y colgó.
Al parecer, la causa era lo que había ocurrido aquel amanecer. Han Jaegang se había despertado debido a un dolor torácico extremo. Después de un rato se apaciguó, pero luego los síntomas regresaron y, a pesar de que Kim Junghyun le suministró un tratamiento de emergencia, no hubo indicios de que fuera a calmarse con facilidad.
Cuando acudió de prisa al centro por la mañana y recibió atención, su estado pareció mejorar. Kim Junghyun le aconsejó que se hospitalizara por unos días para observar la evolución, pero Han Jaegang no dio su brazo a torcer en su insistencia de regresar a casa.
Pensó que, en lugar de perder el tiempo en el hospital dependiendo de medicamentos que no surtían efecto, sería mejor retener a Lee Woojeong y tomar una siesta. Han Jaegang se apresuró a volver a casa pensando únicamente en encontrarse con él.
Ese día, Woojeong, que salió y se sentó en el jardín, lucía diferente. Su rostro, sin rastro de una sonrisa, parecía ausente. Estaba justo en frente de él con la misma apariencia, la misma cara de siempre, pero algo se percibía seco y quebradizo, por lo que continuó contemplando su rostro.
En un momento dado, Woojeong liberó repentinamente densas feromonas. Su propio cuerpo, que no se encontraba normal, reaccionó con sensibilidad ante ellas. Han Jaegang inhaló sus feromonas sin pensarlo.
«… Entonces, ¿vamos adentro a tener relaciones? De esa manera, podrá absorber mis feromonas adecuadamente. ¿Esto es suficiente para hacerlo sentir mejor? ¿O necesita más?».
Era algo que jamás imaginó que saldría de la boca de Lee Woojeong. Las lágrimas se acumularon en los ojos de Woojeong mientras decía aquello.
«Director Ejecutivo, le duele el corazón, ¿no es así? Para mejorar, necesita feromonas de Omega, ¿no es verdad? Si se acuesta conmigo, realmente dejará de dolerle».
Nunca antes se había sentido tan conmocionado por nada. Han Jaegang, permaneciendo estupefacto, comprendió lo que se sentía cuando la gente decía que las palabras no eran suficientes.
¿Cómo demonios se había enterado? En medio de su pánico, su cabeza no funcionaba de forma adecuada. Su elocuencia, que siempre persuadía a los demás con lógica, ahora resultaba inútil.
«Usted dijo que le gustaba……»
Era la primera vez que Woojeong desbordaba sus emociones de esa manera. Su propia boca no se abría, por lo que no pudo ofrecer ninguna excusa ni consuelo. La voz de Woojeong raspaba dolorosamente en su pecho.
«… Por qué no me lo dijo con honestidad. Si lo hubiera hecho, yo habría hecho lo que usted hubiera querido…… Habría pensado que era un alivio tener algo que pudiera darle……»
Woojeong siempre había expresado sus verdaderos sentimientos con total franqueza. Han Jaegang, quien había intentado mantenerlo a su lado mientras ocultaba los suyos en su interior, no pudo articular ninguna justificación.
Como si no tuviera nada más que agregar, Woojeong lo apartó y corrió hacia el interior de la casa. Al contemplar esa espalda, Han Jaegang comprendió con amargura que, por haber elegido un largo desvío en lugar del camino fácil, al final terminó lastimando a Lee Woojeong.
Mientras Woojeong permaneció encerrado dentro de la habitación, Han Jaegang montó guardia ante la puerta todo el tiempo. Sin embargo, la puerta, detrás de la cual el corazón de él se había clausurado, no mostró señales de abrirse.
A pesar de que solo había una única puerta entre los dos, sentía que se encontraba muy lejos de Woojeong. Su estado, que pareció estabilizarse brevemente, comenzó a deteriorarse con rapidez.
Han Jaegang, quien echó a Joo Yeongmo de la casa cuando este sugirió que debían llamar a un médico, resistió mientras ingería la medicina que le habían traído.
Cuando el efecto del fármaco atenuó el dolor y su conciencia se volvió difusa, le habló a Woojeong más allá de la puerta. A veces, su mente se nublaba tanto que ni siquiera sabía lo que estaba diciendo.
Aunque le hablaba y golpeaba la puerta, Woojeong no daba respuesta. Incapaz de hacer nada, liberó sus feromonas y permitió que fluyeran con más fuerza que nunca.
Deseaba de algún modo hacerle saber a Woojeong que estaba esperando afuera.
[—Ya reporté tu baja por enfermedad a la compañía. El Presidente debe de haber escuchado que no fuiste a trabajar.]
—De acuerdo.
[—Director Ejecutivo, necesitas ir al hospital. ¿Qué es lo que realmente planeas hacer así? ¿No estaría bien llevar a Lee Woojeong al hospital junto contigo?]
—Estoy bien, así que deja de preocuparte y maneja tus asuntos adecuadamente.
Tras finalizar la llamada, Han Jaegang sostuvo el teléfono en su mano y contempló los alrededores de la casa por un largo rato. Una enorme cantidad de dinero y esfuerzo se había invertido para transformar el primer piso, que se había dejado vacío durante mucho tiempo, en lo que era ahora. Gracias a eso, este lugar lucía en la actualidad como un verdadero hogar.
Mientras Woojeong permanecía allí, una agradable calidez perduraba en la casa. Para Han Jaegang, quien detestaba la sensación fría y silenciosa, y que en el pasado había despejado este sitio para mudarse a vivir en un pequeño espacio en el tercer piso, esa calidez se sentía extraña y especial.
Al principio, tras regresar del trabajo, el hecho de cenar con Woojeong o conversar con él, así como compartir una misma cama intercambiando el cálido calor corporal, le había resultado algo sumamente extraño. Solo después de acostumbrarse a dichos momentos, logró comprender finalmente las palabras de las personas que decían que volvían a casa después de trabajar para descansar.
El simple hecho de decorar un lugar para que luciera como un hogar no lo convertía en uno de verdad. Ahora que Woojeong había cerrado la puerta con llave y se ocultaba dentro de la habitación, este espacio, donde solía fluir la calidez, se había vuelto silencioso y desolado otra vez.
Woojeong resistió por días en el cuarto sin beber siquiera un sorbo de agua. Entonces, un amanecer, abrió repentinamente la puerta y salió. Corrió directo a la cocina, sacó los acompañamientos y comenzó a comer arroz de manera apresurada. La forma en que embutía el grano seco en un estómago que había permanecido vacío durante varios días lucía no solo preocupante, sino incluso peligrosa. Han Jaegang intentó persuadirlo con palabras suaves para que se sentara a comer bien, pero Woojeong lo miró con ojos llenos de resentimiento.
Tras dejar la cuchara y regresar a la habitación, Woojeong no tardó en salir de nuevo sosteniendo su mochila. Han Jaegang intentó detenerlo de alguna forma, pero Woojeong le apartó la mano, alegando que esa no era su propia casa. Convencido de que Han Jaegang lo retenía únicamente por su propia seguridad, Han Jaegang no intentó cambiar su decisión. Sus ojos, que en el pasado habían sido tiernos y afectuosos, ahora estaban colmados de recelo hacia él. Así fue como Woojeong se marchó, y solo Han Jaegang permaneció aquí solo.
«¿Estás manteniendo a Woojeong-ssi contigo ahora debido a tu problema de salud? No, creo que estás gravemente equivocado. Quizás otros no lo sepan, pero noona sí lo sabe. Cambiaste. Jamás en mi vida te he visto cuidar de alguien, atender a alguien o preocuparte por alguien de esta manera. ¿No es así?».
Las palabras de Han Jaehee vinieron de pronto a su mente junto con la silueta de Woojeong. Su rostro, que a veces salía al jardín para verificar si él estaba llegando; su rostro dormido a tempranas horas de la mañana; sus labios sonriendo mientras decía que estaba delicioso al cenar juntos; sus manos absortas en el trabajo tras llevar tareas a la galería… Cuando su propio cuerpo se encontraba indispuesto, la forma en que él venía a abrazarlo como si supiera que la estaba pasando mal destellaba ante sus ojos.
Lee Woojeong, quien solía decir que no tenía nada que ofrecer, le estaba entregando generosamente a Han Jaegang lo que nadie más había sido capaz de darle hasta ahora. Mientras él transformaba esta desolada Residencia Snow Reflection en un verdadero hogar, ¿qué demonios había estado haciendo él?
Han Jaegang respiró hondo y aguardó a que el dolor se estabilizara, pero al final no pudo soportarlo más y se desplomó en el sitio.
—Cielo santo. Director Ejecutivo, ¿por qué hace esto aquí? ¿Se siente mal en alguna parte?
La señora Kwak, que se disponía a ir desde su habitación hacia la sala de estar, divisó a Han Jaegang y se aproximó consternada. Él rechazó la mano con la que ella intentaba sostenerlo.
—…Estoy bien.
—¿De verdad está bien? Su semblante no luce nada bien… Por cierto, ¿a dónde fue Woojeong esta mañana? Su cuerpo no debería estar en un estado idóneo para salir.
La señora Kwak, que preguntó con cuidado mientras observaba el interior de la habitación de Woojeong, la cual se encontraba abierta de par en par, no obtuvo respuesta alguna por parte de Han Jaegang.
—Vaya a descansar.
Vacilando frente al encorvado Han Jaegang e incapaz de marcharse, la señora Kwak abrió la boca con cautela.
—Bueno, Director Ejecutivo. Pensé incontables veces sobre si debería decirle esto o no.
—¿Qué ocurre?
—Creo que necesito decírselo. Vi algo mientras limpiaba la habitación de Woojeong
La señora Kwak titubeó, pero no tardó en relatar lo que había sucedido.
Conforme escuchaba sus palabras en silencio, el rostro de Han Jaegang se fue endureciendo gradualmente. Apretó el puño.
—… Por lo tanto, creo que definitivamente debería comprobarlo.
Incluso antes de que ella terminara de hablar, Han Jaegang intentó levantarse a toda prisa, pero se detuvo en seco. Su corazón enfermo no pudo soportar el movimiento abrupto. Con un dolor que le hizo sentir que la respiración se le detendría, Han Jaegang se presionó el pecho.
—¡Director!
Han Jaegang cayó de rodillas, apenas sosteniéndose al apoyar las manos contra el suelo. Esa resistencia duró muy poco; entonces, su conciencia se disipó con rapidez y sus ojos se cerraron.
—¡Director! ¡Por favor, reaccione!
—Dile a Woojeong……
Han Jaegang, cuyos labios apenas se movieron, se desplomó por completo sobre el suelo de la sala de estar. Solo el llamado urgente de la señora Kwak resonó con eco en el interior de la Residencia Snow Reflection.

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